“El desconocimiento de los sanitarios en VIH es elevado”

Según los últimos datos epidemiológicos oficiales recogidos por el Ministerio de Sanidad, se estima que en España hay casi 40.000 personas con VIH que pueden transmitir el virus, bien porque no están diagnosticadas, bien porque no están efectivamente tratadas. La cifra es muy elevada y no reducirla implicaría un mayor número de contagios y de casos nuevos anuales. Un problema que, en opinión de María Jesús Pérez, jefa de sección de la Unidad de VIH del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), habría que atajar con una estrategia a diez años en la que participen todos los implicados en este campo. Y marcando un objetivo ambicioso pero, a su entender, posible: pasar de 40.000 a 1.000.

“Necesitamos que se implanten campañas formativas e informativas para los sanitarios de Atención Primaria, para los especialistas de otras áreas y para la población general. El nivel de desconocimiento es muy elevado”, reconoce Pérez. Desde su punto de vista, la línea de trabajo que se debe seguir ha de apoyarse en cuatro puntos “esenciales”. Los dos primeros: buscar una mejora de las cifras de diagnóstico precoz y corroborar que los pacientes a los que ya se ha detectado estén efectivamente tratados.

Pero también disponer de medios, como las profilaxis preexposición (PrEP, por sus siglas en inglés) y postexposición no ocupacional (Ppeno), para poder prevenir a los grupos de riesgo que aún no se hayan contagiado; y tener registros específicos de cada centro de salud para saber en qué zonas hay mayor densidad de pacientes y mejorar la calidad de sus recursos con el fin de evitar un aumento en el número de contagios.

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“Deberíamos saber cuántos pacientes tienen ya la prueba hecha, cuántos son negativos y cuántos tienen mayor riesgo de infectarse. Tener medios para controlar bien a los adolescentes que se inician en el sexo, a los hombres que tienen sexo con hombres, etc.”, comenta la especialista del Ramón y Cajal. A su entender, cualquier sanitario debería tener potestad para revisar a fondo a todos esos colectivos, poder prescribirles la PrEP o la Ppeno cuando lo estime necesario, o hacer una prueba en cualquier momento sin miedo a represalias por el gasto.

Nuestro país está muy cerca de conseguir antes del año 2020 el objetivo 90-90-90 marcado por Naciones Unidas como estrategia para frenar la epidemia mundial de sida. Es decir: que el 90% de las personas con VIH sean conscientes de que están infectadas; que el 90% de los diagnosticados reciban tratamiento antirretroviral continuado; y que el 90% de los pacientes tengan anulada la carga viral.

“Hay que trasladar la importancia de
la detección precoz tanto a los sanitarios como a la población general”

En España, el balance está en 86-93-90 pero, según Pérez, echar las campanas al vuelo sería un error, puesto que las cifras registradas por el sistema de vigilancia epidemiológica del Ministerio de Sanidad de forma anual son muy altas. “El último dato anual de nuevos diagnósticos, de 2017, estaba en 3.381. Lo que quiere decir que casi 9 de cada 100.000 habitantes se infectó de VIH. Y si nos fijamos en las tasas concretas de determinadas comunidades, como Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana o Andalucía -las más pobladas-, la incidencia llega a crecer hasta los 15 nuevos diagnosticados por cada 100.000 habitantes”, asegura. Unas cifras que aún impactan más si se conoce la media europea: 5,9 por cada 100.000.

“España partía de una epidemia muy elevada de pacientes que se infectaban por vía intravenosa, que se dio entre mediados de los años 80 y principios de los 90. Cuando empezábamos a controlarla, llegó la de los hombres que mantenían sexo con hombres, donde sigue focalizada, y el número de infectados se hizo mayor”, reflexiona Pérez.

Registros poco claros

No obstante, la especialista cree que estamos en unos niveles parecidos a Francia o Reino Unido, y que los malos resultados vienen de un registro epidemiológico poco claro. “Muchos de los nuevos casos que se incluyen en los listados son de pacientes ya diagnosticados que vienen de otros países buscando un tratamiento que les permita vivir. Y aunque no se pueden considerar como nueva infección, nuestro sistema lo registra como tal”. Desde su punto de vista, el sistema de vigilancia epidemiológica debería ser más riguroso y diferenciar los nuevos casos de los que ya son prevalentes. “También sería conveniente distinguir un diagnóstico precoz de los que no lo son, y que los datos muestren si tenemos mucha infección oculta”.

En general, se estima que en España hay unas 146.500 personas infectadas, una de cada 250, de las que 106.000 están en tratamiento e indetectables. “Es decir, que en estos momentos un 13,8% de la población infectada no sabe que lo está o no sigue una terapia antirretroviral efectiva. Lo cual es una buena noticia, si tenemos en cuenta que en 2013 estábamos entre el 25% y el 30%”, sopesa Pérez.

En su opinión, no se dan cambios de tendencia. “Al contrario: se van consolidando las que manejábamos. La mayoría de nuevos infectados son hombres que mantienen sexo con hombres y sus cifras van en aumento. La población femenina supone el 15%, una tasa que lleva estable varios años. Y uno de cada tres diagnosticados es extranjero, aunque no sabemos si se infectan aquí o si ya traían la enfermedad de sus respectivos países”, comenta Pérez.

Exceptuando al primero de los grupos, que suele hacerse controles periódicos por ser más consciente del riesgo, en el resto suele detectarse el VIH en estadios avanzados, con lo que conlleva para el paciente y la comunidad que le rodea. “La sociedad en general no se siente amenazada, algo que viene provocado por la gran desinformación existente y que se debe solucionar”, afirma la especialista del Ramón y Cajal.

HCIS: una base de datos que no ayuda

Según María Jesús Pérez, otra traba reciente al trabajo de los especialistas del VIH de la Comunidad de Madrid ha sido la instauración de la historia clínica electrónica HCIS. “Nos ha dejado a ciegas, prácticamente. Nosotros intentábamos dejar reflejado en la historia a los pacientes con infección aguda o ciertas peculiaridades, pero al migrar nuestras antiguas bases a este sistema hemos perdido todos los datos”.

Desde su punto de vista, los programas que habían manejado anteriormente permitían a los médicos abstraer y trasladar datos con bastante rapidez, algo que no contempla el HCIS. “Es como si hubiésemos empezado de cero. Incluso peor, porque nos ha cambiado completamente la recogida de datos. No tiene preparado un formulario para introducir correctamente los datos de los pacientes de VIH, ni para que esa información sea medible de forma sencilla”, asegura la doctora del centro hospitalario madrileño.

Esto se debe a que, con este sistema, cada médico introduce “a su manera” los datos que recaba de cada paciente. “Entre nosotros hemos intentado instaurar diversas fórmulas de lenguaje para que todos traslademos el mensaje de forma similar, pero los datos no se sintetizan igual. Ha sido un paso atrás”, se lamenta Pérez.

Algunas organizaciones llevan advirtiendo de los problemas que llevaba adosados el HCIS desde meses antes de su instauración. Entre ellas, la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid, que ya denunciaba el pasado mes de noviembre que la implantación piloto del sistema en el Hospital 12 de Octubre había tenido escasa aceptación por parte de los profesionales que allí trabajaban.

Especialmente por su mal funcionamiento y sus caídas constantes, pero también por su ineficacia a la hora de realizar estudios clínicos a gran escala, por su incompatibilidad con otros programas de historia clínica para migrar datos y por los problemas que ha generado para interconectar hospitales con centros de salud.

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