“El ministro de Hacienda debería ser un científico”

“Eres responsable del amor que has ganado”, decía su admirado Principito, de Saint-Exupéry. Sentencia que Eduardo López-Collazo, director científico del Instituto de Investigación del Hospital Universitario La Paz (IdiPAZ), de Madrid, lleva hasta sus últimas consecuencias ensalzando y defendiendo a los 1.700 científicos que dependen de él. Sabe controlar tiempos y espacios: “¿Qué me pongo: el gorro de director científico de una institución o el gorro de científico director de un grupo de investigación?”. Con el primero, alaba y resalta el trabajo de las personas de los 52 grupos investigación que, repartidos en 6 sólidas áreas de conocimiento, forman IdiPAZ y que, al estar dentro de un hospital, intentan “responder a las preguntas que se generan en las consultas y en la cama del paciente”. Con el de científico, este experto en física nuclear e inmunología está decidido a desvelar algunas de las claves de la metástasis tumoral y la sepsis. Al final, todo es ciencia en estado puro -esa por la que no duda en viajar constantemente presentando su último libro ¿Qué es el cáncer? para que la divulgación cale a toda la sociedad-, y a la que López-Collazo defiende con razones de peso. No tiene pelos en la lengua, es combativo, pero su acento caribeño contribuye -al igual que la contundente Giselle de Tamara Rojo, con la que alucinó hace escasas semanas en el Teatro Real de Madrid-, a que en sus contundentes e incisivas afirmaciones se proyecten matices etéreos y empáticos. Su historia, según cuenta, “no puede ser más de andar por casa”. A pesar de su reconocimiento actual, “soy un inmigrante que llegó a España con 12 dólares en el bolsillo y sin ningún apoyo familiar o de amistades”. Saltó a Estados Unidos, volvió, creó un grupo de investigación y ha llegado a ser el director de uno de los institutos de investigación hospitalaria europeos más relevantes. “En estos momentos, con los programas actuales, eso no sería posible”, por lo que su defensa hacia la ciencia y a sus profesionales, es casi una obsesión.

PREGUNTA. ¿Dinero, dinero y dinero son las tres palabras mágicas para que la ciencia avance?
RESPUESTA. Es lo que hace falta, dejémonos de tonterías. Cuando no hay dinero empiezan las disyuntivas para controlar y gestionar lo poco que tenemos; dárselo a unos y a otros no, distinguir qué es excelencia y qué no. No nos evalúan máquinas sino otras personas que tienen sus filias y sus fobias. La falta de dinero es actualmente el gran problema de la ciencia. Nos encontramos con situaciones ridículas. Gastar el poco dinero existente es una tarea titánica que los científicos tenemos que afrontar de una manera creativa y en un contexto burocrático en el que hay que justificar hasta el último lápiz que hemos comprado por las leyes anticorrupción. Estas están muy bien para muchas cosas, pero precisamente en ciencia no ha habido corrupción, y no porque los científicos nos creamos especiales ni que seamos los únicos honestos. Es más simple: no hay ni ha habido dinero con el que corromperse, por lo tanto, no hay corrupción. Contemplamos la ciencia como una cosa alejada del arte, pero es creatividad igualmente. Un ejemplo claro es como si, de pronto, a El Greco le hubiéramos dicho: no, usted no puede utilizar ese azul, tiene que comprar este azul, que se vende aquí, y con mejor precio. Nunca hubiéramos tenido sus azules ni sus verdes. De la misma manera, en la ciencia no todo vale, aunque sea más barato.

P. La Ciencia es un área ingente. ¿Cómo gestionar los recursos de forma equitativa en tiempo de restricción?
R. Con la escasez, de entrada nunca va a ser un reparto justo. Pero voy a poner un ejemplo claro: el de Alemania, un país que perdió dos guerras mundiales, fue destruido física y moralmente, tuvo que asumir una herencia de quiebra -la República Democrática Alemana (RDA)-, pero siempre ha salido adelante y hasta en épocas de crisis ha aumentado su inversión en ciencia. Actualmente, sigue siendo el motor de Europa. Por algo será. Otros casos asociados a ciencia básica son los relacionados con las investigaciones sobre antimateria que dieron lugar al TAC -uno de los métodos actuales de diagnóstico más potentes- y, más recientemente, los CRISPR, de conocido origen español, que constituyen una revolución en medicina, además de una actual patente millonaria que no está en España. Todas parecían una pérdida de tiempo. En ciencia, priorizar una materia sobre otra no funciona. Hay que tener fe y un presupuesto sólido para que se desarrollen ideas.

P. En España, la dotación actual para I+D es del 1,2% del PIB. ¿Cuánto sería suficiente para cáncer?
R. Es complejo realizar una cuantificación exacta sólo en oncología, pero muchos, muchos millones. Estamos a la cola de Europa y del mundo en cuanto a financiación en cáncer, comparándonos con los países más sólidos. No lo estamos en cuanto a conocimientos y resultados, pero esta parcela se va a ver muy afectada en poco tiempo porque estamos viviendo de las rentas de un momento determinado en el que hubo un pico de financiación. La ciencia es una carrera de fondo y lo que se invierte hoy se recoge en cinco, siete o diez años. Hoy estamos recogiendo frutos de lo que sembramos en épocas de vacas estilizadas porque ahora estamos en época de vacas demasiado famélicas en la que no estamos poniendo ninguna semilla.


P. Imagine, por un momento, que es ministro de Ciencia. ¿Qué claves argumentaría para destinar más financiación a investigación, en general, y a cáncer, en particular?

R. Sólo haría falta presentar datos de todo lo que podemos resolver, incluso con poca inversión, y la comparativa: por ejemplo, cuánto invertimos en Fomento y cuánto en Ciencia, qué rédito ofrece Fomento y qué rédito da la ciencia. Personalmente, intentaría alcanzar un pacto de Estado inamovible, como se ha hecho con otras cuestiones de interés general, en el que la inversión en ciencia se mantuviera en una franja, en función de las ciclos de crisis, pero cuyo mínimo debería estar muy por encima del actual. Volviendo a la pregunta anterior, la inversión global en I+D, donde estaría contemplado el cáncer, debería situarse, al menos, en el 3% del PIB.

P. El actual modelo de gestión, abordaje, planificación y asistencia del cáncer se mueve al ritmo de los nuevos conocimientos y necesidades. Su parte de mente gestora ¿qué cambios le sugiere?
R. No, no estamos incorporando las innovaciones como deberíamos. De hecho, carecemos de un modelo bien establecido; sería necesario otro paradigma, un paso más basado en acciones coordinadas. El modelo podría ser el que montó el NIH en Estados Unidos. En España se han desarrollado interacciones muy interesantes entre centros hospitalarios y de investigación, como CNIO y CNIC. Infraestructura ya hay; probablemente sea necesario contectar esa infraestructura y dotarla de presupuesto estable. En dos palabras: financiación estable y estructural. No puedes tener muchos Mercedes, pero sin gasolina. Aquí estamos acostumbrados a los grandes hitos, pero luego los abandonamos. Antes me preguntabas qué haría si fuera ministro de Ciencia, pero si fuera presidente de Gobierno pondría en el ministerio de Hacienda a un científico….

P. Aún está a tiempo. Nunca es tarde….
R. No, no… Ya tuve una gran propuesta, que nunca diré, y no la acepté.

P. ¿Qué aportaría un científico en Hacienda?
R. De entrada, sensibilidad para entender que no todo son números. Incluso pienso que, a veces, con los presupuestos actuales se podrían hacer más cosas si se pusieran en lugares más estratégicos y preguntando a las personas que realmente saben qué y dónde se necesita. Creo que los gobiernos deben ser cada vez más de conocimiento y no solo de ejecución. Esta idea va calando, y empieza a haber brotes verdes.

P. ¿Este conocimiento se podría traducir en un desarrollo parcelario de egos personales que obstaculizarían esas acciones coordinadas a las que hace referencia?
R. Volvemos al principio: cuando hay falta de dinero empiezan los problemas: qué es importante, qué es excelencia.. Filias, fobias. Todo podría solucionarse con recursos.

P. El grupo que dirige dio a conocer, en 2005, un importante avance relacionado con el sistema inmune, la metástasis y la sepsis que, en principio, despertó recelos, pero que puede ser una de las vías para acabar con la diseminación tumoral.
R. Metástasis y sepsis parecen muy diferentes, pero en las dos patologías hay un nexo común: un fallo en el sistema inmunológico. Hay un concepto que tengo grabado a sangre: en la naturaleza todo es armonía. Cuando algo ocurre en un contexto, la naturaleza lo adapta a otros muchos contextos y se convierten en mecanismos parecidos. De hecho, cuando salté de estudiar la sepsis a cáncer y metástasis fue porque descubrimos un mecanismo que podía aplicarse al cáncer y vimos que era exactamente igual. A veces, muchos mecanismos son universales y la forma en que el sistema inmunológico falla, mucha veces es universal.

P. En los últimos cinco años, ¿qué nuevos conocimientos se han obtenido sobre metástasis, causa final de la muertes por cáncer?
R. La verdad es que se ha conseguido muy poco. Cáncer alude a más 200 enfermedades diferentes, en muchas de los cuales se han obtenido increíbles avances. Pero la metástasis sigue siendo uno de los grandes misterios, fenómeno que me lleva a pensar en que algo en la base está mal. ¿Cuándo curamos una enfermedad?: cuando la entendemos. Conoces la diana y la atacas, con mayor o menor efectividad, con una bomba atómica o con una flecha…Vas refinando y llegas, finalmente, a una medicina personalizada. Con la metástasis, a pesar de años y años de investigación, no hemos llegado aún a ese nivel. Es el proceso que se lleva a la mayor cantidad de personas que mueren de cáncer. ¿Qué pasa entonces? Que la teoría está mal. Aún no conocemos plenamente este fenómeno.

P. Del cáncer se dice que es un enemigo en casa, pero el aliado también está en casa. ¿El sistema inmune ha jugado menos papel del que debería?
R. Entre otras muchas definiciones, el cáncer es un fallo de las defensas. Al fallar , no solo no nos protegen sino que incluso pueden volverse enemigas. En el caso de la metástasis, la teoría que ahora mismo baraja mi grupo, y que explico siempre que puedo, es que probablemente el sistema inmunológico no solo no defiende frente a la metástasis sino que ayuda a que esa información tumoral viaje del sitio primario al sitio secundario, donde se disemina. Es incluso lógico: para que la información tumoral pase de un sitio a otro tiene que estar un poco oculta a nuestras defensas, que ayudada además por ellas mismas, se convierten en una especie de ‘policía corrupta’.

P. De las estrategias que se investigan para abordar la metástasis, ¿cuáles son las más sólidas? ¿Erradicar la metástasis significa curar el cáncer?
R. La cura de la metástasis supondrá un antes y un después. Será un avance científico y social del mismo nivel que el de las vacunas. Sin embargo, aún no está establecido el mecanismo exacto por el cual una célula va de un lugar a otro. Nuestro grupo tiene una teoría -aún en estudio para pulmón, ovario, mama y colorrectal- a la que llamamos “Más allá de la quietud”. Pensamos que realmente la metástasis puede deberse a la fusión entre una célula del sistema inmunológico y una célula tumoral. Estas células tienen que estar en un estadio muy especial para que se fusionen. Una vez fusionadas, actúan como un “caballo de Troya”: una carcasa del sistema inmunológico con una información tumoral dentro; una especie de policía con un criminal dentro. De esta forma, puede viajar con facilidad y libertad por el organismo porque nadie la reconocerá como una célula tumoral que no ha llegado a atacar. Además, cuenta con la ventaja de que tiene las propiedades de una célula del sistema inmune en cuanto a saber cómo viajar, extravasar, colonizar. Estamos avanzando mucho en este sentido. No somos los únicos en el mundo, pero sí de los primeros que trabajamos en esta línea.

P. ¿Será la explicación total a la metástasis?
R.Ojalá. Para ser un poco pesimista, puede ser parte de la explicación. Yo me lo creo porque hemos generado datos desde 2005 y los analizamos todos los días en el laboratorio. Pero también hace falta la evaluación de toda la sociedad científica para confirmarlo. No osbtante, su aplicación clínica, si se consigue, será lo que confirme o no la utilidad de esta teoría.

P. ¿Cómo debería ser una terapia efectiva para la diseminación?
R. Específica contra las células que la producen. Cuando descifremos qué célula transporta la información tumoral de un lugar a otro, podremos atacarla directamente o evitar que se forme. Comenzará la comprensión de todo el proceso.

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