La vacuna universal de la gripe está más cerca que nunca

“Cien años después de la pandemia de 1918, aún no sabemos qué virus gripales tienen la capacidad de saltar la barrera entre especies y convertirse en una cepa letal para los humanos”, recuerda Robert G. Webster, virólogo del Hospital Infantil Saint Jude, en Memphis. Webster, que se crió en una granja en Nueva Zelanda, ha pasado una buena parte de sus 86 años estudianto al patógeno. Sus investigaciones ya demostraron que las aves acuáticas son un gran reservorio natural del virus; junto con cerdos y murciélagos considera que serán “el origen de los próximos brotes de la enfermedad”. El experto ha participado en el simposio internacional organizado por la Fundación Ramón Areces y la Universidad CEU San Pablo, en Madrid, con motivo del primer centenario de la pandemia de la gripe española.  Webster recuerda que el reordenamiento o combinación de genes de los virus de diferentes especies -lo que genera una nueva cepa más difícil de controlar para el sistema inmune- está detrás de las grandes epidemias gripales del último siglo; la más reciente, en 2009, conocida como la gripe A, estuvo causada por una cepa del subtipo H1N1 procedente de virus porcinos, aviares y humanos.

El “pato troyano”

Entre las medidas que propone para controlar a estos virus, Webster menciona desarrollar pollos resistentes a la gripe. Sus investigaciones en patos -acuñó el término “pato troyano”, en alusión a que estas aves albergan y transmiten el virus sin enfermar- revelaron que el gen RIG-I les confiere resistencia al virus gripal. “Mediante ingenería genética podríamos extender esa resistencia a los pollos”, sugiere. Otra forma de control “más realista”sería la vacuna universal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) emite dos veces al año recomendaciones para la composición de la vacuna contra la gripe estacional. Disponer de una inmunización que alcanzase a todos los virus reduciría esa incertidumbre. Y en eso trabajan algunos equipos científicos en todo el mundo.

Las aves, cerdos y murciélagos serán el origen de los próximos grandes brotes de esta enfermedad infecciosa

Entre ellos, se encuentra el de Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Patógenos Emergentes y Salud Global en el Hospital Mount Sinai, de Nueva York. García-Sastre ha sido uno de los coordinadores del simposio internacional.
Hace más de diez años, el microbiólogo burgalés participó, con otros investigadores, en la reconstrucción del virus causante de la pandemia de la gripe española. “Las técnicas de ingeniería genética que empleamos entonces para obtener el virus del 18 son las mismas que usamos para generar un virus vacunal en nuestra estrategia hacia una inmunización universal”, apunta.

Adolfo García-Sastre colabora con los grupos de Peter Palese y Florian Krammer, todos en el Mount Sinai, en la obtención de una cepa universal con la que preparar la vacuna contra la gripe. Buscan “inducir anticuerpos contra la zona conservada de la hemaglutinina que normalmente no genera muchos anticuerpos. Obtener niveles altos de esos anticuerpos, supondría conseguir protección contra cualquier virus de la gripe: por lo menos, contra todos los que conocemos ahora y los que han existido en los últimos cien años”.

Los anticuerpos contra el tallo de la hemaglutinina son la clave en una estrategia para alcanzar protección contra cualquier virus de la gripe

La forma conservada a la que alude este experto es el tallo de la hemaglutinina, una proteína espicular que se encuentra en la envoltura del virus y resulta clave para el proceso de infección. “Tanto el contacto con el virus como la vacunación estacional inducen pocos anticuerpos frente al tallo. La mayoría de los que se generan actúan contra la cabeza de la hemaglutinina. Estos anticuerpos funcionan bien para prevenir la infección frente a virus homólogos, pero cuando el virus muta, pierden eficacia. Nuestro objetivo es conseguir anticuerpos contra el tallo al mismo nivel de los que se logran contra la cabeza de la hemaglutinina”.

Además de la hemaglutinina, la neuraminidasa es otra de las proteínas mayoritarias en la superficie del virus gripal. “Creemos que es importante y en las vacunas que estamos desarrollando también buscamos inducir anticuerpos frente a esta proteína. No hemos encontrado muchos anticuerpos capaces de unirse a los diferentes tipos de neuraminidasa -hay nueve- y obtener un antígeno que induzca anticuerpo para todos ellos. Nos hemos centrado fundamentalmente en N1 y N2 contra los que creemos que podemos obtener una respuesta universal”.

Ampliamente neutralizantes

La estrategia del Mount Sinai, en cierto modo similar a la de los anticuerpos ampliamente neutralizantes que se investigan en la infección por VIH, ha obtenido muy buena protección en modelos de ratón y hurón. Ahora está en la fase I de ensayo clínico. “Tenemos que descartar potenciales efectos adversos y confirmar la seguridad. En principio, nada nos hace pensar que haya problemas, puesto que son vacunas parecidas a las estacionales. De hecho, se puede utilizar la misma tecnología de producción -huevo, tejidos celulares-, lo que también facilita una eventual aprobación de las agencias reguladoras”.

García-Sastre reconoce que la consecución de la vacuna universal es un proceso largo, “en el que se va a necesitar mucha financiación” y grandes dosis de paciencia para evitar posibles daños. No obstante, confía en que dará sus frutos.

El triunfo de la propaganda

La letalidad de la gripe de 1918, que se cobró unos 40-50 millones de muertos en todo el mundo, se explica solo por una conjución de hechos fatales, afirma Anton Erkoreka, del Museo de Historia de la Medicina de la Universidad del País Vasco. El experto aúna las tres hipótesis más sólidas sobre el origen de la pandemia: la proliferación de campos militares estadounidenses; los frentes de guerra en Europa, que desde 1916 avanzan con soldados hacinados en las trincheras, y la multitud de epidemias gripales que vivió China en 1917, desde donde además se desplazan trabajadores para nutrir de mano de obra un Occidente exhausto por la guerra. Todo ello contribuyó a esta catástrofe sanitaria, al margen de una mutación letal del virus. Erkoreka arremete contra la propaganda militar, “cuyas imágenes han llegado incluso a nuestros días, pues no pocas veces ilustran reportajes sobre la gripe de 1918. La propaganda militar logró su objetivo de engañar la percepción de la pandemia”.

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