“CRISPR servirá para revisar lo que sabemos sobre el origen del cáncer”

Han dicho de ella que sería capaz de poner en marcha un laboratorio en una isla desierta. Emmanuelle Charpentier, que desde hace tres años es directora del Instituto Max Planck de Biología de la Infección en Berlín, ha pasado por nueve laboratorios en cinco países en las últimas dos décadas; afirma que esa experiencia ha sido clave a la hora de enfrentarse a los problemas científicos desde múltiples perspectivas. Tras años de investigación en los microorganismos, llegó hasta el sistema CRISPR, una especie de mecanismo de defensa de las bacterias frente a los virus, que había sido descrito años antes por el científico español Francisco J. M. Mojica, de la Universidad de Alicante. En 2012, Charpentier publicó con Jennifer Doudna, de la Universidad de California (UC), en Berkeley, un estudio donde asociaban CRISPR a la proteína Cas9 de la bacteria Streptococus pyogenes, dando lugar a la tecnología de edición genética CRISPR/Cas9. Por sus hallazgos en este campo, los tres científicos han recibido prestigiosos galardones, como el premio “V de Vida” que esta semana les ha otorgado la Asociación Española contra el Cáncer, en Madrid, donde Emmanuelle Charpentier ha respondido unas preguntas de DM.

¿Cómo ha cambiado la tecnología de CRISPR-Cas9 la forma de trabajar en los laboratorios?

-Durante estos últimos seis años, la tecnología CRISPR-Cas9 se ha desarrollado hasta generar múltiples versiones. Ahora está claro que es la herramienta de edición genética de elección para los biólogos en laboratorios de todo el mundo. Sobre todo se usa para modificar células humanas, que no son fáciles de manipular, y organismos superiores, modelos empleados normalmente para estudiar mecanismos básicos de la vida como la función de los genes. Además, la investigación con esta herramienta a su vez está sirviendo para desarrollar tecnología con la que conducirla hasta las células. La mayoría de laboratorios ha cambiado las herramientas de edición genómica anteriores, como las nucleasas de dedos de zinc (ZFN) o las de tipo activador de transcripción (Talen) por CRISPR-Cas9. Y muchos laboratorios que antes no utilizaban esas herramientas, emplean ahora CRISPR-Cas9, porque resulta mucho más asequible.

¿Cómo puede contribuir esta herramienta a avanzar en la investigación oncológica?

-Una aplicación indirecta es que CRISPR-Cas9 contribuye a entender mejor las causas del cáncer y cómo se produce esta enfermedad, gracias a su capacidad para modificar los genes y su expresión de forma muy precisa en una gran variedad de células tumorigénicas. También se ha hecho mucha investigación en este campo con modelos animales con el fin de encontrar nuevos mecanismos patológicos y potenciales dianas terapéuticas. Además, permite probar los candidatos a terapias en modelos de enfermedades clínicamente más relevantes. Otra aplicación, en este caso más directa y que ya se ha puesto en práctica con ensayos clínicos, es la inmunoterapia para el cáncer. La tecnología CRISPR permite modular las células del sistema inmune del paciente para que puedan dirigirse a las células tumorales. La terapia con células T CAR que empezó a investigarse con otras herramientas de edición genómica, se desarrolla ahora con la tecnología CRISPR. Realmente, en cáncer estamos empezando. Yo confío en que esta tecnología sirva para revisar el conocimiento actual sobre los mecanismos implicados en el origen y desarrollo del cáncer. En concreto, puede ser muy útil para entender la heterogeneidad celular de los tumores y a partir de ahí desvelar nuevas dianas terapéuticas.

“CRISPR es la herramienta de edición genética de elección en cualquier laboratorio”

¿Teme que surjan limitaciones importantes que lastren el potencial biomédico de esta herramienta?

 -Realmente, la limitación más importante es el efecto ‘off target’ o modificación no buscada de un lugar del genoma. La comunidad científica trabaja para aumentar la precisión y seguridad, para ello, es necesario entender mejor el mecanismo de Cas9, incluso en un nivel bioquímico. Además, ya hay otras herramientas CRISPR con proteínas diferentes. En cuanto a otros posibles obstáculos [vinculación a p53, inmunidad preexistente a Cas9], es importante tener en cuenta los estudios que van apareciendo, pero yo no estaría preocupada, no en el sentido de que la tecnología no vaya a poder usarse en medicina. Esta herramienta sería como una receta, que siempre podemos readaptar. Los estudios que cuestionan todos estos aspectos son importantes como control calidad. Con todo, debemos ser pacientes con los resultados. La inmunoterapia, por ejemplo, no funciona con todo tipo de tumores ni enfermos.

¿En qué punto se encuentra el litigio por la patente de CRISPR-Cas9?

-En Europa, Japón y China la patente de uso de CRISPR-Cas9, incluido en células humanas, ha sido concedida a la Universidad de Viena, a mí misma y a la UC Berkeley. En Estados Unidos, tenemos la patente para el uso amplio de la tecnología CRISPR-Cas9 y una patente de determinada versión de la herramienta Cas9 para células humanas; allí seguimos trabajando para obtener más patentes específicas para el uso en células humanas.

En los últimos años, ha trabajado en nueve centros de investigación de cinco países diferentes, ¿cómo ha influido esa movilidad en su carrera?

-Me ha ayudado mucho en la investigación en CRISPR, porque me ha permitido trabajar en diferentes áreas, incluida la del cáncer de piel. De hecho, al principio de mi carrera, veía que faltaban herramientas precisas para modificar genéticamente organismos superiores. Ahora echo de menos el anonimato del laboratorio; poder trabajar más concentrada en la investigación y tener tiempo para pensar.

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