“Ignorar al riñón nos ha abocado a un problema de salud pública”

La prevalencia, incidencia y mortalidad asociadas a la enfermedad renal crónica han crecido exponencialmente en la última década. María Dolores del Pino, presidenta de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), cree que la visibilidad e implicación institucional con la especialidad en España no es acorde con la trascendencia de la patología que aborda.

Pregunta. La SEN no se cansa de llamar la atención sobre el progresivo incremento de la patología renal en España. ¿Tan alarmantes son los datos?

Respuesta. Creemos que son tan contundentes como preocupantes. Desde 2006, la prevalencia de la enfermedad renal crónica ha aumentado en un 30%, y su incidencia -es decir, los casos nuevos que necesitan diálisis o transplante- lo ha hecho un 8% en el mismo periodo. Además, los enfermos prevalentes están en un rango de edad de entre 45 y 64 años -es decir, son relativamente jóvenes-, y el 50% de los nuevos casos son personas de 65 años o más. En 2016, la enfermedad renal crónica fue la octava causa de muerte en España y, de las diez primeras de la lista, la que más creció en la última década después del Alzheimer. Son datos suficientemente relevantes para convencer a todos de que los recursos públicos destinados a prevención, atención e investigación deben estar en línea con el peso actual y futuro de la enfermedad.

P. ¿Eso implica, entonces, que aún no lo están?
R. Aún falta mucho para que en este país exista una cultura de enfermedad renal. Código Riñón es una estrategia de prevención e investigación de la SEN que está en línea con el objetivo de adquirir esa cultura, pero hay que trabajar, y mucho, para atajar una patología que a nosotros nos gusta definir como epidemia silenciosa.

“Hay una generalizada conciencia sobre la importancia de cuidar al corazón, pero nadie parece pensar en el riñón”

P. En 2017, la SEN celebró el Día Mundial del Riñón presentando en el Congreso Código Riñón y pidiendo la implicación de todos los partidos. ¿Dos años después se ha notado esa implicación de alguna manera?
R. Bueno, Código Riñón fue aprobado por unanimidad por todos los partidos en el Senado y, al margen de esa declaración, creo que se han hecho cosas. Es verdad que se avanza más lentamente de lo que nos gustaría, pero creo que todos los partidos van tomando conciencia de que hay un problema de salud renal y que urge abordarlo.

P. Hace apenas diez días la SEN volvió a presentar Código Riñón al actual ministerio. ¿Hay que pasar por ese trámite con cada nuevo equipo ministerial? ¿Esa implicación política de la que habla no debería incluir una transmisión de los compromisos?
R. Esa presentación se enmarcaba dentro de los actos del Día Mundial del Riñón y, queramos o no, tiene un valor simbólico institucional. Es verdad que el futuro que nosotros buscamos exige el trabajo efectivo y activo de todos, pero tampoco es baladí que el secretario general de Sanidad [Faustino Blanco] diera un total apoyo a la estrategia, y prueba de ello es la presencia de la ministra en los actos conmemorativos del día mundial.

P. ¿Cómo se puede combatir el silencio de esta epidemia? ¿Cómo equiparar el eco de la enfermedad renal con el que tienen otras donde el nivel de concienciación es más elevado?
R. Es verdad que hay una generalizada conciencia sobre la importancia de cuidar y proteger el corazón y nadie parece pensar en proteger al riñón. Cuando hablamos de epidemia silenciosa no lo decimos por decir, porque tenemos un problema de salud pública: el 40% de los pacientes que tienen algún grado incipiente de la enfermedad no lo saben. Si somos capaces de hacer ver al ciudadano que, cuidando el corazón, cuidamos también el riñón, y que eso implica pautas y hábitos muy sencillos, habremos avanzado mucho.

“Apenas se cumplen el 40% de los objetivos del Interterritorial sobre enfermedad renal, y en 2020 deberíamos llegar al 80%”

P. Pese a que los datos de prevalencia hablen de pacientes cada vez más jóvenes, parece que la enfermedad renal se sigue viendo como una “patología de ancianos”. ¿Puede que esa falsa idea no ayude a dar a la enfermedad la relevancia que merece?
R. Cuando hablamos de prevalencia, lo hacemos siempre de pacientes que están en diálisis o transplante, porque son los datos que tenemos. Aun no existe, y urge, un registro nacional de pacientes en estadios más tempranos: es básico para elaborar el mapa de la enfermedad renal en España, y tener identificados no sólo a los pacientes actuales, sino a quienes podrían desarrollarla por sus factores de riesgo. Ésta es una patología asociada, por supuesto, al envejecimiento, pero también a factores de riesgo evitables, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el sedentarismo, el tabaco… A la necesaria información a la ciudadanía se tiene que unir un trabajo aún más estrecho con atención primaria.

P. ¿Los déficits que detectan en la especialidad son extensibles a la situación de los especialistas? ¿Cómo definiría la salud laboral de la Nefrología española?
R. En líneas generales, buena. Ahora mismo no hay nefrólogos en paro, pero si queremos evolucionar y dar una asistencia de calidad en áreas más específicas, como los cuidados paliativos renales o el tratamiento conservador, obviamente necesitamos más recursos. La atención integral al paciente supone trabajar en equipos multidisciplinares y eso implica tiempo y más especialistas. Además, al finalizar la residencia, hay opciones de trabajo, pero la mayoría en centros de diálisis concertados, es decir, en un área muy delimitada. Es clave que los nefrólogos que ejercen en estos centros se integren en los servicios hospitalarios de referencia, por el bien del paciente, pero también para que el profesional mantenga actualizadas sus competencias.

P. ¿Cómo le gustaría celebrar el Día Mundial del Riñón en 2020; qué aspiran a conseguir en un año?
R. Me gustaría que Código Riñón fuera una realidad efectiva en todas las autonomías y que se cumplieran el 80% de los objetivos recogidos en el documento marco sobre enfermedad renal crónica aprobado en el Consejo Interterritorial en 2015 en el marco de la estrategia sobre cronicidad en el SNS.

P. ¿Cuántos de esos objetivos se cumplen ahora?
R. Apenas llegamos al 40%, así que el objetivo es ambicioso, pero creo que perfectamente posible.

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