Laureano Molins : “Hoy se percibe el cáncer de forma más normalizada”

PREGUNTA. ¿Es el cáncer de pulmón el que le llevó a acercarse a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC)?
RESPUESTA. Sin duda. Me incorporé hace cinco años, cuando me propusieron ser miembro del comité técnico que asesora a la asociación en temas médicos. A partir de ahí me fui animando: entré en la junta provincial, me impliqué también en temas organizativos y hace un año me nombraron presidente de la AECC de Barcelona.

P. ¿Cómo explicaría la tarea de la AECC?
R. Luchar contra el cáncer desde tres vertientes: ofreciendo acompañamiento y soporte al enfermo y a su familia de forma gratuita; informando y sensibilizando a la sociedad sobre la enfermedad y sus factores de riesgo, y fomentando la investigación mediante la financiación de proyectos. La primera de estas tres ‘patas’ nos llena de orgullo, porque proporcionamos ese soporte que no puede dar la medicina, sea pública o privada. Me refiero al apoyo psicológico que brinda nuestro equipo de psicooncólogos, la atención social, la orientación médico-sanitaria y la educación en temas como la nutrición o la actividad física. Y para ello contamos con el nuevo Espacio AECC en Barcelona, un edificio amplio, abierto y acogedor, donde el paciente y su familia se relacionan con personas que viven la enfermedad con ánimo positivo.

“La AECC financia 334 proyectos, con una inversión de 56 millones, 22 de ellos a 82 estudios en Cataluña”

P. ¿Qué tipo de proyectos de investigación financian?
R. De todo tipo y en todo tipo de cáncer, siempre que sean de calidad. A nivel estatal financiamos 334 proyectos, con una inversión de 56 millones de euros, de los que 22 se destinan a 82 estudios en Cataluña.

P. Aparte de la campaña de cuestación y del sorteo espacial de Lotería, de carácter anual y bien conocidos por todos, ¿cómo captan los recursos?
R. En el caso de Barcelona tenemos la suerte de que el grueso de los ingresos, el 63 por ciento, proviene de nuestros socios, más de 35.000, con una media de 103 euros. Es muy significativo, además, que entre 2008 y 2018, en plena crisis, el número de asociados no descendió, sino que aumentó ligeramente. Nuestros socios y voluntarios, más de 1.500, son nuestra principal fortaleza. También recaudamos otro 15% en actos públicos, como colectas, marchas o cenas solidarias. Y luego ingresamos un 15% de empresas privadas, un 10% de donaciones y herencias y un 3% de financiación pública. Viendo estos números, es evidente que nos esforzamos en incrementar la contribución pública y de empresas.

P. En todo caso, existe una mayor sensibilización social por el cáncer que por otras patologías…
R. Creo que sí, pero no hay que perder de vista que no hace tantos años se escondía la enfermedad. Hoy ya no existe aquel estigma. Uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres la padecen durante su vida, y afecta a muchas familias, que la perciben de forma más ‘normalizada’, por así decirlo. Y toda la sociedad conoce la importancia de adoptar hábitos saludables y de desterrar los que no lo son. El tabaco, por ejemplo, que es el responsable del 30-40% de todos los casos.

“Nuestros socios y voluntarios, más de 1.500, y los benefactores son nuestra principal fortaleza”

P. Usted es un defensor tenaz de la prevención mediante programas de cribado. ¿Son suficientes los establecidos?
R. Hay que avanzar. Siguiendo con el tabaco, con una de las leyes antitabaco más avanzadas de Europa perdura un 25-28% de fumadores. Y de ellos, la mitad sufrirán cáncer de pulmón, de laringe, patología cardiovascular, respiratoria, etc. El reto persiste. Gracias a los programas de cribado del cáncer de mama, bien establecidos desde hace años, la supervivencia ha pasado del 60 al 85-90%. Y también está mejorando el cribado del cáncer de colon, mediante programas de detección de sangre oculta en heces. Su efectividad, no lo olvidemos, se certificó en un estudio liderado por Antoni Castells, del Hospital Clínico de Barcelona, con financiación de la AECC. En el resto de tipos de cáncer, como el de pulmón, la cosa va más lenta, porque el cribado poblacional debe demostrar eficiencia en coste-beneficio: aparte de beneficiar a la persona individual, debe reducir la mortalidad o aumentar la supervivencia del conjunto.

P. ¿No ocurre eso con el de cáncer de pulmón?
R Sí ocurre. Dos ensayos han confirmado que, mediante una tomografía a las personas de riesgo, de 50 a 75 años y fumadoras o exfumadoras de un paquete al día durante veinte años –o de dos paquetes durante diez años-, se consigue disminuir la mortalidad. En el estudio norteamericano National Lung Screening Trial, publicado ya en 2011, la mejora de la supervivencia fue del 20%. Y en el ensayo europeo, el Nelson, de 2018, subió al 30%, llegando al 45% en mujeres. Son resultados contundentes y, de hecho, una directiva europea insta a implantar este cribado cuanto antes, pero no se está haciendo.

“Los tumores de pulmón que se detectan por cribado logran la misma supervivencia que los de mama”

P. Volvemos, entonces, al coste-beneficio…
R. Así es. Se aduce que sólo se detectan dos casos por cada cien tomografías computarizadas (TC), pero hoy el 80% de casos los diagnosticamos en estadios avanzados. No los podemos curar, pero los tratamos con quimioterapia, radioterapia y ahora con inmunoterapia, también con un coste elevado. Así hemos conseguido pasar, en veinte años, de una supervivencia media de 8 meses a 25 meses. En cambio, curamos a la mitad de ese 20% que podemos operar, y de los que se detectan por cribado, al 90%: la misma supervivencia que en cáncer de mama. El beneficio es claro, pero es difícil hacerlo entender a la sociedad y a las administraciones… Aunque ahora el Departamento de Salud de Cataluña parece dispuesto a implantar un programa piloto de deshabituación tabáquica seguido de cribado.

P. Por último, ¿cree que las terapias dirigidas y la inmunoterapia cambiarán el pronóstico del cáncer?
R. Ya lo están haciendo en los pacientes de muy mal pronóstico. Lo ideal es erradicar la enfermedad, pero si no es posible el objetivo es cronificarla. En todo caso, si volvemos al coste, la inmunoterapia añade un ‘cero’ al de la quimioterapia. Y debe de ser así, porque ocho de cada diez cánceres de pulmón, páncreas y esófago, los más agresivos, los diagnosticamos tarde. Eso implica investigar y avanzar en nuevos tratamientos. Pero reitero que, si los detectásemos antes, aumentaríamos las posibilidades de curación y aplicaríamos menos tratamientos.

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