“Mi gerente me dice que si encuentro un radiólogo, lo contrate ya”

Director del área de Radiodiagnóstico de la Agencia Sanitaria Costa del Sol, Pablo Valdés Solís, preside la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), que agrupa a más de 6.000 profesionales (entre radiólogos y técnicos). El desarrollo y relevancia que su especialidad ha adquirido en las últimas décadas tiene, según él, una clara contrapartida: no hay radiólogos para tanta demanda.

PREGUNTA. Tradicionalmente, al radiólogo médico se le asocia con el diagnóstico por imagen, y parece que esa faceta va en detrimento de su vertiente puramente clínica. ¿Tienen esa impresión desde la propia especialidad?
RESPUESTA. La tenemos, pero también debo decir que esa imagen va cambiando poco a poco. Cuando yo elegí especialidad hace 29 años, mi propia madre me preguntaba a qué me dedicaba, y decía que le sonaba a una especie de fotógrafo de lujo. Esa percepción ha cambiado, y nuestros colegas de otras especialidades tienen cada vez más claro que el radiólogo es parte fundamental del proceso asistencial. De hecho, un buen servicio de rayos no hace lo que le piden, sino lo que hay que hacer para el paciente. O, dicho de otra forma, se trata de que la Radiología aporte valor, de forma que el especialista, como el mejor conocedor de su disciplina, es el que decide en cada momento lo que es mejor para el paciente y evita pruebas que no están indicadas y son contraproducentes para el paciente y para la propia eficiencia del sistema.

P. El programa de la especialidad es de 2008. Una década después e imbuidos en plena formación por competencias, ¿necesita ese programa una actualización?
R. No sólo la necesita, sino que se ha diseñado un programa íntegro nuevo aprovechando la nonata troncalidad. La nueva propuesta incluye competencias transversales, formación en comunicación, actualización y adaptación a las nuevas tecnologías… De entrada, los 4 años actuales se quedan muy cortos y, al menos, deberían ser 5, como ocurre en prácticamente todos los países de Europa.

La falta de personal es acuciante, porque, ahora mismo, casi no hay proceso asitencial que no pase por imagen

P. Pero la suspensión de la troncalidad ha dejado, de momento, todo eso en el aire…
R. Sí, y le aseguro que en la Seram estamos muy preocupados, porque con ese parón no sabemos oficialmente qué va a pasar, y nuestro programa formativo necesita esa urgente actualización. De hecho, el nuevo nos costó mucho adaptarlo a la troncalidad, que, como recordará, nos ubicaba en el tronco de Imagen, junto con Medicina Nuclear. Al final, y tras muchos esfuerzos, parece que la propuesta final gustaba a todas las partes, pero, insisto, ¿sabe alguien qué va a pasar ahora?

P. ¿Cuál es el estado demográfico de la especialidad? ¿Faltan radiólogos, sobran, están cubiertas las necesidades actuales…?
R. Hay una palabra que define mejor que ninguna ese estado: fatal. La Radiología es hoy en día una de las especialidades médicas con más demanda; hoy mismo podría contratar a un radiólogo y, de hecho, mi gerente me dice que, si lo encuentro, lo fiche de inmediato. Las necesidades, tanto en la privada como en la pública, son muchas, porque no hay proceso asistencial que no pase por imagen, una resonancia, un TAC…

P. ¿Las poco más de 200 plazas MIR que se ofertan cada año en Radiología [248 en la convocatoria de este año] llegan para cubrir esa acuciante necesidad de especialistas?
R. Francamente, no. La oferta MIR ha ido aumentando poco a poco, y seguirá aumentando, pero el problema son los 4 años de lapso entre el inicio de la residencia y su final, porque las necesidades actuales son urgentes. Y, además, no sabemos cómo serán esas necesidades dentro de 5 años. ¿Quién nos dice que no hay una nueva crisis, se cierran centros, se restringe la cartera de servicios… y sobran radiólogos? Es verdad que hace aproximadamente diez años hubo un cierto relevo generacional, pero ahora hay muchos hospitales con bastantes especialistas a punto de jubilarse y la realidad es que ahora mismo necesitamos radiólogos de forma acuciante. Todo esto es muy difícil de planificar sin una política global de inversiones y personal a 10 ó 15 años vista.

Tenemos un parque tecnológico envejecido, sobre todo en equipos de alta gama, que son caros pero eficientes

P. Si tuviera que valorar la formación media del radiólogo español en comparación con nuestro entorno, ¿qué nota le daría?
R. Muy alta. Ya es un clásico hablar del sistema MIR como la joya de la corona, pero es que, en el caso de Radiología, y pese a la necesidad de actualizar el programa de la que antes hablábamos, la formación es muy buena. La Radiología es cada vez más complicada; es muy difícil abarcarlo y dominarlo todo, pero, aun así, la preparación global del residente es excelente. Yo tengo radiólogos que acabaron su residencia en mayo, y en junio estaban trabajando en el hospital con un gran nivel de competencia. Otra cosa son los técnicos, que en casi toda Europa son diplomados, con un nivel superior, y aquí prácticamente los tienes que formar tú una vez que acaban su Formación Profesional, porque su preparación práctica es muy limitada, máxime con las nuevas tecnologías.

P. La deficiente formación de los técnicos es una queja sempiterna de Radiología que, sistemáticamente, cae en saco roto…
R. Sí, y es muy preocupante, porque afecta a la calidad asistencial. Es ilusorio pensar que con una asignatura de Imagen Digital de dos horas a la semana puedan manejar un sofisticado aparato de resonancia o un escáner complejo. Además, cuanto más completa sea la formación del técnico, más descargará de trabajo al radiólogo y mejor será la asistencia. La excelente preparación de algunos técnicos depende más de su esfuerzo personal o del empeño del servicio para el que trabajan que de su formación reglada.

Es ilusorio pensar que con una asignatura de 2 horas semanales, un técnico puede manejar equipos sofisticados

P. La crisis y los recortes han afectado mucho a la renovación tecnológica del SNS. ¿En qué medida ha afectado esa falta de renovación a Radiología?
R. Mucho, sobre todo porque inmediatamente antes de la crisis hubo inversiones significativas y adquisiciones de tecnología muy importantes en varios hospitales públicos. Ahora llevamos 6 ó 7 años sin renovación alguna por falta de dinero, y la obsolescencia ha afectado de forma simultánea a muchos equipos, todos los que se adquirieron en el periodo pre-crisis. Tenemos un parque muy envejecido, sobre todo de tecnologías altas, es decir, equipos que cuestan entre 600.000 y un millón de euros; puede parecer mucho dinero, pero si valoras la duración de ese equipo y su rendimiento mensual y lo comparas, por ejemplo, con un fármaco o una nueva técnica quirúrgica, le aseguro que no es tan caro. Es verdad que hay un cierto repunte de la inversión, sobre todo en el sector privado, y proyectos e iniciativas muy potentes en el sector público, pero muchas de ellas deben concretarse.

P. ¿Han detectado diferencias significativas entre autonomías en el estado del parque tecnológico?
R. Es difícil establecer diferencias muy precisas, porque el mapa global es muy heterogéneo. Hay comunidades que están mejor en unas cosas que en otras, pero dentro de las autonomías también hay diferencias: por ejemplo, en Andalucía o en Madrid, los hospitales más modernos tienen tecnología muy renovada, en comparación con sus centros más viejos.

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