home Microbiología y Enfermedades Infecciosas “El ‘chemsex’ se asocia a una peor adherencia al tratamiento del VIH”

“El ‘chemsex’ se asocia a una peor adherencia al tratamiento del VIH”

El chemsex, sexdopaje o uso sexualizado de las drogas es una práctica referida al uso intencionado de sustancias psicoactivas para favorecer las relaciones sexuales, normalmente entre hombres homosexuales. El fenómeno está íntimamente ligado al contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS) y, según Pablo Ryan, adjunto de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Leonor (Madrid), asociado a una peor adherencia al tratamiento contra el VIH.

“Afortunadamente, si lo enfocamos hacia la falta de tomas del medicamento, esta situación tiene poca repercusión sobre la eficacia de los tratamientos”, reconoce. De la misma forma que tampoco afectan las posibles interacciones entre los fármacos y las drogas más habituales entre los usuarios del chemsex.

Ryan explica que las drogas más habituales en este contexto son la mefedrona (o mefe), la metanfetamina (también llamada tina) y una droga desinhibidora llamada GHB (gamma-hidroxibutirato). “El policonsumo es muy frecuente, asociándose otras como la cocaína, la ketamina, que es un anestésico disociativo, el éxtasis, el alcohol o diversos fármacos indicados para la disfunción eréctil”, resume.

La mayoría son sustancias estimulantes que producen desinhibición sexual, favoreciendo un aumento en el placer, la intensidad, excitación y duración de las relaciones. “Pero que conllevan una serie de riesgos. No sólo pueden provocar problemas importantes para la salud, física y mental, de quienes las consumen, también generan una serie de conductas que favorecen el contagio de ITS, incluyendo el VIH”, explica el especialista en Medicina Interna.

Detección

Ryan hace hincapié en la importancia de detectar a los pacientes habituados al sexdopaje, normalmente reacios a desvelar su condición. “Es necesario llevar a cabo un abordaje adecuado en la entrevista clínica, en un espacio que respete su privacidad. Una actitud empática del médico hacia el paciente hace posible mantener una relación digna y respetuosa”, recomienda.

Una vez creado este ambiente, llega el momento de lanzar preguntas directas sobre la utilización de estas drogas y sobre conductas de riesgo. También pueden ser indicativas otras señales: “Faltar a las citas, los repuntes de la carga viral en los pacientes de VIH, una peor adherencia al tratamiento o problemas de pareja o laborales pueden llevar al médico a sospechar que existe un consumo de drogas recreativas”.

“Con un usuario de ‘sexodopaje’ hay que identificar de forma individualizada sus necesidades desde múltiples puntos de vista” 

Sobre todo porque el chemsex parece ser un importante foco de contagio de ITS, un problema del que todavía no se conoce su magnitud. “Los datos que disponemos son de encuestas anónimas y de cohortes de pacientes atendidos en centros comunitarios y hospitalarios, con todos los sesgos que esto supone”, asegura Pablo Ryan.

Y añade: “En los últimos años se han realizado diferentes estudios que ofrecen una foto de la situación del chemsex en un determinado momento, pero no conocemos la tendencia ni cómo ha cambiado con el tiempo”. No obstante, el médico del Infanta Leonor apunta que, a medio plazo, llegarán los resultados de las encuestas EMIS 2017 (a nivel europeo) y U-sex-2, en la que él participa como coordinador junto con Hellen Dolengevich, responsable del programa de Patología Dual del Hospital Universitario del Henares (Madrid), y Alicia González, psicóloga en el Hospital Universitario de La Paz (Madrid).

Falta de miedo

Desde el punto de vista de Ryan, el aumento de los casos de ITS en España ha coincidido en el tiempo con la aparición de ciertas redes sociales y aplicaciones de citas, y con la utilización de drogas recreativas en este contexto. También con la indetectabilidad de la carga viral entre los pacientes con VIH. “Aunque no curan, los tratamientos antirretrovirales son tan eficaces que permiten que se pueda vivir con la enfermedad y tener una calidad de vida y supervivencia equiparable a la de la población general. Esto es una de las razones por las que se ha perdido el miedo y ha llevado a que no se tomen las precauciones necesarias”, explica.

Una situación que se podría intensificar con la llegada de la profilaxis preexposición (PrEP) que, si no se dan cambios, se implantará en España a lo largo de este año. “Su utilización puede estar asociada a prácticas sexuales de mayor riesgo y a la adquisición de enfermedades de transmision sexual”, sopesa el especialista del hospital madrileño.

En su opinión, es necesario instaurar circuitos asistenciales para los usuarios de chemsex. “Tienen que ser circuitos interdisciplinares que incluyan a especialistas en enfermedades de transmisión sexual, personal de ONG, psicólogos, psiquiatras, infectólogos, médicos de adicciones, sexólogos y trabajadores sociales, entre otros”, advierte.

Por otra parte, cree prioritaria la formación del personal sanitario en este campo, “especialmente psiquiatras, infectólogos, médicos de adicciones y médicos de urgencias a través del desarrollo de programas específicos”. Una serie de medidas que ya están siendo estudiadas por el grupo de trabajo de chemsex del Plan Nacional de Sida, liderado por Julia del Amo Valero, actual directora de dicho Plan, y Raúl Soriano Ocón, consultor de chemsex y prevención del VIH y otras ETS. “Un grupo es muy necesario para poder evaluar la magnitud de este fenómeno y poder guiar futuras intervenciones”, concluye Ryan.

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