Examen EIR 2020: “Es mi sueño y lo voy a conseguir”

Nervios, vocación y lluvia en las puertas del examen EIR. Casi 12.000 convocados compiten hoy por las 1.463 plazas ofertadas para Formación Sanitaria Especializada en Enfermería.

A las 15.30 (hora peninsular) ha dado comienzo el examen que se celebra en 21 localidades de manera simultánea. Diario Médico ha estado viendo llegar a los opositores que se han ido amontonando, paraguas en mano, en la facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

“Los nervios ahí están, se llevan como se puede”, ríen nerviosas Lucía Almendrá y Carmen María Bravo que acaban de llegar de un pueblo de Ciudad Real junto a sus familias. “Yo además con alguna Valeriana”, se desternilla Lucía. Para ambas es su primera vez, llevan un año entero dedicado a esta oposición, pero se sienten seguras. “Hay que pensar que tenemos todas las papeletas para sacarlo, que si no sale no tendrá que ser, pero desde luego vengo con la conciencia tranquila, por mí no va a ser”, sentencia Carmen María.

Se enfrentan a 4 horas de examen y 175 preguntas, cada una con cuatro opciones posibles de respuesta de las que solo una es correcta. Isabel Carrera es la séptima vez que se presenta y este año es lo que más ha preparado, la habilidad para responder el tipo test. “Me he preparado en IPSE, y me han enseñado a saber qué respuesta es correcta, ya que a veces las preguntas son ambiguas o directamente van a pillar”.

A esta luchadora la acompaña su padre que siempre ha sido un aliado fiel de este momento. Hace tiempo que trabaja en el Hospital de Henares, pero quiere conseguir la plaza de matrona. “No me voy a rendir. Hay gente que alucina con que lleve ya 7 intentos, lo normal sería haber abandono. Sé que es un número alto, pero yo no me avergüenzo, es mi sueño y lo voy a conseguir”.

Si es difícil opositar, más lo es hacerlo con las esperanzas volcadas en esta especialidad, la de matrona, para la que hay 401 plazas, muchas menos que aspirantes.

Sara Bermejo es otra de ellas. Ha llegado la primera a la puerta de la Facultad de Derecho, con su novio, bajo la lluvia y directa de Urgencias, donde le han diagnosticado anginas. “Ayer tuve fiebre, pero parece que con la medicación lo tengo más controlado. Espero pasar el resto del día bien”. Nos cuenta que ahora trabaja en neonatos, pero lo tiene claro, si no es este año, será el que viene. “No pienso abandonar. Obviamente no vengo en las mejores condiciones, y tengo respeto al examen, pero vengo segura”. También para ella ser matrona es un sueño, “es con lo único que me siento plena”.

El buen ánimo se nota, este año la convocatoria les ha traído buenas noticias, un aumento del número de plazas del 34% con respecto al año anterior. El resto de las plazas se reparten en otras cinco especialidades: 46 para Geriatría, 62 para Enfermería del Trabajo, 188 para Pediatrí, 245 para Salud Mental y 521 para Familiar y Comunitaria, la que parece ser la segunda especialidad más demandada. Noelia Benito se presenta con vistas a ocupar una de ellas. “Me gusta la especialidad de Comunitaria porque busco el trato con el paciente, la cercanía”, nos explica.

Algunos lo tienen claro, otros aún no saben qué camino escoger. Es el caso de Enrique Sánchez, que es la primera vez que se presenta. Está tranquilo, ha venido a probar. “Ahora estoy trabajando, pero he querido presentarme para no perder el hábito de estudio”. Una situación muy parecida a la de otro de los pocos chicos que hoy ocuparán las aulas dedicadas al EIR. Se trata de Javier Armendari, que con 22 años, recién licenciado, aunque ya trabajando, ha venido a tantear el terreno. Les diferencia que Javier sí que tiene más clara la especialidad, “seguramente me decante por la pediatría”. Es de los pocos que viene sin academia, ni siquiera online, que le respalde, “he venido por mi cuenta, la verdad es que tampoco me lo he preparado mucho”.

Con o sin especialidad en mente, lo que sí parecen tener todos claro es la necesidad de que enfermería tome otro rumbo y se consideren mucho más estas formaciones. “Enfermería no es café para todos. Eso de que te puedan llamar de cualquier sitio me parece una locura. No siempre tienes porqué estar preparado”, se queja Beatriz Bau, otra de las que aún no tiene clara la especialidad. “No veo ninguna que me apasione; por ahora estoy trabajando en UCI y en pediatría, son muy distintas, así que vengo a probar. No sé a qué me quiero dedicar”.

Se ve a esta nueva generación de opositores con fuerza para luchar y reivindicar, no solo para conseguir una mayor especialización, que les permita un mejor desarrollo de su actividad profesional, sino también para que se valore más su profesión. “No creo que esta sea una profesión valorada. Creo que, con todos los respetos del mundo, cobras menos que otras muchas profesiones no cualificadas”, se queja Sara, “y al final este trabajo implica mucha formación y una enorme responsabilidad, hay que pensar que estamos manejando la salud y la vida de personas”.

Cada vez más nervios en la escalinata empapada de la Universidad Complutense. Las puertas se abren frente a un manto de paraguas solo unos pocos minutos antes de la hora del examen. Para algunos será el año definitivo, para otros solo el primero, y algunos se juegan aquí y ahora el todo o nada en la única oportunidad que se conceden. “Yo no sé si me volvería a presentar. A nivel de conocimientos te viene muy bien, de la carrera sales con alguna carencia, pero a nivel de sacrificio es demasiado para luego jugártelo todo a sí o no”, cuenta Carmen María. Sino intentaré trabajar y seguir formándome, creo que siempre hay que hacerlo, pero no de una manera tan intensa, no me puedo permitir mantener este ritmo de vida”.

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