home Microbiología y Enfermedades Infecciosas “Más de un 15% de mujeres con VIH está sin diagnosticar”

“Más de un 15% de mujeres con VIH está sin diagnosticar”

En el entorno de los especialistas del VIH, la población femenina es un amplio nicho que preocupa de forma relativa. Sólo suponen un 15% de los nuevos casos, el 50% si nos fijamos sólo en el grupo de los heterosexuales infectados. Unas tasas que se mantienen constantes desde hace años, aunque las cifras de nuevas pacientes sí van bajando en valores absolutos. “El problema está en que se calcula que hay entre un 15% y un 20% de mujeres con VIH sin diagnosticar”.

Así lo asegura a Diario Médico Celia Miralles, adjunta de Medicina Interna en el Hospital Álvaro Cunqueiro (Vigo) y adscrita desde 1991 a la unidad de VIH de este centro, en el que también se abordan dolencias como la hepatitis C y B, y otras enfermedades de transmisión sexual. En su opinión, se trata de un grupo poblacional que ni se siente en riesgo ni se ve como tal desde otros niveles del sistema de salud. Por ello, no se les pide serología y sus casos se detectan en fases tardías, a veces rozando el desarrollo del sida.

“En mujeres con riesgo o deseo de embarazo está desaconsejado dolutegravir por su toxicidad en el sistema nervioso central del feto”

La especialista identifica dos modelos predominantes entre las pacientes que localizan. “El primero es un grupo de mujeres mayores de 50 años, con una ex pareja y una segunda en toda su historia, o incluso con sólo una. La mayoría están en una fase de posmenopausia que facilita la transmisión por la falta de estrógenos”, comenta. En estos casos, las características de las paredes vaginales hacen más factible el adelgazamiento, disfrazando ciertos síntomas, y al no existir riesgo de embarazo, las posibilidades de que se den relaciones de riesgo aumentan.

Otros modelos

“Estas mujeres llegan a los centros con cuadros diversos, poco claros: diarreas, pérdida de peso, anemia… En el entorno sanitario nadie piensa que esa señora vaya a tener VIH y no se le solicita la serología”, apunta Miralles.
El otro modelo es el de una mujer joven, de unos 35 años, con una vida sexual activa pero no promiscua, a la que se le piden las pruebas pertinentes al ver unos niveles bajos de plaquetas o al empezar un proceso de embarazo. “Lo normal es que las pacientes lleguen desde Atención Primaria, pero si no hay un signo claro inicial, primero se piden otras pruebas o se derivan a otros especialistas”, afirma.

Unas palabras que no pretenden convertirse en crítica hacia sus compañeros. “Para los que trabajamos día a día en el entorno del VIH es fácil ver los síntomas, pero en un contexto de una consulta de Atención Primaria tampoco es tan fácil, hay que ponerse en su situación”, sopesa. De hecho, para solucionarlo se ha implicado en la elaboración de unas jornadas formativas para profesionales de la medicina de familia. “Las siguientes se impartirán a partir de otoño, con el fin de dar una visión más universal sobre cómo cualquier persona con una vida sexual activa puede estar en contacto con el VIH”.

Lo ideal es que la paciente que quiera ser madre esté siendo tratada con un Celia Miralles, adjunta de Medicina Interna del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.antirretroviral compatible con el embarazo”

Uno de los aspectos que pueden afectar directamente a la mujer seropositva es todo aquello relacionado con la concepción. Desde la planificación de un embarazo hasta la utilización de medidas anticonceptivas debe consultarse con el especialista para evitar posibles interacciones con el tratamiento antirretroviral.

“Todos los anticonceptivos hormonales pueden ver disminuida su eficacia por algunas de estas terapias. Esto incluye a la píldora del día después y los DIU y anillos hormonales. Menores problemas se han detectado con el uso de acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA). Aunque siempre es más seguro el DIU de cobre y, sobre todo, el preservativo, que protege de otras enfermedades de transmisión sexual (ETS)”, recomienda Miralles.

Alternativas y protocolos

En casos de mujeres que necesitan hormonarse por reglas abundantes, dismenorreas u otros problemas de características similares (siempre por indicación ginecológica), los especialistas en VIH suelen proporcionar tratamientos antirretrovirales con menos interacciones, como dolutegravir o bictegravir. Según la especialista, también hay protocolos establecidos a la hora de facilitar el embarazo en aquellas pacientes de VIH que lo deseen. “Tenemos tanta seguridad de la no transmisibilidad al feto cuando una mujer está indetectable que hasta es factible utilizar la reproducción asistida”.

Para ellas, las combinaciones de fármacos recomendadas son aquellas que han demostrado seguridad en el feto. “La mayoría son antiguos, como los pertenecientes a la familia de inhibidores de la proteasa: atazanavir y darunavir. Y los inhibidores de transcriptasa inversa análogos de nucleósidos (Aniti), como TDF, 3TC/FTC y ABC”, enumera Miralles. También incluye en este grupo el raltegravir y el efavirenz. “Hace unos años este último fue considerado teratógeno, pero ahora se recomienda como alternativa en el embarazo, aunque el uso en nuestro medio es escaso por los efectos secundarios que tiene al inicio del tratamiento”.

El estigma, más marcado

La especialista del Álvaro Cunqueiro remarca que uno de los problemas a los que se enfrentan las pacientes de VIH es el estigma que la infección lleva adherida. “Está mucho más marcado que en la población masculina, y con frecuencia desemboca en trastornos psicológicos reactivos, en depresiones generadas por la sensación de culpa y la vergüenza”, advierte. Desde su punto de vista, la carga de ser portadora de un virus que se asocia con un comportamiento sexual ligero es más alta en la mujer. “Socialmente, que ellas tengan muchas parejas no se ve de la misma forma que si las tienen ellos. Hay una diferente percepción cultural de las relaciones sexuales libres”, asegura. Por ello, desde el área en la que trabaja se valoran estos casos y se hace uso de todo el soporte médico, de enfermería y psicológico que sea posible. “Si lo vemos necesario, las derivamos a centros de salud mental, a nuestros psicólogos y psiquiatras”. Además, cuentan con grupos de apoyo en los que participan “personas que pueden aconsejar y acompañar desde la perspectiva de haber pasado por todas las etapas de la infección”, comenta Miralles.

 

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