La paciencia de los tutores del MIR

El IV Congreso de Formación Sanitaria Especializada-XVI Encuentro Nacional de Tutores y Jefes de Estudios celebrados la semana pasada en Barcelona han devuelto a la actualidad a ese importante colectivo para el presente y el futuro del Sistema Nacional de Salud (SNS). La cita se desarrolló en torno al aprendizaje seguro desde tres ópticas: “Tenemos un buen sistema de formación (…) que nos permite garantizar que el cumplimiento de los programas conlleva seguro un aprendizaje adecuado”;  “para obtener los mejores resultados, hemos de formar a los residentes en un entorno seguro donde sea posible el error sin riesgo, la corrección no punitiva, y la supervisión justa para facilitar la autonomía progresiva sin generar dependencia”, y  “por ética y por responsabilidad social, el aprendizaje ha de ser seguro para los pacientes (…)”.  Garantizar que todo eso sea así recae, en buena parte, sobre las espaldas de los tutores y jefes de estudios MIR, que a pesar de ello siguen, en 2019, pésimamente reconocidos y retribuidos, lo que muestra su gran vocación y su paciencia quasi infinita.

El Real Decreto 183/2008, por el que se determinan y clasifican las especialidades en Ciencias de la Salud y se desarrollan determinados aspectos del Sistema de Formación Sanitaria Especializada, ordenó estas figuras, pero 11 años después sólo 7 autonomías (Castilla y León, Cataluña, La Rioja, Extremadura, País Vasco, Canarias y Andalucía) disponen de decretos específicos. Y únicamente País Vasco y Cataluña les remuneran económicamente algo. En cuanto al tiempo de dedicación exclusiva reconocido, País Vasco, Cataluña y Canarias les conceden 3-5 horas mensuales por residente; Andalucía, 60 horas al año; Castilla y León, un 5% de jornada, y La Rioja y Extremadura recogieron en sus normas que dispondrán de “un número de horas suficientes” pero sin “mermar su labor asistencial”. Sorprende que esos tiempos les permitan hacer frente a todas las funciones de gestión, de seguimiento y evaluación y de relación con los residentes que tienen encomendadas, además de poder formarse de manera continua en habilidades y nuevos métodos docentes.

El sistema MIR es una de las joyas del SNS, efectivamente; pero el trato que reciben sus tutores da buena cuenta de la importancia que se le da a la formación médica especializada y del grado de interés de la Administración sanitaria por ella.

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