La toxina botulínica mejora las complicaciones en las grandes hernias

Uno de los temas tratados es el manejo presente y futuro de la toxina botulínica en este campo, detectándose que el éxito de las posibilidades actuales, sumado a las expectativas y el avance en la investigación, auguran que continuará jugando un papel fundamental, según ha señalado a Diario Médico Tomás Ibarra, responsable de la Clínica de Reconstrucción de Pared Abdominal del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, en Guadalajara (Méjico).

Para Ibarra, en la actualidad “tiene un conocimiento y manejo mundial en pared abdominal para grandes hernias y, de hecho, posibilita el cierre de esos enormes defectos que en el pasado daban miedo. Además, ello se produce con menos complicaciones en situaciones como hipertensión abdominal, insuficiencia respiratoria…que pueden causar el fallecimiento del paciente”. Sumada a una muy buena evolución y la escasez de complicaciones registradas, “la recurrencia de esas hernias presenta una tasa muy baja -menos del 5% en su equipo-, lo cual es un dato más a favor de la toxina”. En opinión de Ibarra, “las nuevas aplicaciones están por venir, pero en pared abdominal es algo que va a crecer exponencialmente en esta década. En la práctica, cualquier tipo de hernia de pared abdominal (compleja, con pérdida de domicilio, inguinoescrotal gigante, diafragmática gigante, etc.), podrá beneficiarse de su manejo”.

Más investigación sobre las indicaciones de la toxina botulínica

Para potenciar ese crecimiento y consolidarse como indicación en pared abdominal, el experto ha insistido en que es necesaria más investigación. “Aunque el manejo sí está extendido, ya que en muchos países del mundo se utiliza, todavía falta un poco de investigación sobre todo para aquellos que se rigen más por los ensayos clínicos que por la práctica. No obstante, los existentes son completamente reproducibles y, hasta la fecha, van en la línea de lo que publicamos en 2009“, comenta.

En esta misma línea de avance, ha señalado que se está trabajando en concretar y definir las dosis para cada paciente, “ya que no es lo mismo hacer una aplicación en una persona musculosa que en otra con menos masa muscular”.

Como muestra de la progresión en este campo, también ha señalado que la primera técnica que se utilizó para aplicar la toxina fue electromiografía, “pero era molesta porque había que pinchar el abdomen en varios sitios y después hacerlo con guía somnográfica o tomográfica”. Por ello, ahora apuesta por hacerlo con referencias anatómicas “para hacerlo más sencillo”. También destaca el manejo tecnológico para optimizar su resultado, al emplear el TAC “para verificar el efecto de la toxina”. En concreto, se realiza una basal antes de aplicarla y “al mes para ver evolución”.

 

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