“El embrión temprano merece el respeto de cualquier ser humano”

PREGUNTA. En más de 600 páginas, diez autores abordan con amplitud y profundidad el inicio de la vida humana desde el punto de vista biológico, antropológico, social, teológico y literario. ¿Cuáles son los principales mensajes que se transmiten en este libro?
RESPUESTA. Julio Tudela (JT): Contribuimos a desentrañar los asombrosos mecanismos que se activan en el embrión desde el momento de la fecundación, desvelados gracias a los últimos descubrimientos científicos, que resultan imprescindibles para definir el estatuto biológico del embrión humano desde la fecundación, y lo que ello supone para su consideración como ser humano en esta temprana fase de su desarrollo. Esto constituye un pilar fundamental para su tratamiento, que el resto de autores de esta obra desarrollan en sus respectivos capítulos, dirigidos al reconocimiento de su naturaleza y dignidad personal.

P. Ustedes son los autores del capítulo referente a la fundamentación biológica de la fecundación humana y al desarrollo del embrión temprano. ¿Qué reflejan ahí?
R. Justo Aznar (JA): Nuestro objetivo ha sido fundamentar desde un enfoque biológico que la vida humana empieza con la fecundación. Nos parece que sobre ello hay tal acúmulo de información científica que difícilmente se puede pensar lo contrario. Otra cosa es el valor que a esa vida se le atribuya, pero eso ya es un problema más de orden antropológico o filosófico. De todas formas, el objetivo último es determinar que ese embrión humano temprano merece el respeto y consideración de cualquier ser humano. Nos parece que para poder manipular dicho embrión temprano tendrían, los que defienden estas prácticas, que demostrar que la vida humana desde un punto de vista biológico no empieza con la fecundación y nos parece que eso nunca se ha conseguido.

“Hasta ahora desde la biología no se ha conseguido demostrar que la vida humana no comienza con la fecundación”

P. Existe mucha polémica en este ámbito y visiones contrapuestas. En su opinión, ¿cuáles son las claves del debate?
R. JT: Algunos de los debates sobre el tema han sido zanjados por los hallazgos científicos sobre la naturaleza del embrión, como es el caso del llamado ‘preembrión’, que tomó fuerza tras la aparición de la fecundación in vitro y que estuvo rodeado de polémica durante años. Hoy, hasta los entonces defensores del término lo han abandonado ante la evidencia de un ‘continuum’ en la evolución embrionaria que no permite hablar de entidades distintas en sus etapas evolutivas. No obstante, aún existiendo hoy consenso científico en este punto, el debate no desaparece cuando de lo que se trata es de otorgar o no el estatus de persona a este ser humano inmaduro que constituye el embrión temprano. Ello supone otorgarle o no dignidad y derechos, y sobre esto el debate sigue abierto, pero no por razones científicas sino más bien antropológicas y culturales. Sería deseable que la evidencia científica contribuyera a diluir las distinciones que hoy perduran en cuanto la dignidad del embrión humano basadas exclusivamente en su estado madurativo, y su reconocimiento se basara en su estatuto biológico que lo identifica como individuo de la especie humana desde el comienzo de su andadura vital.

P. Y a corto y medio plazo, ¿se ve un fin a ese debate?
R. JA: Creemos que el debate filosófico y antropológico sobre el respeto que ese embrión merece puede suscitar una polémica más continuada en el tiempo, pero el debate biológico nos parece que no da más margen a esta discusión.

“El debate no desaparece cuando de lo que se trata es de otorgar o no el estatus de persona a este ser humano inmaduro”

P. Desde un punto de vista profesional-académico y de reconocimiento, ¿qué supone su participación como única aportación no norteamericana en un texto de este calado?
R. JT: La satisfacción de contribuir a esta edición, tanto por la trascendencia del tema como por las posibilidades de difusión que tiene la obra, tanto en nuestro ámbito como en el anglosajón. Quiero agradecer a todos los que lo han hecho posible, desde mi maestro y amigo Justo Aznar hasta el coordinador y equipo editorial. Pero nuestra participación carece de importancia ante la ingente labor de desentrañar y divulgar los prodigios que se esconden tras el comienzo de la vida humana, una auténtica obra maestra.

P. ¿Y a nivel personal?
R. JA: Indudablemente lo menos sustantivo en relación con este tema es lo que puede significar para nosotros. Nos parece que lo de mayor interés es que esta reflexión sobre el inicio de la vida humana se incluya en un libro de ámbito anglosajón. Creemos que hoy día el pensamiento bioético se desarrolla en ese ámbito, por lo que poder participar en publicaciones que se emiten en esa lengua y en ese ámbito geográfico, pueden tener importancia para que las ideas que se difunden alcancen una repercusión más general. Que esto se intente desde una Universidad Católica, como la nuestra, nos parece un objetivo de gran interés.

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