La extraordinaria resiliencia del SNS (I)

Opinión
carmenfernandez
Raimon Belenes, gestor y consultor sanitario
Hospital de campaña en Ifema, Madrid.
Hospital de campaña en Ifema, Madrid.

En los 20 años transcurridos de este siglo XXI, la sanidad pública (y parcialmente la privada también) ha sido sometida a niveles de máximo estrés dos veces. La primera al recibir el impacto de la crisis económica a partir del año 2009. La segunda, cuando quizás no se había recuperado totalmente de la primera, al afrontar la pandemia del coronavirus.

La crisis del 2009, generada por una duradera y significativa reducción del gasto y de la inversión, significó, a grandes rasgos, el mantenimiento de la actividad y calidad de los servicios con menos financiación (“más con menos”), en un “modo” que podríamos definir como de mantenimiento de la producción sanitaria.

La actual crisis ha generado un modelo de respuesta diferente (“más con más” es decir, más actividad con más recursos humanos y materiales obtenidos a veces a trancas y barrancas), en un “modo” de reconfiguración profunda.  Ha tenido lugar una súbita transformación de la producción de servicios orientados casi en su totalidad a tratar pacientes afectados por la pandemia.

Los efectos sobre el SNS de la primera crisis se han evaluado sólo parcialmente. Hay cierto consenso sobre un “incremento forzoso” de la productividad con un precio que seguimos pagando: desmotivación profesional, creciente descontento salarial y obsolescencia tecnológica acusada. Por no hablar de los problemas crónicos del SNS (poca orientación a la cronicidad, debilitamiento de la atención primaria, resistencia a la innovación organizativa) que la crisis dejo intactos o agravó.

Raimon Belenes, gestor sanitario.
Raimon Belenes, gestor sanitario.

Cuando apenas se habían recuperado los niveles de gasto público en sanidad que existían al principio de la crisis, aparece la actual pandemia. En esta ocasión también, el SNS ha resistido bastante bien a un precio, hay que decirlo, de un enorme estrés de sus profesionales y de un porcentaje de contagiados demasiado elevado y muy doloroso. La pandemia ha sorprendido a un sistema debilitado, si bien hay que decir que la ola del tsunami pandémico hubiera afectado intensamente a cualquier sistema sanitario. Obviamente con un SNS más recuperado de la crisis anterior, los efectos de la pandemia hubieran sido algo menores.

Tras dejar atrás la primera crisis, el SNS siguió con niveles de financiación inferiores a los países de nuestro entorno. El diferencial de gasto sanitario sobre el PIB, inferior en 1 o 2 puntos al de otros países europeos, se debe esencialmente a los bajos salarios de los profesionales de salud españoles, especialmente en el caso de los médicos. Han continuado actuando con tesón los vectores que guían el incremento del gasto sanitario: mayor esperanza de vida, costosa innovación farmacológica y tecnológica, etc., en cambio, los vectores relacionados con la consecución de una mayor eficiencia tales como la medicina digital, la basada en evidencia, la mayor seguridad clínica, entre otros, no están actuando al día de hoy como moderadores del gasto con suficiente intensidad.

Quizás se podrían sacar algunas conclusiones. Si bien el SNS resistió razonablemente bien la embestida de las políticas de austeridad, ha continuado funcionando de manera inercial, sin apenas cambios profundos y estratégicos que requieren fuertes liderazgos que no han existido, ni a nivel central, ni autonómico. Y eso que las propuestas y recetas tendientes a transformar el SNS, así como el diagnóstico de sus males, están bien estudiadas y gozarían de amplio consenso (no todas, claro está).

 

La pandemia actual ha actuado como un tremendo revulsivo a la estructura y funcionamiento del SNS de manera totalmente imprevisible y casi revolucionaria. Quien hubiera creído hace sólo algunos meses en una transformación radical de la producción hospitalaria, que prácticamente extinguió el modelo de hospital general para sustituirlo por el de centros casi monográficos, con una rápida desespecialización de sus profesionales, triplicando la capacidad de las UCI y con un fructífero acoplamiento entre el sector público y el privado. ¡Y todo ello en muy poco tiempo!

¿Por qué no aprovechamos la experiencia de esta transformación radical impulsada por la urgencia epidemiológica, para planificar un ciclo pausado de reformas, sin el actual dramatismo, tendentes a fortalecer el SNS y adaptarlo mejor a los nuevos retos de la población y de la medicina actual? En el fondo, el SNS ha demostrado ser muy fuerte y tener una gran capacidad de cambio si existen estímulos e incentivos para ello.

La sanidad española ha sido sometida a niveles de máximo estrés dos veces: la crisis económica a partir del año 2009 y la actual pandemia. coronavirus On Raimon Belenes, gestor y consultor Off