Del pago por resultados al valor social del fármaco

La introducción de nuevas terapias de alto coste está animando a replantearse los sistemas de evaluación, fijación de precios y finaciación de fármacos y el consenso general es tender a la medición de resultados en salud.Desde la industria se apoya la idea de medir el valor social del medicamento, incluyendo en esa aportación del medicamento hasta su capacidad para evitar costes sociales como bajas laborales.

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Sin embargo, economistas de la salud, sociedades científico médicas y hasta representantes de la administración autonómica ven todavía demasiado verde el sistema para un salto de estas características. En nombre de la Asociación de Economía de la Salud y de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), Laura Vallejo-Torres, explica al respecto que “en los modelos de precios en función de resultados o basados en valor, hay que definir qué se entiende por valor, un concepto en auge pero sujeto a diferente interpretaciones. Idealmente debería incluir lo que los medicamentos aportan a los pacientes a los que van dirigidos, a los sistemas de salud y a la sociedad. Por tanto, al definir el valor, especialmente desde el punto de vista social, nos vemos en la obligación de considerar el coste que impondrá al sistema”.

Matizando la cuestión, Cristina Avendaño coordinadora del Grupo de Medicamentos de Facme explica que “existe cierta confusión acerca de lo que llamamos evaluación de resultados; es imprescindible evaluar los resultados en salud, pero eso no es lo que conseguimos con la práctica de establecer algún resultado de eficacia, habitualmente el mismo del ensayo clínico u otro fácil de medir para alimentar el sistema de “pago por resultados”.

Avendaño insiste en que “el pago por resultados puede resultar atractivo de forma intuitiva, pero no está claro que aporte valor frente a sistemas de descuentos o control del impacto presupuestario más simples y eficientes. Y es claramente indeseable si supone sobrecarga para el médico registrando datos intermedios que no son verdaderamente los resultados en salud que deben evaluarse”.

El director general de Farmacia del País Vasco, Iñaki Betolaza, reconoce que para ese cambio es probablemente pronto. “En estos momentos a nivel normativo lo que se contempla es el coste-efectividad, ni el coste-utilidad ni el coste-beneficio ni el análisis multicriterio. Avanzar en eso requiere un debate técnico primero y social después. Y creo que no está esta cuestión de momento en la agenda. Pero sí debemos ir haciendo una reflexión entre los agentes para avanzar en el pago por resultados, con garantías de que los fármacos aportan los que dicen aportar y de que se paga por lo que funciona”.

Avanzando en ese camino, hace ahora justo un año se publicó en Health Economics el último de tres informes encargados por el Ministerio de Sanidad a expertos para tratar de aproximarse al cálculo del valor social del AVAC. Esto es, a lo que la población estaría dispuesta a pagar por un año de vida ajustado a calidad (AVAC). El estudio, liderado por Vallejo-Torres a partir de una encuesta a 2.000 personas a las que se preguntó su preferencia entre dos estados de salud/enfermedad diferentes y su disponibilidad a pagar para evitar un problema de salud concreto (movilidad, autocuidado, dolor, ansiedad/depresión), estimó entre 10.000 y 30.000 euros esta disposición a pagar por AVAC.

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