La vacunación de los sanitarios, un cordón de seguridad para todos

Autocuidado
Redaccion
Inmunización
Ilustración vacunas
Las vacunas son un cordón de seguridad ante la sociedad

Una vacuna frente a la Covid-19 se presume como una salida a la pesadilla que vive el mundo en estos momentos casi distópicos y, sin embargo, los profesionales sanitarios tienen a su disposición otras vacunas a las que dan la espalda mucho más de lo deseable. “Su inmunización es un ejercicio de ética, responsabilidad y ejemplaridad”, clama Federico Martinón, coordinador de la Unidad de Investigación en Vacunas y el Grupo de Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría (Genvip) del Instituto de Investigación de Santiago.

Las razones fundamentales son que tienen un elevado riesgo de contraer una de estas enfermedades prevenibles y que las vacunas no sólo significan su protección, sino también la de sus compañeros, sus pacientes y sus familias. “Es un cordón de seguridad ante la población más vulnerable y en general toda la sociedad”, enfatiza este investigador clínico.

Los datos de cobertura en personal sanitario que mejor se conocen son los correspondientes a la vacuna de la gripe, muy lejos del objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud del 75%. El Gripómetro de este año indica que fue del 41,8%, lo que implica un aumento importante con respecto a años anteriores, siempre por debajo del 35%.

Un estudio reciente en Cataluña (Vaccine 2020 Feb 13: pii: S0264-410X(20)30118-3) mostraba que sólo el 70% de los trabajadores sanitarios estudiados tenía protección frente a la difteria y en los mayores de 55 años sólo alcanzaba el 30%. Asimismo, se ha observado que con frecuencia los nuevos brotes de sarampión se extienden primariamente en los profesionales que atienden a estos pacientes. Está claro, por tanto, que la vacunación de los sanitarios tiene todavía mucho recorrido.

Algunos factores determinantes son la baja percepción del riesgo, o incluso la falsa sensación de inmunidad, un conocimiento insuficiente de los beneficios y la pobre organización de las políticas de vacunación: “Hay muchos motivos, una información, sensibilización y formación inadecuadas, dejación por parte de las autoridades sanitarias y colegios profesionales, y una falta de ética y de compromiso del profesional con los pacientes”, opina Martinón.

Vacunarse es un ejercicio de ética y responsabilidad

Que los profesionales sanitarios tienen mayor probabilidad de infectarse por estar en contacto con pacientes o con material potencialmente infeccioso es una realidad, pero además deben tener en cuenta que pueden desarrollar una infección leve o asintomática con capacidad para transmitirla a los demás. Otro argumento a favor de la inmunización y que no es baladí es el de predicar con el ejemplo. Está demostrado que la confianza de los profesionales de la salud en la vacunación influye en la concienciación de la población.

El profesional ha de tener su calendario vacunal completo y al día, aunque la recomendación del Ministerio de Sanidad es que todo el personal sanitario se vacune frente a la gripe, sarampión, rubeola y parotiditis (triple vírica), tétanos y difteria, hepatitis B y varicela.

Por otro lado, están las vacunas indicadas en ciertas situaciones, que son las de la poliomielitis, enfermedad menigocócica invasora, tosferina, hepatitis A y fiebre tifoidea. Son situaciones condicionadas por la situación epidemiológico o el riesgo inherente al puesto de trabajo y el grado de exposición; la vacuna frente a enfermedad meningocócica, por ejemplo, está exclusivamente indicada para profesionales con alto riesgo de exposición, fundamentalmente aquellos que trabajan o están en contacto con microorganismos, como es el caso del personal de laboratorio.

Gripe, triple vírica, tétanos y difteria, hepatitis B y varicela, las principales vacunas del sanitario

Como soluciones, los expertos plantean mejorar el conocimiento desde etapas tempranas de la formación, aumentar la formación continuada en vacunas o incrementar los programas vacunales específicos para los sanitarios. Federico Martinón habla de asociar la inmunización a incentivos e incluso medidas regulatorias y disciplinares.

El coordinador de Genvip reconoce que la especialización en este campo es compleja y requiere dedicación, lo que contrasta con “la cantidad de charlatanes y opinadores que hablan con pseudoautoridad sobre estos temas”. En este sentido, subraya que ni twitter ni los blogs ni las revistas de opinión son fuentes de evidencia científica, “pero el daño que algunos malos profesionales hacen desde estas plataformas es abominable”, ante lo que califica de “dejadez” de las autoridades científicas y los colegios profesionales.

La inmunización frente a enfermedades prevenibles es un acto de responsabilidad que no deben eludir los profesionales. Por el bien de todos. Off María R. Lagoa Autocuidado Off