Desabastecimiento, un síntoma de que algo no va bien

El desabastecimiento de fármacos no es por ahora un problema grave -solo afectaría al 3% del total de presentaciones disponibles en España-, según la patronal Farmaindustria, y la mayoría pueden sustituirse con facilidad-, pero sí revela que algo está fallando. De ahí la propuesta efectuada la semana pasada por la patronal de fármacos innovadores de que plantas de producción de laboratorios en España elaboren algunos medicamentos esenciales que estén afectados o en riesgo de sufrir problemas de suministro, medida que ya contempla el Plan de Garantías de Abastecimiento de Medicamentos 2019-2022 de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps). Incluso Más País, sin duda desconociendo la complejidad de este mercado, sugiere en su programa electoral crear una empresa farmacéutica pública que “investigue, desarrolle, fabrique y comercialice medicamentos”, y que también podría “actuar en la fabricación de fármacos con alto valor terapéutico cuando se produzcan situaciones de desabastecimiento y sea necesario para los usuarios del sistema sanitario”. Algo parecido, creado en un periodo más autárquico, ya existe, aunque con menos potencia que hace unas décadas: el actual Centro Militar de Farmacia de la Defensa de Burgos.

Radiografía de la situación

En un escenario en el que 4 de cada 5 recetas que se dispensan en las farmacias españolas están a precio de genérico, incluidas las de marca, obligadas por ley a sujetarse a esos precios; con China e India exportando toneladas de principios activos; con 455 días de media para aprobar fármacos innovadores para patologías graves; con revisiones periódicas de los precios como medida de control del gasto público -el 1 de noviembre redujeron su precio más de 1.200 fármacos-, y con un plan de biosimilares que no ha gustado a casi nadie, el equilibrio y la seguridad de los que disfrutamos pueden verse amenazados si se introducen medidas que desincentiven tanto la producción como la comercialización de algunos fármacos.

Respetar la marca, como insisten los fabricantes, sin demonizarla, como se hace con frecuencia, refuerza la adherencia al tratamiento; evita errores en la toma de la medicación sobre todo en pacientes mayores, y facilita la labor de farmacovigilancia en caso de reacciones adversas.

Los acuerdos de riesgo compartido para nuevos y costosos fármacos o la experiencia con la hepatitis C o con las CAR-T son ejemplos de adaptación inteligente a los cambiantes tiempos farmacológicos. Entre todos los actores hay que buscar soluciones para estos nuevos problemas.

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