“Hepatología está donde está sólo por el empuje e iniciativa del profesional”

Director de la Unidad de Gestión Clínica de Digestivo del Hospital Virgen de la Victoria, de Málaga, Raúl Andrade presidirá hasta 2021 la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), una sociedad multidisciplinar que agrupa sobre todo a especialistas en Aparato Digestivo, pero también a internistas, pediatras e investigadores básicos. A todos les mueve una exigencia común: que se reconozca oficialmente su actividad como hepatólogos y que haya una formación reglada como área de capacitación específica (ACE).

Pregunta. El inicio de su mandato coincide con el cuarto aniversario de la aprobación de la Estrategia Nacional de la Hepatitis C. ¿Qué balance hace la AEEH de estos 4 años?
Respuesta. En líneas generales, positivo, con el matiz de que aún quedan cosas por hacer. Desde 2015 se ha avanzado mucho en la eliminación de la enfermedad; se ha tratado a casi 120.000 pacientes en España, y a la mayoría se les ha erradicado la infección, pero urge un nuevo impulso, con la vista puesta en el objetivo que se ha marcado la Organización Mundial de la Salud (OMS) de erradicar la enfermedad en los países desarrollados en 2 ó 3 años.

P. ¿Ese objetivo es viable para España?
R. Lo es, pero no depende sólo de los profesionales, sino de la acción coordinada de todas las comunidades y de una implicación activa del Gobierno central; en definitiva, de la voluntad política del Ministerio de Sanidad de avanzar.

P. El cribado poblacional y la detección y prevención de la enfermedad en grupos de riesgo son dos de los puntos en los que, según la AEEH, urge avanzar. ¿Por qué unas comunidades han hecho los deberes y otras no?
R. Bueno, los deberes como tales, sólo los ha hecho Cantabria. Quizás el hecho de que sea una comunidad pequeña hace que el problema sea más abordable y que en otras, como en la que yo resido [Andalucía], la implantación sea más compleja. Aun así, vemos que tanto al ministerio como a las administraciones autonómicas les falta sensibilidad y predisposición, y eso puede generar discriminación en el acceso al tratamiento. Las autoridades deben concienciarse de que eliminar la hepatitis C no es sólo una necesidad sanitaria, sino que es una inversión que ahorra mucho dinero al sistema. Quizás es más difícil hacérselo ver cuando no existe una presión social como la que hubo en su día con las asociaciones de pacientes.

Al ministerio y a las autonomías les falta sensibilidad para lograr que España elimine por completo la hepatitis C

P. El hepatólogo no vive sólo de la hepatitis C, y la AEEH no se cansa de reclamar una estrategia nacional de enfermedades hepáticas. ¿Les escucha alguien?
R. Me temo que no. Hace dos años, con la anterior junta directiva de la sociedad, iniciamos una campaña que, bajo el nombre de “Hígado sano”, pretendía fomentar la salud hepática. Hace falta que las autoridades, pero también la sociedad en general y otros especialistas que atienden a pacientes con problemas hepáticos, como los endocrinólogos o los médicos de atención primaria, tomen conciencia de la prevalencia e importancia de estas enfermedades. Hay que recordarles que el hígado importa, que puede enfermar, y que puede hacerlo de forma grave.

P. Hepatitis C al margen, ¿dónde están los enemigos más letales del hígado?
R. Pues en las patologías hepáticas emergentes, como la enfermedad hepática grasa no alcohólica, pero también en la enfermedad hepática alcohólica, cuya prevalencia no ha disminuido, y que ha sido relativamente olvidada con la pandemia que ha supuesto la hepatitis C. El cáncer de hígado es otro gran enemigo, ya que a su incidencia y gravedad se une el gran problema que tenemos hoy en España: el Ministerio de Sanidad sigue sin dar el visto bueno a fármacos de segunda línea que ha aprobado sin problemas la Agencia Europea y que ya se usan en los países de nuestro entorno.

El bloqueo a fármacos de segunda línea para el cáncer de hígado es injustificable: ni por su precio, ni por la evidencia acumulada

P. ¿A qué achaca la lentitud del MInisterio de Sanidad en dar ese visto bueno?
R. Más que de lentitud, hay que hablar de negativa, porque directamente nos hemos topado con un “no”. La excusa oficial es el precio de los fármacos, pero eso no nos vale, porque el precio no ha sido un problema en Europa.

P. ¿Si hay evidencia científica y el precio no parece un problema, la aprobación de esos fármacos no debería ser una cuestión de tiempo?
R. El precio sí que parece el principal problema, al menos para el Ministerio de Sanidad. En cuanto a la evidencia, hubo un informe de posicionamiento terapéutico que, en general, fue positivo, pero al final dejaba caer que la evidencia todavía era débil. Ese argumento también nos parece endeble, porque la evidencia les ha parecido más que suficiente a la Agencia Europea del Medicamento, al exigente NICE británico y a la mayoría de los países europeos, por no decir a todos, que ya están dispensando esos fármacos. Lo único que sabemos con certeza es la decepción con la que salimos de la reunión que mantuvimos en su día con los responsables de Farmacia del ministerio.

P. Hablando de decepciones, el decreto de troncalidad reconoció en 2014 el área de capacitación específica en Hepatología que la AEEH llevaba años reclamando. ¿En qué punto estamos tras la suspensión de ese decreto?
R. En un punto preocupantemente muerto. Por muy conscientes que seamos los profesionales que nos dedicamos al hígado de la importancia de nuestra labor asistencial e investigadora, la realidad es que no somos una especialidad, ni un área de capacitación, ni un área de conocimiento… La identificación de los hepatólogos con nuestra especialidad y nuestro alto grado de cohesión interna deben tener reflejo en un reconocimiento oficial y reglado de nuestra actividad. El hecho de ser una ACE nos permitiría, por ejemplo, reclamar camas específicas para Hepatología en todos los hospitales, unidades docentes, recursos homogéneos… y, sobre todo, formar a hepátologos con criterios comunes y exigentes.

Hay hospitales importantes con una estructura hepatológica ridícula en relación con su magnitud y volumen de plantilla

P. ¿Entiendo, pues, que la asistencia hepatológica en España es entonces muy dispar?
R. Sin duda, y tiene que ver con esa falta de reconocimiento y regulación de nuestra actividad. Más allá de iniciativas aisladas de los propios médicos, no hay planificación oficial alguna.

P. ¿Como director de una unidad de gestión clínica, ha predicado con el ejemplo;tiene la Hepatología en su servicio la relevancia que cree que merece?
R. Le aseguro que, al menos, lo he intentado. A principios de los 90 fui pionero en reclamar la creación de una consulta monográfica de Hepatología y, desde entonces, he ido formando a hepatólogos en la medida de mis posibilidades, y siempre con recursos propios del servicio, sin financiación adicional. Hoy somos una unidad con 6 hepatólogos y otras tantas consultas monográficas. Nuestra historia es la de tantos otros servicios de España que se han movido por iniciativa de los profesionales. Hay hospitales catalanes, como el Valle de Hebrón o el Clínico de Barcelona, con mucha y muy sólida tradición hepatológica, y otros, en cambio, que son grandes e importantes, pero que tienen una estructura casi ridícula en comparación con su magnitud y volumen general de profesionales.

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