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Humanización: beneficios en varios niveles

El I Congreso Internacional de Humanización de la Asistencia Sanitaria, organizado por el Proyecto Internacional de Investigación para la Humanización de los Cuidados Intensivos HU-CI y el Hospita Universitario y Politécnico La Fe, de Valencia, ha puesto de manifiesto que apostar por ese proceso permite obtener beneficios a diversos niveles, no solamente en aspectos psicológicos o meramente humanos.

El proceso de donación y trasplante es un ejemplo de que la humanización en el trato y manejo de la situación obtiene grandes resultados a diversos niveles. Según Rafael Badenes, médico adjunto del Servicio de Anestesiología y Reanimación y coordinador de donación y trasplantes del Hospital Clínico Universitario de Valencia, “los profesionales sanitarios podemos ayudar a las familias formando parte de su duelo de manera positiva, mejorando la percepción del trato recibido y estableciendo una relación de ayuda basada en el respeto”.

A ello contribuye que se trata de un ámbito donde la humanización no es un fenómeno reciente y, por ejemplo, “estamos formados en comunicar malas noticias desde hace tiempo” y para manejar unas situaciones donde “afloran los sentimientos” tanto en familiares como en los propios profesionales implicados. También se potencian los “procesos de despedida” de los familiares y amigos durante la limitación del tratamiento de soporte vital en la etapa final de la vida.

¿Y cómo se visualizado todo esto? Badenes ha recordado que “la negativa familiar respecto a la donación va vinculada al trato previo de los profesionales sanitarios” y la realidad es que nuestro país, al margen de ser líder mundial en donación de órganos, también presenta “la tasa familiar de negativas a la donación más baja del mundo“. En su opinión, es una demostración de lo bien que se está trabajando en este campo. Asimismo, ha insistido en que todos estos procesos tienen múltiple impacto y repercusiones, ya que “cuando trasplantamos a una persona, también es como si lo hiciéramos a todo su entorno”.

Humanización 2.0

Por su parte, José Luis Poveda, jefe del Servicio de Farmacia Hospitalaria de La Fe, ha analizado posibles ayudas que permiten profundizar en la humanización de la asistencia. En su opinión, “es evidente que la humanización tiene que ser 1.0, pero en las ocasiones que no sea posible, se debe aprovechar la tecnología 2.0“. Es decir, ser conscientes de que si existe un e-paciente, hay que brindarle herramientas prácticas para su utilización.

Ahí se enmarca la plataforma eDruida (iniciativa para el empoderamiento y la formación de ciudadanos y pacientes en el manejo de medicamentos y farmacoterapia), un recurso de utilidad tanto para los pacientes que estén recibiendo un tratamiento farmacológico como para sus cuidadores y que pretende ser una práctica ayuda para ellos en el manejo de su farmacoterapia. Pero también es un proyecto que se dirige a la población en general y el aprendizaje de un uso adecuado de los medicamentos -condición imprescindible para que alcancen el efecto deseado-, sin olvidar su papel divulgativo dirigido a todas aquellas personas que, sin ser profesionales de la farmacología, estén interesados en ella y quieran aprender sus conceptos fundamentales.

Y los datos expuestos por Poveda avalan su impacto: en dos años de vida, más de 200.000 visitas, 150.000 sesiones y 125.000 usuarios. Poveda también ha destacado que la Unidad Farmacéutica de Pacientes Externos (UFPE) es la auténtica “palanca de cambios” en el ámbito de la humanización de los servicios de Farmacia, sobre todo porque acaba con el mito de que “los farmacéuticos no vemos a los pacientes”.

Buscando oportunidades

Leonardo Romero, médico especialista en Radiología de la Clínica Manchón, en Barcelona, ha expuesto el proyecto Hurra, centrado en la humanización de la sanidad en el ámbito de la radiología, radioterapia y medicina nuclear. Consiste en la necesidad de evolución de los aspectos más humanos y una visión más holística de los cuidados sanitarios en busca del respecto y la dignidad de las personas que concurren a los servicios radiológicos (pacientes, familiares y profesionales), siendo el objetivo detectar aquellos aspectos mejorables que perciben las personas.

Romero ha hecho hincapié en que la especialidad tiene grandes oportunidades para realizar este enfoque, que pueden integrarse en los campos de la investigación, divulgación, docencia y de compatir vivencias. Por ejemplo, “el 80 por ciento de los pacientes que asisten al sistema de salud, pasan por un servicio de Radiodiagnóstico, lo cual nos permite impactar casi en la totalidad de los pacientes“.

Entre los retos que surgen tras el análisis, ha señalado “comunicar los resultados a los pacientes, presentarse, explicar el procedimiento a realizar, crear ambientes amigables de lectura y promover consultorios adecuados para interactuar con los pacientes”, lo cual permitiría combatir la “invisibilidad” del radiólogo y reafirmarse en que “la tecnología es una herramienta, no el fin en sí misma”.

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