Alteraciones del sueño en TEA: ¿comorbilidad o característica?

Las alteraciones del ritmo circadiano afectarían a entre el 40 y el 80% de los niños con trastorno del espectro autista (TEA), según los datos de Gonzalo Pin Arboledas, pediatra de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón Salud-Valencia, que ha participado en el 63 Congreso Nacional de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente celebrado en Oviedo.

Una menor cantidad de melatonina nocturna, así como un trasfondo en las alteraciones del cortisol y de los denominados ‘genes reloj’ –que ayudan a la regulación del ritmo circadiano– sumados a una mayor sensibilidad de estos niños al ambiente -potencial desencadenante de ansiedad-, son el conglomerado de factores implicados en esta frecuente asociación.

En los niños con desarrollo estándar, los problemas del sueño mejoran, de forma espontánea, en un 52% de casos, hecho que sólo se produce en menos de un 8% de niños con TEA y parece que con una intensificación de los mismos con el paso del tiempo. “Una latencia de sueño más larga –les cuesta más dormirse–, mayor número de despertares nocturnos -además, de larga duración-, así como despertares precoces” son los principales problemas del sueño en estos niños, según Pin Arboledas, quien añade que también se notifica un mayor número de parasomnias y de incidencia del síndrome de piernas inquietas.

En estos momentos, los estudios más innovadores en este ámbito plantean y debaten si los trastornos del sueño son procesos comórbidos en el TEA o son parte del espectro, ya que se sabe que los trastornos del sueño empiezan a manifestarse, de manera coincidente, con los del desarrollo. Según los datos de trabajos retrospectivos, algunos niños ya presentan ciertas alteraciones -como sueño inquieto e interrumpido-desde que nacen, lo que podría ser “una alerta precoz de variaciones en el neurodesarrollo pero que aún no podemos diagnosticarlo”.

Mejoría de los síntomas

A pesar de que la interrelación entre las alteraciones del sueño en personas con TEA es un proceso que se ha empezado a estudiar en los últimos años, los profesionales sí conocen que una de sus principales características es la persistencia: se mantiene en la infancia, en la adolescencia y en la edad adulta. Este problema siempre ha quedado en un segundo plano, sobre todo porque las familias consideraban que era inherente al trastorno y porque los problemas añadidos que afectan a otras esferas de la vida ocasionan mayor preocupación.

Sin embargo, Pin Arboledas subraya que “la mejora del sueño, en líneas generales, se acompaña de un benefecio en la calidad de vida del niño y de su familia”. Destaca además que cuando el sueño es mejor, tanto en calidad como en cantidad, parece establecerse un avance en las manifestaciones propias del TEA: capacidad del lenguaje, disminución de conductas agresivas, aumento de las habilidades para el aprendizaje, entre otras, “relación lógica y coherente, ya que en un sueño de calidad se eliminan sustancias neurotóxicas”.

Aunque la piedra angular del tratamiento en estos niños es, según el pediatra, la administración de melatonina, y en casos indicados triptófano, “el abordaje siempre debe ser multifactorial, con ajustes en aquellos aspectos encargados de mejorar el sueño”.

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