Cómo la nutrición previa a la cirugía mejora los resultados

Aunque se suele entender por rehabilitación lo que viene después de la cirugía, desde el Grupo Español de Rehabilitación Multimodal (GERM) se está estudiando “mucho” la importancia en los resultados de que “los pacientes lleguen bien preparados a la cirugía”, es decir, de hacer hincapié en la fase de prehabilitación.

Esta fase, según explica Antonio Arroyo, jefe del Servicio de Cirugía General del Hospital Universitario de Elche y tesorero del GERM, tiene que ser trimodal: “Estamos generando evidencia sobre cómo la nutrición, el ejercicio y la preparación psicológica y cognitiva influyen en la pronta recuperación de los pacientes”.

Los programas de prehabilitación comienzan en el diagnóstico y permiten individualizar los protocolos

Considerando que los criterios de exclusión para que los pacientes se beneficien del modelo ERAS son cada vez más bajos -”diseñamos rehabilitaciones a la carta”, afirma Arroyo-, se ha incrementado el número de candidatos “que llegan debilitados y con comorbilidades”, lo que dificulta la recuperación.

“Si ante cualquier actividad es importante estar bien nutrido y preparado, ante una cirugía sucede lo mismo”. Por ello, la idea es “realizar un análisis nutricional y de masa muscular de los pacientes antes de la cirugía para saber si la prehabilitación que hacemos funciona”.

Así, los programas de prehabilitación comienzan en el momento del diagnóstico y permiten reconocer las necesidades individuales del paciente para optimizar su tratamiento antes, durante y después de la cirugía.

¿Cómo funcionan?

La prehabilitación se trata, como en todos los procesos ERAS, de abordajes multidisciplinares, donde intervienen anestesiología, cirugía, psiquiatría, rehabilitación, endocrinología y enfermería. El primer paso es la valoración del estado funcional, lo que se realiza “midiendo la distancia máxima que puede recorrer un paciente andando de un lado a otro a lo largo de un pasillo de 20 metros de largo durante seis minutos”, según Javier Longás, anestesiólogo en el Hospital Clínico Lozano Blesa, de Zaragoza.

Este test permite medir el equilibrio, la velocidad y la resistencia, y refleja la capacidad del paciente para realizar actividades cotidianas. “Una pobre respuesta a este test se ha asociado a un mayor riesgo de complicaciones postoperatorias, una recuperación prolongada y un aumento de la estancia hospitalaria tras cirugía”, y la prehabilitación física “ha demostrado cambios significativos en la capacidad funcional después de varias semanas”.

Sin embargo, se descubrió que algunos pacientes “no toleraban el esfuerzo y no recuperaban metabólicamente lo que habían gastado”, por lo que se hizo imprescindible introducir una terapia nutricional.

Los problemas de nutrición son especialmente relevantes en pacientes oncológicos, entre los que “la desnutrición tiene una prevalencia del 15-20 por ciento en el momento del diagnóstico del tumor y hasta del 80-90 por ciento en casos de enfermedad avanzada”.

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