Más de 40 vacunas aspiran a combatir el coronavirus en tiempo récord

Medicina Preventiva y Salud Pública
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Investigación
El Centro Nacional de Biotecnología investiga una vacuna que contenga el virus inactivado.
El Centro Nacional de Biotecnología investiga una vacuna que contenga el virus inactivado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), con fecha 20 de marzo, contabilizaba 44 vacunas en desarrollo frente al coronavirus: 42 en fase preclínica y dos en clínica. La lista de posibles candidatas para prevenir la infección por SARS-CoV-2 y la enfermedad denominada Covid-19 no para de crecer; de hecho, aún son más los centros de investigación y las empresas que han comunicado que trabajan en una vacuna aunque todavía no tengan un prototipo. 

Entre los promotores hay grandes farmacéuticas, como Johnson&Johnson, GSK, Sanofi, y Pfizer. Pero los proyectos más avanzados son los de la estadounidense Moderna, en alianza con los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por su siglas en inglés), y la biotecnológica CanSino, junto con el Gobierno chino. En Europa suena con fuerza la propuesta de la alemana CureVac y en España todas las miradas están puestas en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), que podría presentar su candidata antes de que finalice abril

No solo sorprende el número de aspirantes sino la velocidad con la que avanza la investigación. El objetivo: cumplir con los plazos más optimistas de desarrollar una vacuna en 12 a 18 meses.

El que las autoridades chinas compartieran en enero la secuencia genética del nuevo virus ha hecho mucho por que pueda ser posible. También el trabajo previo frente a los coronavirus causantes de los brotes del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), interpreta la Coalición para la Innovación en la Preparación de Epidemias (CEPI). Esta organización sin ánimo de lucro con sede en Oslo (Noruega), lidera muchos de los esfuerzos para financiar y coordinar el desarrollo de estas vacunas. 

Mientras Moderna se basa en estudios anteriores sobre el MERS, la también estadounidense Novavax, especializada en vacunas de subunidades (con partes específicas de los gérmenes) está reutilizando las vacunas contra el SARS, y declara tener listos varios candidatos para comenzar de forma inminente los ensayos en humanos.

Primera vacunada

La semana del 16 de marzo fue trepidante en noticias sobre vacunas. Ese mismo lunes parecía que la solución llegaría de Estados Unidos. Jennifer Haller, una mujer de 43 años, pasaba a la historia al convertirse en la primera persona en inocularse una vacuna frente al SARS-CoV-2. Era la candidata ARNm-1273, basada en ARN mensajero de Moderna.

Esta tecnología traduce las instrucciones de ADN para crear una respuesta inmunitaria. “ARNm-1273 incluye los genes que codifican la espícula S, que es la proteína de superficie del virus de la Covid-19”, explica José Antonio Navarro, jefe del Servicio de Prevención y Protección de la Salud de la Consejería de Salud de Murcia. “A priori, dado que la espícula S es la responsable de la entrada en la célula del huésped para que el virus ejerza su efecto nocivo, la efectividad sería alta siempre que no aparezca una mutación significativa de los genes que la codifican”, interpreta el experto.

Guerra entre países 

La pugna por sacar una vacuna ha pasado a convertirse en una competición entre países y regiones. De momento, la diferencia entre Estados Unidos y China es apretada. Más rezagadas, al menos de momento, aparecen las propuestas lideradas por la Unión Europea y la investigación española del Centro Nacional de Biotecnología, que podría tener su candidata antes de que finalice abril

Así, en marzo la china CanSino Biologics ha iniciado la fase I de su candidata basada en su plataforma de vectores virales. El adenovirus actúa como medio de transporte de una parte del coronavirus. Esta tecnología ha sido la que utilizó la biotecnológica para desarrollar la primera vacuna autorizada en el mundo contra el Ébola, que se aprobó en China en 2017. 

Junto a CanSino, más instituciones chinas aspiran a apuntarse el tanto de hallar una vacuna, y anuncian ensayos en humanos en abril.

Subvención de 80 millones de euros

Europa no ha querido quedarse atrás y ha ofrecido a través de la Comisión Europea una subvención de 80 millones de euros al laboratorio CureVac tras filtrarse que Estados Unidos aspiraba a hacerse con los derechos exclusivos, aunque luego este extremo fuera desmentido. Los ensayos clínicos de esta candidata se espera que comiencen a principios de verano. 

Como la de Moderna, es una vacuna basada en ARN mensajero, que frente a vacunas más tradicionales promete una capacidad de desarrollo y producción más rápida y eficiente. Sin embargo, no existe actualmente en el mercado ninguna vacuna autorizada con esta tecnología.   

Ya en España, el Gobierno anunció una inversión de 4,5 millones de euros al desarrollo de la vacuna en la que trabaja el equipo de Luis Enjuanes e Isabel Sola en el Centro Nacional de Biotecnología. Su objetivo es desarrollar una vacuna con una versión atenuada del virus, una vez localizados los genes de virulencia y eliminados mediante ingeniería genética. 

Subunidades de proteínas

Junto con las vacunas vivas atenuadas, otra vía tradicional de desarrollar una vacuna son las que se basan en subunidades de proteínas, que contienen partes del virus. La mayoría de las 42 vacunas en fase preclínica de la OMS son de este tipo, y entre los  promotores aparecen GSK, Sanofi y Novavax. “Son las más fáciles de desarrollar y podrían ser las que llegaran antes al mercado”, opina Raúl Ortiz de Lejarazu, consejero científico del Centro del Gripe de Valladolid.  “En principio no plantean muchos problemas de seguridad porque se insertan partes del virus sin capacidad infectante”. 

Sin embargo, en cuanto a la potencia de su efecto, destaca que las vacunas atenuadas son más prometedoras. “En muchas enfermedades han demostrado mucha mayor efectividad porque ofrecen una protección doble, tanto en la mucosa como de anticuerpos, porque el individuo pasa una mini infección”, aclara el experto. El inconveniente es que “lleva tiempo descubrir cómo conseguir un virus atenuado garantizando la seguridad, pero después son fáciles de producir”.

Incertidumbres

Toda esta velocidad en la I+D plantea incertidumbres, según puede leerse en Nature. Un artículo reciente alerta de que está arrancando la investigación en seres humanos pese a que no se tiene la respuesta a preguntas esenciales sobre cómo nuestro sistema inmunitario combate la infección y cómo obtener de forma segura una respuesta similar con una vacuna. 

Se desconoce si los pacientes curados desarrollan inmunidad frente al SARS-CoV-2 y durante cuánto tiempo. En monos rhesus en los que solo causó enfermedad leve, se ha visto que no volvieron a infectarse cuando estuvieron de nuevo expuestos al virus cuatro semanas más tarde. En personas curadas del SARS, siguen presentes los anticuerpos en su organismo 15 años más tarde, pero se desconoce si la respuesta inmune es suficiente para prevenir una reinfección. 

Otras respuestas que tendrán que ir conociéndose sobre la marcha son qué tipo de respuesta inmune hay que buscar

Varias candidatas, incluida la de Moderna, han sido diseñadas para que el sistema inmunitario produzca anticuerpos que reconozcan y bloqueen las proteínas de la espícula del virus. Michael Diamond, un inmunólogo viral de la Universidad de Washington, afirma que puede que no sea suficiente. Tal vez sea necesario que el organismo genere anticuerpos que bloqueen otras proteínas del coronavirus o producir células T que reconozcan y maten las células infectadas.

En paralelo 

La situación de emergencia está obligando a que los pasos de la investigación, que normalmente se acometen uno detrás de otro, se aborden a la vez. Tanto con la vacuna de Moderna como con la de Inovio, también de ingeniería genética, y que ha anunciado para abril el comienzo de la fase I, los estudios de eficacia en animales y personas se desarrollarán al mismo tiempo. 

No solo la eficacia es una incógnita, también la seguridad. Una preocupación principal de los investigadores es si las nuevas vacunas pueden tener un efecto paradójico y provocar una infección especialmente virulenta una vez la persona vacunada entra en contacto con el virus. Los resultados publicados en 2004 en hurones con una vacuna experimental contra el virus del SARS mostraron que la infección provocó en los animales una inflamación hepática grave. 

Ni siquiera con el hallazgo de una vacuna acaban los retos para la prevención de la Covid-19. Por una parte, está la epidemiología de la enfermedad. “Es posible que se quede más allá de una sola temporada, por lo que necesitamos y esperamos tener una vacuna”, confirma Ruth Figueroa, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc). Y por otra parte, una vez aprobada, “se necesita poder producir grandes cantidades para todo el mundo, que no es tan sencillo de conseguir pero tampoco imposible”, apunta la experta.

La OMS contabiliza 44 vacunas en desarrollo frente a la Covid-19. En la carrera trepidante por hallar una vacuna en un máximo de 18 meses, EEUU, China y España apuestan por tecnologías distintas. coronavirus Off Naiara Brocal Inmunología Microbiología y Enfermedades Infecciosas Farmacia Hospitalaria Investigación Off