Diario de farmacéuticos en cuarentena

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Crisis sanitaria
Pedro Alsina, farmacéutico de Sanofi que ha estado hospitalizado por coronavirus.
Pedro Alsina, farmacéutico de Sanofi que ha estado hospitalizado por coronavirus.

Carmen Rodríguez, Pedro Alsina y Jesús Gil Muñoz son tres de los casi 40.000 sanitarios contagiados de coronavirus (39.987), según los últimos datos del Gobierno. Pero la realidad supera a la ficción de estos datos, y no hay certeza de que estos tres farmacéuticos estén contabilizados en las estadísticas. Al menos Gil Muñoz, que ni siquiera ha tenido acceso a un test de diagnóstico.

No son médicos ni enfermeros, pero también trabajan en primera línea de batalla contra la pandemia: Carmen desde el Hospital Gregorio Marañón, Pedro desde el área de vacunas de un laboratorio (Sanofi) y José desde la farmacia de Móstoles (Madrid) en la que trabaja como adjunto. Los tres han superado una enfermedad que, de momento, ha causado la muerte a 18 profesionales de la farmacia (16 farmacéuticos y 2 técnicos), ha provocado el ingreso o la cuarentena a 418 y ha llegado a cerrar 65 farmacias (hoy ya son solo 19 las clausuradas).

Salvado por su pulsioxímetro

“El ser farmacéutico no me ha ayudado a superar la enfermedad ni me la ha agravado. Cuando eres paciente, eres paciente. Son facetas distintas”, explica Pedro Alsina a CF en su noveno día de aislamiento tras una semana en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid. Sin embargo, el pulsioxímetro que tiene en su domicilio le salvó la vida. “Menos mal que soy un friki y me hago hasta electrocardiogramas en casa”, bromea quien está vacunado de la gripe y al que al principio le diagnosticaron un cuadro gripal por virus gripal. “A veces la vacuna falla”, le dijeron. También recuerda cómo llegaron a decirle que no había transmisión comunitaria de coronavirus, al indicar que podía haberse contagiado en un evento sanitario con asistentes que luego dieron positivo.

Diez días más tarde de haber acudido con síntomas a su centro de salud, le llamaron para hacerle un seguimiento telefónico. ”Me preguntaron: ¿Se puede usted tomar la saturación de oxígeno? Pregunta sorprendente de protocolo. El resultado de esa prueba me dio muy bajito y me dijeron que me fuera a Urgencias”. Sin sospecharlo, ya que no tenía ninguna dificultad respiratoria, estaba sufriendo un tromboembolismo pulmonar, una neumonía bilateral que afectaba a más del 50% de sus pulmones. Una vez ingresado, dio su autorización para ser tratado con hidroxicloroquina. Ahora, ya en su casa, tiene que tomar un anticoagulante oral de acción directa (ACOD) durante seis meses; son unos anticoagulantes más recientes que el Sintrom (acenocumorol), que se los paga de su bolsillo (90 euros al mes),  ya que no están financiados para esta indicación: “Si no me lo pudiera permitir, tendría que tomarme Sintrom y acudir cada cierto tiempo al centro de salud para controlar los niveles de anticoagulación, o que me hubieran prescrito heparina, ir a la farmacia y cada día pincharme una dosis“, explica.

“El único que no entiende mi aislamiento es el perro”, señala con sentido del humor, quien convive con mujer e hija y solo abre la puerta para recoger la bandeja con la comida. Así, 14 días, encerrado en una habitación con baño.

Echando la vista atrás, solo tiene palabras de agradecimiento para sus compañeros sanitarios del Hospital Puerta de Hierro: “Cada día, a mí y a mi compañero de habitación nos entregaban cartas anónimas de personas dándonos ánimo”. Y no solo ánimo, sino también información del exterior: “Estáis en las mejores manos. Creemos que no sabéis lo que pasa fuera, pero os haremos un breve resumen: nos estamos quedando en casa, los niños dibujan, hacen manualidades, los mayores hacemos ejercicio, cocinamos recetas nuevas, a las 8 salimos a la ventana, aplaudimos a los sanitarios, policías, cajeros... todos nuestros héroes”.

Cuando el paracetamol no hace efecto… 

Héroes anónimos como Jesús Gil Muñoz. Este farmacéutico adjunto cree haberse contagiado en la farmacia a comienzos de marzo, cuando aún no tenían medidas de protección instaladas. Más tarde ya se las ingeniaron para instalar mamparas y contar con mascarillas y guantes. Demasiado tarde para él. “La gente al principio venía a comprar cualquier cosa. Recuerdo una señora que decidió renovar ahora su silla de ruedas, y tuve que salir fuera de la farmacia, sin protección ninguna”, afirma quien lleva ya dos semanas aislado en su casa. “Me dijeron que, una vez que no tuviera síntomas, debía estar dos semanas más”, comenta quien sufre su aislamiento a rajatabla, sobre todo para no contagiar a su hijo mayor de 13 años, que padece asma.

Jesús Gil Muñoz, farmacéutico adjunto de Móstoles, afecatdo por la Covid-19.
Jesús Gil Muñoz, farmacéutico adjunto de Móstoles, afecatdo por la Covid-19.

Entre tanto, tiene contados los pasos que puede dar en su habitación: ocho. “Ahora que me encuentro mejor, estoy haciendo ejercicio, y ya me hago siete kilómetros, dando vueltas y vueltas”, comenta. Está aprovechando la cuarentena para retomar un curso de formación continuada sobre farmacología y farmacoterapia. “Dura cuatro años y voy por el tercero”, explica. También lee y ve series y películas en Netflix y Amazon Prime. “Pero te aburres de todo, hasta de ver películas. Y no puedes estar todo el día tumbado”, comenta entre paracetamol y paracetamol. “Es lo único que he tomado, pero lo dejé porque no me quitaba el dolor de cabeza”. Afortunadamente, es el único de los ocho farmacéuticos de la botica que ha desarrollado la enfermedad, según le confirmaron en una visita al Hospital Puerta del Sur, de Móstoles. Es decir, ni tiene confirmación oficial de test de diagnóstico, porque no se lo hicieron: “En el hospital ponía que solo hacían el test a los hospitalizados”, señala. Tiene una hermana enfermera, con familiares contagiados, a la que tampoco le han hecho el test.

Una vez en el hospital, ¿cual fue el recorrido? “Me tomaron la temperatura, me midieron el oxígeno en sangre y me hicieron una placa, en la que vieron una pequeña mancha en los pulmones”, explica. Aun así, le enviaron a casa por considerar que sus síntomas eran leves y ver que no había desarrollado una neumonía. En medio de todo, un hombre afortunado.

Sus colegas le hicieron la PCR

El caso positivo de Carmen Rodríguez González, farmacéutica del Servicio de Microbiología y Enfermedades Infecciosas en el Gregorio Marañón, no es el único en su centro. Con ella trabaja Ana Herranz, vocal nacional de Farmacia Hospitalaria, y compañera también de pandemia.

Carmen Rodríguez González, farmacéutica en el Hospital Gregorio Marañón, contagiada de coronavirus.
Carmen Rodríguez González, farmacéutica en el Hospital Gregorio Marañón, contagiada de coronavirus.

Al trabajar en un área tan especializada, fueron sus  compañeros quienes le realizaron la PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) diagnóstica el pasado 18 de marzo, un día después de empezar con los síntomas: disnea, dolor de cabeza y bastante cansancio. “Me confirmaron el diagnóstico y comencé el aislamiento durante tres semanas en casa. Lo he pasado junto a mi familia, pues mi marido y mis tres hijos habían comenzado también con algunos síntomas. Afortunadamente, todos hemos tenido un cuadro leve y nos han seguido y tratado desde casa”, comenta días después de haberse reincorporado a su trabajo.

Rodríguez González señala que lo más difícil de la cuarentena ha sido no poder estar cerca de sus compañeros, “en unos momentos en los que la presión asistencial era tremenda… Cada día se abrían nuevas plantas para la atención a pacientes Covid, y el Servicio de Farmacia tuvo que reorganizar los circuitos logísticos para atender a los ingresados”.

Eso sí, ha tenido la ventaja de su formación: ”Conocer el tratamiento y los efectos secundarios te da cierta tranquilidad. De todos modos, ningún medicamento ha demostrado aún, en ensayos clínicos, ser eficaz y seguro para la Covid y vamos generando conocimiento casi a diario. Tener tan cerca a mis compañeros de Microbiología e Infecciosas me ha ayudado muchísimo, me he sentido muy, muy cuidada.” En cuanto a la medicación, recibió tratamiento antiviral siguiendo el protocolo del hospital.

Sobre la falta de equipos de protección individual (EPI), señala que “los primeros días fueron un poco caóticos y los más difíciles… Teníamos que reorganizarnos y adquirir la formación necesaria para protegernos adecuadamente. En este sentido, el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales nos ha ayudado mucho. Incrementamos la utilización de EPI en las diferentes áreas del servicio, más allá de la zona de elaboración de medicamentos, y reforzamos la higiene de manos”.

Aparte de colaborar, junto al equipo médico, en la selección y monitorización del tratamiento, su labor consiste en preparar los medicamentos de forma centralizada en el servicio para una dispensación lista para su uso, y dispensar la terapia que el paciente necesita al ingreso y al alta.

“En mi caso también colaboro, con el Grupo de Expertos Covid del hospital, en la revisión de opciones terapéuticas para esta infección y en la actualización de los protocolos, en la monitorización de los resultados de efectividad y seguridad con los tratamientos experimentales, y en la adaptación de nuestros sistemas de información, por ejemplo, incorporando alertas de seguridad relacionadas con interacciones o eventos adversos, o aquéllas que nos puedan predecir una evolución del paciente desfavorable”, dice.

A su vez, realiza atención farmacéutica a los pacientes con VIH, “a los que ahora ofrecemos, además de consultas telemáticas, dispensación de los medicamentos en su domicilio”.

Así han sufrido el coronavirus tres farmacéuticos: Carmen Rodríguez, del Gregorio Marañón; Pedro Alsina, de Sanofi, y Jesús Gil, farmacéutico comunitario (Madrid). Off Carmen Torrente Villacampa Farmacia Comunitaria Farmacia Hospitalaria Industria Farmacéutica Off