Los colirios neuroprotectores demuestran eficacia en la retinopatía diabética

Los pacientes con retinopatía diabética en sus estadios iniciales tienen ahora la posibilidad de un nuevo tratamiento que los protege de la degeneración neuronal de la retina. Un trabajo dirigido por Rafael Simó, jefe del grupo de investigación en Diabetes y Metabolismo del Instituto de Investigación Valle de Hebrón (VHIR) y cuya investigadora principal es Cristina Hernández ha demostrado que la administración de colirios neuroprotectores es efectiva, ya que consiguen llegar a la retina y actuar sobre las neuronas evitando su degeneración. Los resultados del ensayo se han publicado en la revista Diabetes.

Hasta ahora, cuando a un paciente le diagnosticaban retinopatía diabética no le quedaba más que esperar al desarrollo de la enfermedad. Así tenía que intentar controlar los niveles de glucemia y la presión ocular y cuando la patología estaba ya avanzada, someterse a tratamientos agresivos como inyecciones intraoculares o cirugía con rayos láser. “Estos no se pueden ofrecer cuando el paciente no tiene una afectación importante de la agudeza visual. Nosotros hemos demostrado que con estos colirios en estadios incipientes se puede evitar o retrasar al máximo la ejecución de estos otros tratamientos más agresivos”, señala Rafael Simó.

La eficacia de estos colirios ya había sido demostrada en modelos animales, pero hasta la fecha no se había llevado a cabo ningún ensayo clínico con humanos. Ahora el proyecto europeo Eurocondor que dirige Rafael Simó y que contó con una financiación de 6 millones de euros y la participación de 17 hospitales, universidades y centros de investigación, ha servido para evaluar si la administración tópica en pacientes humanos era eficaz.

En el estudio han participado un total de 450 pacientes con edades entre los 45 y 75 años con diabetes desde hacía 5 años o más, a los que se dividió en tres grupos de tratamiento con colirio: placebo, brimonidina y somatostatina. El seguimiento de estos pacientes se realizó durante dos años. “En estados incipientes se pensaba que la aplicación tópica de cualquier agente no era capaz de llegar a concentraciones farmacológicas suficientes en la retina. Y esto se ha demostrado que es falso, que quizás es lo más importante que ha hemos logrado con este estudio”, apunta Rafael Simó.

Alta prevalencia

La retinopatía diabética es una enfermedad que afecta al 30% de los pacientes diabéticos, siendo más virulenta y agresiva en los que tienen diabetes tipo 1. Teniendo en cuenta que las cifras de pacientes con diabetes no dejan de crecer, resulta evidente la importancia de poder desarrollar tratamientos para esta patología que es la principal causa de ceguera en la población en edad laboral en los países desarrollados.

La eficacia como tratamiento preventivo de los colirios neuroprotectores supone toda una transformación en el abordaje de esta enfermedad, que también se está redefiniendo gracias a trabajos previos del equipo de Rafael Simó. “Se está revolucionando el concepto de retinopatía diabética y de hecho la Asociación Americana de Diabetes ha cambiado su definición, pasando de ser una enfermedad meramente vascular a una neurovascular, un punto en el que nosotros llevamos incidiendo desde hace años”.

Así por ejemplo Simó considera que habría que realizar cambios en el cribado de esta patología. Hasta la fecha su diagnóstico se realiza por medio de un retinógrafo que comprueba el árbol vascular. Pero como el equipo de Simó ya ha demostrado antes, ya existe una degeneración de las neuronas de la retina antes de que pueda detectarse la afectación microvascular en el examen oftalmológico. “Habrá que ver por tanto la neurodegeneración de la retina y a partir de ahí empezar con los tratamientos neuroprotectores”.

¿Tratamiento preventivo?

 La aplicación de estos colirios neuroprotectores podría también plantearse como una medida preventiva en pacientes con diabetes, debido al riesgo que tienen de desarrollar la retinopatía. Sin embargo, el enorme volumen de estos desaconseja por el momento esta práctica. “No sé si el sistema sanitario podría soportar un tratamiento preventivo a gran escala y todavía hacen falta más estudios que confirmen nuestros hallazgos. Pero a los primeros indicios de padecer la enfermedad sí que se podría empezar con el tratamiento y esto nos permite reducir la población diana”.

Ahora que se ha logrado demostrar su eficacia, se abren nuevos caminos por explorar en el desarrollo de estos colirios. Uno de ellos, enfocado claramente a mejorar su dosificación y permitir una más fácil adherencia al tratamiento. “En nuestro ensayo eran necesarias dos aplicaciones diarias y esto hace difícil su continuidad, porque muchas veces el paciente se olvida”, explica Simó, quien considera que sería necesario llevar a cabo programas pedagógicos y de refuerzo educacional en el tema de la diabetes y sus complicaciones para que estos pacientes no dejaran la medicación.

“También podría mejorarse la formulación y hacer que solo sea necesaria una aplicación diaria. Otras vías sería explorar las formulaciones de larga duración y que se administre una vez a la semana o lentillas por la noche que se fueran disolviendo. Todo eso se podría mejorar”. Aunque el ensayo clínico se centra en la retinopatía diabética, el hecho de tratarse de colirios neuroprotectores permite pensar que otras enfermedades caracterizadas por una degeneración de las neuronas de la retina también podrían aprovecharse en un futuro de este tratamiento, como por ejemplo el glaucoma.

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