El cribado para cáncer de pulmón reduce la mortalidad entre un 18 y un 40%

El cáncer de pulmón continúa siendo de los más agresivos pese a los avances producidos en los últimos años. En España se registran entre 20.000 y 22.000 casos cada año y la mortalidad a cinco años supera el 85 por ciento. Además, el 40 por ciento de los pacientes tienen metástasis en el momento del diagnóstico inicial.

El cribado para cáncer de pulmón como un camino para reducir la mortalidad ha suscitado controversia en la comunidad científica y entre los responsables sanitarios. Sin embargo, a día de hoy se perfila como una estrategia eficaz según la experiencia acumulada y varios estudios de impacto.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) publicó en 2017, junto con otras sociedades científicas, unas reflexiones en las que se postulaba a favor de este tipo de programas y ahora un foro autonómico trabaja en un documento en el que lo más posible es que se recomiende el cribado con TAC de baja dosis de radiación.

Datos de ensayos clínicos 

El congreso nacional que la Separ ha celebrado en Santiago de Compostela también ha hecho del cribado para cáncer de pulmón argumento destacado. Luis Seijo Maceiras, neumólogo del Área de Oncología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), se muestra claramente favorable. Sus razones se circunscriben a la evidencia científica de 20 años de experiencia en algunos centros del país y a los resultados de los tres ensayos clínicos de mayor impacto realizados hasta ahora, que indican que la mortalidad disminuye entre un 18 y un 40 por ciento.

“Y son estudios limitados”, resalta el experto, cuyo equipo en la CUN tiene un programa asistencial desde hace casi 20 años, en el que se han cribado más de 3.500 personas con una supervivencia del 80 por ciento a diez años en los pacientes diagnosticados en estadio uno. De todas maneras, el experto subraya que la medida más efectiva sigue siendo abandonar el consumo de tabaco: “Dejar de fumar es siempre la verdadera prevención”.

Grandes estudios realizados en Europa y Estados Unidos, han mostrado beneficios en las supervivencias cuando se ha realizado cribado 

El estudio europeo Nelson es uno de esos tres ensayos mencionados por Seijo. Sus resultados se presentaron el pasado mes de septiembre en el Congreso Mundial de Cáncer de Pulmón celebrado en Toronto (Canadá) y todavía no se han publicado. Las conclusiones no dejan lugar a dudas del potencial del cribado. A diez años, el aumento de la supervivencia fue del 26 por ciento en hombres y de casi el 40 por ciento en mujeres.

Participaron 15.000 pacientes, que se sometieron en cinco ocasiones a un TAC de baja dosis: en el momento cero, transcurrido un año, a los dos años, pasados cuatro y, finalmente, a los seis años y medio. “No sabemos si la supervivencia hubiera sido superior si el ensayo se hubiera diseñado de otra manera porque las sociedades científicas recomiendan TAC cada año”.

En Estados Unidos, el estudio NLST, publicado en 2011, concluyó que la mortalidad descendió un 18 por ciento. La participación fue más amplia (55.000 personas) pero la intervención fue breve, ya que sólo se hicieron tres rondas; los participantes se sometieron a TAC de baja dosis en el momento cero, después de un año y transcurridos dos, aunque se hizo seguimiento a los diez años.

Por último, el estudio MILD, realizado en Italia y que se acaba de publicar en la Revista Europea de Oncología Médica, incluyó 4099 pacientes y demostró una reducción del 39 por ciento de mortalidad por cáncer de pulmón a los diez años y del 20 por ciento de la mortalidad global (muerte por cualquier causa) también pasados diez años, atribuibles al cribado con TAC de baja dosis.

Criterios de inclusión y viabilidad

Los criterios de inclusión también son motivo de debate. En Estados Unidos se utilizan los del ensayo NLST: mayores de 55 años con un hábito tábaquico de un paquete al día durante 30 años o dos paquetes diarios durante 15 años, y con una abstinencia inferior a 15.

Seijo es partidario de sumar alguna condición más, sobre todo la presencia de enfisema y/o alteraciones de la función pulmonar: “Hemos visto que aproximadamente la mitad de los pacientes con cáncer de pulmón no cumplen los criterios americanos. En un estudio que realizamos la Clínica de Navarra con un grupo de Pittsburgh, hemos comprobado que si tenemos en cuenta también la presencia de enfisema, detectamos el 90 por ciento”.

La viabilidad económica es otra cuestión respecto a la que se han formulado opiniones divergentes. Seijo admite que es un factor problemático, pero cree que el cribado es una medida coste efectiva. Recuerda el estudio UK Lung, que determinó que un año de vida ajustado a calidad (de supervivencia) tiene un coste inferior a 7.000 libras (7.869,399902 euros) y que, actualmente, el coste de un TC sin contraste (que es el que se utiliza en cribado) no pasa de 60 euros.

El cribado tiene potencial curativo respecto al cáncer de pulmón no microcítico, que es el más habitual (el 80 por ciento de los casos), no así en el microcítico.

 

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