Más allá del riesgo cardiovascular

La hipercolesterolemia es uno de los principales factores de riesgo, presente en casi el 50 por ciento de la población española y sólo por detrás de la HTA en cuanto a prevalencia. Como explica Jesús Millán, jefe del Servicio de Medicina Interna y director de la Unidad de Riesgo Cardiovascular del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, “aunque su prevalencia depende en gran medida de los grupos de edad y del género, en términos generales roza el 50 por ciento de la población. Pero, si cabe, es más importante señalar que sólo el 50 por ciento de los afectados están tratados, y que de ellos, sólo la mitad tiene cifras de colesterol controladas, de acuerdo con su nivel de riesgo individual. Si consideramos que se trata de un agente causal de enfermedades cardiovasculares, es fácil deducir que existe un gran margen de mejora para controlar este factor. Además, existen poblaciones de especial complejidad: origen familiar, dislipemias combinadas, intolerantes a fármacos convencionales, enfermos pluripatológicos y con comorbilidad, etc.”.

Las cifras en España son parecidas o algo inferiores a los países de nuestro entorno

Según Carlos Escobar, médico adjunto del Servicio de Cardiología del Hospital La Paz, de Madrid, los estudios epidemiológicos muestran que, a nivel poblacional, las cifras de colesterol en España son similares e incluso algo inferiores a las de los países de nuestro entorno, “pero este patrón puede cambiar en los próximos años, teniendo en cuenta la dieta que se sigue en la actualidad en nuestro país, el sedentarismo y el sobrepeso y la obesidad. Los datos de prevalencia varían dependiendo principalmente del punto de corte que se considere, pero globalmente se estima que está entre el 30 y el 50 por ciento de la población adulta, cifra que es más elevada en aquellos pacientes que ya han tenido un evento cardiovascular. Sin embargo, existen importantes variaciones entre CCAA, siendo más frecuente la hipercolesterolemia en comunidades como Canarias y Murcia, y menos en Cantabria y Asturias”.

Frecuencia por edades

En cuanto al perfil del paciente, Escobar destaca que esta enfermedad es muy frecuente tanto en edades medias como avanzadas. “Además, es bastante común que estos pacientes tengan asociados otros factores de riesgo, lo que multiplica las posibilidades de eventos cardiovasculares. De hecho, estudios como el Lipycare ya mostraron hace una década que en la población española, aproximadamente la mitad de los sujetos con hipercolesterolemia tenían un riesgo cardiovascular (RCV) alto o muy alto, y posiblemente esto sea peor en la actualidad, debido al estilo de vida. Por ejemplo, el seguimiento de la dieta mediterránea es francamente mejorable, incluso en pacientes de mayor riesgo como los de cardiopatía isquémica, como recientemente ha demostrado el estudio Europaspire V. Asimismo, hay un porcentaje no despreciable que ni siquiera sabe que tiene el colesterol elevado al no hacerse controles analíticos, así que no es de extrañar que haya pacientes que se enteran de que tienen unas cifras elevadas cuando ya han padecido un infarto”.

Vicente Arrarte, presidente electo de la Sección de Riesgo Cardiovascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), afirma que, si bien la prevalencia se ha mantenido en niveles similares en los últimos años, el aumento de la obesidad y de la diabetes viene asociado con trastornos lipídicos, lo que implica una necesidad de control más estricto.

El actual patrón alimenticio en España hace prever un aumento de la prevalencia

Para Vivencio Barrios, médico adjunto del Servicio de Cardiología del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, las perspectivas de futuro no son especialmente positivas por varias razones: “La población sigue una dieta cada vez menos adecuada; se está abandonando la clásica dieta mediterránea que tantos beneficios reporta, y se está incorporando una dieta que procede de Estados Unidos y que no es, desde luego, la más sana. Se nota que ha habido un mayor interés por el ejercicio físico, aunque todavía las tasas de sedentarismo son altas”.

“Además -añade Barrios- hay otro factor muy importante y es que el concepto de hipercolesterolemia puede ir variando con el tiempo, porque sabemos que cuanto más bajo se tenga el colesterol más beneficios tiene para la salud; por tanto, cifras que antes no exigían un tratamiento ahora se consideran inaceptables. Esto nos va a llevar a que cada vez haya más pacientes que tengan un colesterol por encima de lo deseable por lo que al final, secundariamente, la hipercolesterolemia va a aumentar, incluso aunque las cifras de colesterol no lo hagan. Creo que la tendencia es que cada vez haya más pacientes con hipercolesterolemia y con tratamiento para reducir sus niveles”.

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