“El simple hecho de medir hace que mejoremos la calidad”

“La calidad no es una cuestión de metodólogos, sino de oncólogos, y su base es la seguridad”, dijo ayer Carlos Camps, director de proyectos científicos de la Fundación para la Excelencia y la Calidad en Oncología (ECO) y jefe del servicio de Oncología del Hospital General de Valencia.

Y oncólogos eran, en su mayoría, los que han debatido ayer y hoy durante el I Simposio de Calidad Asistencial en Oncología, organizado en Madrid por la Fundación ECO junto a la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés). El objetivo del encuentro era compartir experiencias y poner en común estrategias de mejora de la calidad y la seguridad, tal y como expuso Douglas Blayney, de ASCO, durante su conferencia magistral.

Según Blayney, existen diversos parámetros que deben ser tenidos en cuenta para mejorar la calidad. El primero, “sustentar la asistencia en guías basadas en la evidencia y medir”. Y es que, a su juicio, “el simple hecho de medir lo que hacemos hace que mejoremos”; afirmación que apoyó con ejemplos de cómo, a menudo, la propia organización desconoce cómo funciona y las diferencias que existen entre su actividad y la de sus pares, hecho que evidencia que algo no funciona del todo bien.

Y es que alcanzar la excelencia en la asistencia oncológica pasa en primer lugar por medir resultados: “Medir la práctica habitual permite establecer un punto de partida y detectar puntos fuertes y áreas de mejora. Debemos además compararnos con nuestros vecinos, pero también con los líderes mundiales, para saber dónde estamos y hasta donde podemos llegar, en un proceso de mejora continua”, indica Vicente Guillem, presidente de Fundación ECO.

En su opinión, la reducción de tiempos de espera, el establecimiento e incremento de controles de seguridad, más información sobre la enfermedad y su tratamiento, el incremento de la formación del profesional sanitario y el trato adecuado y cercano son algunos de los ejemplos de mejora.

También es importante el apoyo de las nuevas tecnologías: “A veces, un par de clics más en la historia clínica electrónica pueden evitar muchos errores y generar mejoras”, dijo Blayney.

‘Benchmarking’

Del mismo modo, la recogida electrónica de datos permite aumentar el conocimiento y ha dado pie a uno de los últimos proyectos de ASCO, CancerLinQ, “mediciones electrónicas que permiten compararse con uno mismo y con otros”, explicó Mohammad Jahanzeb, de ASCO, que calificó este sistema como la culminación de las mediciones realizadas por el sistema QOPI, iniciativa de calidad asistencial de ASCO, que “cuenta con más de 150 variables que se pueden medir, todas desarrolladas por oncólogos, y que permite otorgar una certificación que reconoce un desempeño ejemplar en seguridad y calidad”.

Solo seis países en todo el mundo, además de Estados Unidos, están asociados con ASCO y cuentan con la capacidad de optar a una de esas certificaciones: España, Grecia, Rumanía, Brasil, Pakistán y Arabia Saudí.

No obstante, ASCO ha estado trabajando este año para desarrollar un sistema de evaluación de la calidad asistencial oncológica específico para países de renta baja o media-baja (LMIC, por sus siglas en inglés). “Busca medir el desempeño en ciertas variables básicas en el tratamiento del cáncer, como la calidad de las determinaciones de anatomía patológica y el manejo del dolor”, describió Deirdre O’Mahony, de la Sociedad Irlandesa de Oncología Médica (ISMO, por sus siglas en inglés), que matizó que este modelo “no tiene que ver con la acreditación QOPI, cuyos estándares no se pueden rebajar”.

Medirse en cada fase

Sin embargo, el verdadero objetivo de medir la calidad asistencial debe ser, según Blayney, obtener valor, resultado de la calidad dividida por el coste. Eso sí, “el valor no es una cifra global, debe medirse en cada fase o episodio: diagnóstico y tratamiento inicial, supervivencia, recaídas y final de la vida”. No obstante, si medir la calidad es complejo -”mucho más fácil medir su ausencia”, dijo el experto-, no lo es menos calcular el coste real, que debe incluir los costes indirectos, que varían en cada paciente y episodio, y que han de medirse según paciente y día”.

Según Blayney, una de las utilidades añadidas de medir los costes de esta manera será, igual que con la calidad, la posibilidad de compararse, “detectando variaciones significativas en los costes según las organizaciones o incluso dentro de la misma organización”. Sin embargo, igual que sucede -cada vez menos- con los resultados asistenciales, “las organizaciones no están muy dispuestas a compartir sus costes”.

Reconocimiento a la excelencia

El Oncology Quality Care Symposium ha brindado además un reconocimiento a los hospitales nacionales e internacionales cuyas prácticas asistenciales en Oncología han sido certificadas como excelentes. Así, los servicios de Oncología Médica del Instituto Valenciano de Oncología (IVO), el Hospital General de Valencia, el Hospital Ramón y Cajal (Madrid), el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, el Hospital Central de Asturias y la Fundación Jiménez Díaz (Madrid) han recibido sendas acreditaciones QOPI. También han sido merecedores de este reconocimiento el Contemporary Oncology Team y Medisprof, de Grecia y Rumanía, respectivamente, los otros dos países europeos autorizados a otorgar estas acreditaciones.

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