Diferencias en la prescripción del daño continuado y el permanente

La distinción entre daños continuados y permanentes ha sido desarrollada, fundamentalmente, por la jurisprudencia del ámbito Contencioso-administrativo.
Así, el Tribunal Supremo, en la sentencia de 26 de febrero de 2013, dictada en el recurso de casación número 367/2011, aclara las diferencias. El daño continuado “no permiten conocer en el momento en el que se produce los efectos definitivos de una lesión y en los que, por tanto, el inicio del plazo para reclamar es aquél en el que ese conocimiento se alcance”.

Mientras los daños permanentes “aluden a lesiones irreversibles e incurables, aunque no intratables, cuyas secuelas resulten previsibles en su evolución y en su determinación, siendo, por tanto, cuantificables, por lo que los tratamientos paliativos o de rehabilitación ulteriores o encaminados a obtener una mejor calidad de vida, o a evitar eventuales complicaciones en la salud, o a obstaculizar la progresión de la enfermedad, no enervan la realidad de que el daño ya se manifestó con todo su alcance en un momento anterior”.

Ahondando más en la caracterización de los daños permanentes, resulta de interés lo dicho por el Supremo en la sentencia de 31 de marzo de 2014 (recurso 4867/2011), en la que afirma, que la jurisprudencia ha considerado daños permanentes, caracterizados como aquellos en los que el acto generador de los mismos se agota en un momento concreto aun cuando sea inalterable y permanente en el tiempo el resultado lesivo”.

Lo anterior tiene trascendencia desde el punto de vista de la prescripción de la acción, esto es, del momento en que dicho plazo comienza a computarse, pues el inicio de dicho plazo ha de situarse en la fecha en que se ha determinado el alcance de las secuelas. Por tanto, lo relevante es determinar el momento en el que las secuelas pueden reputarse como efectivamente constatadas. Por ello, cuando se trate de daños permanentes, aunque haya tratamientos posteriores, ya sean paliativos o de rehabilitación, tales tratamientos no interrumpen el plazo de prescripción para interponer la acción. Dicho de otro modo, el plazo para computar tal plazo comienza en el momento en que el alcance de las secuelas se encuentra plenamente determinado y no cuando finalicen dichos tratamientos.

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