“El SNS gasta ingentes sumas en fármacos caros e ineficaces”

Jefe del Laboratorio de Histocompatibilidad y Biología Molecular del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario de Salamanca, Ramón García Sanz presidirá hasta 2022 la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEEH). Firmemente convencido del potencial de una especialidad angular en la terapia celular y la medicina personalizada, defiende la financiación pública y el acceso igualitario -de verdad- de todos los españoles a esos tratamientos innovadores.

PREGUNTA. Entre los objetivos de su mandato está el de “redifinir” la especialidad. ¿A qué viene esta necesidad de repensarla?
RESPUESTA. Más que de objetivo, yo hablaría de la necesidad de abrir un debate para dilucidar si conviene hablar más de Hematología yTerapia Celular que de Hematología y Hemoterapia, entendiendo que esta última es terapia celular a la que se le han añadido más posibilidades de tratamiento, no sólo con hematíes o con plaquetas, sino también con células progenitoras, y ahora con células manipuladas, como los T-CAR. Sería, en esencia, un cambio de nomenclatura fundamentada en esos nuevos procedimientos que afectan a muchísimas áreas de nuestra especialidad.

P. En suma, ¿un rebautizo obligado porque el niño ha crecido?
R. Claro, claro, y ese crecimiento ha sido constante. La primera terapia celular que se hizo fue la transfusión; en los años 80 del siglo XX llegamos a las células progenitoras, y ahora ya no sólo de médula ósea, sino también de sangre periférica… De hecho, ya hay algún servicio hospitalario que se llama de Hematología y Terapia Celular, y la Sociedad Española de Transfusión lo es ya de Transfusión Sanguínea y Terapia Celular.

“La equidad en el acceso a este tipo de tratamientos no sólo no es ilusoria, sino que es obligatoria por ley”

P. ¿El hecho de ser una especialidad dual (clínica y de laboratorio) no supone ya una idiosincrasia especial? ¿No les genera cierta esquizofrenia?
R. Más bien al contrario. Esa dualidad está en la base de nuestra especialidad, y precisamente creo que eso hace que sea una de las que más avance: la primera terapia celular se hizo en hematología, los primeros anticuerpos monoclonales utilizados con éxito lo fueron en hematología; el primer trasplante como inmunoterapia, también; los T-CAR son, nuevamente, en hematología… Esa doble vertiente, siempre disponible para nuestros pacientes, nos permite avanzar mucho más deprisa.

P. ¿Tiene la especialidad el peso clínico e institucional que le correspondería en el Sistema Nacional de Salud (SNS) por ese carácter puntero del que habla?
R. En el SNS, sin duda; otra cosa es que la sociedad en general nos conozca suficientemente. Creo que en todos los hospitales donde hay trasplante alogénico, es precisamente el servicio de Hematología el que tiene mayor presupuesto, o el segundo tras Oncología. No hablo de capítulo I [personal], sino de capítulo B (reactivos, fármacos, dispositivos…).

P. ¿No tiene pues la sensación de que la especialidad sea la hermana pobre de la Oncología?
R. Para nada. Lo que pasa es que los oncólogos siempre dicen -y es cierto- que tienen muchos pacientes (cáncer de mama, de pulmón…), pero si hablamos de la célula base como de otro órgano, las hemopatías malignas y los cánceres de sangre y médula ósea ocupan ya la tercera posición. En Estados Unidos, hay anualmente 240.000 cánceres de pulmón, 225.000 tumores de mama y unos 210.000 hemopatías malignas. En definitiva, muchos pacientes, que, además, necesitan a veces terapias de alto nivel científico y de un elevado coste.

“Los hematólogos somos propietarios intelectuales de gran parte de la mejor investigación que se hace en España: las mejores revistas, los mejores impactos están en Hematología”

P. Le mencionaba el peso de la especialidad en el SNS porque llevan tiempo batallando en vano por un Ciber propio de enfermedades hematológicas. ¿Cree que lo verá durante su mandato?
R. Ahora mismo hay muy pocas perspectivas, porque el sistema Ciber no está por la labor, pero seguiremos reclamándolo, y no sólo porque abordemos hemopatías malignas, sino porque también hablamos de hematología, incluyendo coagulación y terapia celular, sin olvidar toda la parte de laboratorio asociada al estudio de la sangre. Sin querer pegarnos con nadie, creo que nuesta aspiración es muy legítima, y viene avalada, además, porque los hematólogos somos propietarios intelectuales de gran parte de la mejor investigación que se hace en este país: las mejores revistas, los mejores impactos están en Hematología.

P. ¿Qué espera -o que deberíamos esperar- del Plan Nacional de Medicina Personalizada que tanto se anuncia y no parece que acabe de llegar?
R. Primero, y primordial, organizar muy bien un sistema que permita el acceso igualitario de todos los pacientes del país a los estudios necesarios para hacer medicina personalizada: los estudios genómicos deben estar bien centralizados para que cualquier paciente tenga acceso al diagnóstico en tiempo y modo adecuado. Segundo, que el médico que lleve a ese paciente, sea en un hospital de primer o de cuarto nivel, tenga la capacidad de poder utilizar ese resultado para decidir cuál es el mejor tratamiento posible. Eso implica incluir en la cartera de servicios del SNS todos los estudios de genómica y hacer una red eficaz de acceso.

“La evaluación de resultados es algo muy novedoso en España, porque aquí, en general, nadie se ha preocupado de la llamada vida real de los tratamientos”

P. Cuando muchas especialidades se quejan de la heterogeneidad asistencial en sus campos, ¿no es un tanto ilusorio pretender que la equidad será factible en terapias tan avanzadas y caras?
R. No es ilusorio, es obligatorio por ley. Es la columna vertebral del SNS, y esa posiblidad existe, desde el mismo momento en que se puede formar una red en la que las muestras de un paciente, esté donde esté, se pueden enviar a un centro de referencia que dé a ese paciente el mismo servicio que le da al de una gran capital, por ejemplo; se trata sencillamente de garantizar el transporte de muestras y el acceso a la tecnología. Pero es que, además, es una responsabilidad del SNS. Desgraciadamente, en muchas enfermedades, esas redes están montadas ahora con apoyo de la industria farmacéutica, y hay que cambiarlo para que la financiación sea pública.

P. ¿Eso implica más dinero, pero también un cambio organizativo y de mentalidad de trabajo?
R. Sin duda, y una de las cosas que habría que desterrar es esa idea que usted apuntó antes de que son tratamientos caros. La medicina de precisión pretende justamente lo contrario: economizar esfuerzos. No tiene ningún sentido gastar 10 ó 15.000 euros en un fármaco para un paciente que luego no da ningún resultado, porque el diagnóstico es incorrecto; eso está pasando en nuestro país: hay tratamientos carísimos e ineficaces, basados en diagnósticos erróneos, que suponen un perjucio para el paciente y una decisión económica fútil.

P. La única pista que tenemos sobre por dónde puede ir el Plan Nacional de Medicina Personalizada es el plan de terapias avanzadas de noviembre de 2018. ¿Es esperanzador ese primer atisbo?
R. Bueno, había un problema y se puso una solución, que es mejorable, pero, por ahora, funciona razonablemente bien. El problema era garantizar a pacientes con patologías muy graves el acceso a un tratamiento muy caro, y se ha hecho un sistema que ajusta un poco el binomio inversión-beneficio, que garantiza una correcta indicación y, en tercer lugar, que permite una evaluación de los resultados, algo que en España es muy novedoso, porque, en general, nadie se preocupaba de lo que se conoce como vida real de los tratamientos; obviamente, en terapias tan caras hay que evaluar si ofrecen al paciente los beneficios que, teóricamente, proporcionan. Ahora queda seguir trabajando juntos y refinar y ajustar el sistema, pero hemos empezado bien.

“En muchas enfermedades, las redes de acceso se financian con capital privado; hay que cambiarlo para que sea público”

P. ¿Hasta qué punto el esperanzador futuro que le augura a la hematología se ve lastrado en España porque la formación MIR siga anclada en 4 años?
R. Ahora mismo lo estamos solventando con formación post-MIR, pero no está tan reglada. Lo lógico es que el MIR en España dure 5 años, como pasa en todos los países punteros de nuestro entorno. Hace 30 años, cuando se configuraron los programas MIR, no existían los avances actuales, y habría que revisar esos programas; creo que habría que hacerlo en varias especialidades, pero, desde luego, en la nuestra un periodo de formación de 4 años para los residentes es marcadamente insuficiente.

P. ¿Se atreve a ejercer de futurólogo? ¿Cómo será la hematología española, y mundial, dentro de una década?
R. Espero que tengamos ya los 5 años de formación MIR que he comentado, y creo que la especialidad tendá curadas ya casi todas las patologías. Cuando yo empecé, hace 20 años, se curaban pocas enfermedades y ahora se curan casi todas; nos queda centrarnos en algunas que son un reto muy importante, como la leucemia aguda mieloblástica; estamos avanzando en su curación, pero el progreso es demasiado lento en comparación con otras enfermedades como el mieloma o el linfoma. Y a eso se añadirá una invasión de la terapia génica que nos permitirá disponer de tratamientos capaces de curar a todos los pacientes con hemofilia, con talasemia, algunos síndromes raros genéticos… De hecho, ahora mismo, ya está aprobado un tratamiento que cura una enfermedad genética como la talasemia.

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