Miomas uterinos: no tan ‘fieros’ ni molestos, y fácilmente manejables

La clasificación más usada de los miomas es la que los divide según la capa uterina a la que afectan: “Submucosos, si afectan al endometrio, siendo los más sintomáticos por su mayor probabilidad de sangrado menstrual abundante; intramurales, si afectan al grosor del miometrio, y subserosos, si crecen hacia la cavidad abdominal. Estos suelen pasar más inadvertidos, salvo si alcanzan gran tamaño o presionan o desplazan estructuras adyacentes como la vejiga o el recto”, explica Ana Alonso, del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Infanta Leonor, de Madrid.

La búsqueda infructuosa de un embarazo es una de las situaciones que propician su detección, ya que determinados tipos están implicados en la infertilidad: “Es el caso de los submucosos que afectan en su crecimiento o situación a la cavidad uterina y al endometrio, dificultando la consecución del embarazo y aumentando en su caso la incidencia de abortos”, comenta Juan J. López Galián, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud San José, de Madrid.

La mayoría de los expertos coinciden en que se deben tratar sólo los miomas que producen síntomas, controlando los asintomáticos: “La única excepción serían los que deforman la cavidad endometrial en una mujer que se quiere quedar embarazada. En estos casos, también la mayoría de las guías aconsejan tratarlos, aunque no haya clínica. Otros casos más discutidos serían las mujeres con miomas sin compromiso endometrial, pero varios fracasos de FIV, y jóvenes asintomáticas, con grandes miomas, que no desean un embarazo en ese momento, con fines profilácticos”, afirma Alonso.

En cuanto a los tratamientos médicos, la especialista destaca el papel relevante del acetato de ulipristal, “ya que es el único fármaco disponible que actúa directamente sobre el mioma y no sólo sobre el síntoma. Disminuye rápidamente el sangrado abundante, provocando amenorrea en la mayoría de las mujeres, lo que favorece la recuperación de las cifras de hemoglobina y la mejora en la calidad de vida. Además, el mioma disminuye en tamaño y consistencia, por lo que el dolor también mejora, si bien este efecto es algo más tardío que el que se produce sobre el sangrado, que suele ser inferior a una semana”.

Alonso explica que este fármaco se administra en ciclos de tres meses, con periodos de descanso de dos menstruaciones, “durante los cuales la paciente puede recurrir a otros tratamientos, como los anticonceptivos combinados orales o el DIU de levonorgestrel, que la hacen permanecer asintomática durante más tiempo”.
La cirugía solo se plantea en determinadas circunstancias: “En tamaños voluminosos (más de 6-7 cm), sobre todo si producen reglas muy abundantes o si presentan un crecimiento muy rápido, y en miomas menos voluminosos que produzcan estos síntomas debido a su situación o tengan un crecimiento hacia la cavidad uterina (submucosos)”, afirma López Galián.

Primera opción

La histeroscopia es la técnica a la que se suele recurrir como primera opción si los miomas son accesibles por esa vía. “Tiene una baja tasa de complicaciones, y se puede realizar de forma ambulatoria. Hay casos en los que la paciente se beneficia de un tratamiento médico prequirúrgico, tanto para dejarla asintomática como para facilitar la cirugía, siendo la histeroscopia la vía que se ve más favorecida por dicho tratamiento previo”, comenta Alonso.
La radiofrecuencia es una de las últimas técnicas introducidas en este campo y que, en opinión de López Galián, podría ofrecer a corto plazo una solución definitiva para eliminar los miomas, bien a través de histeroscopia o laparoscopia, de forma eficaz y poco invasiva. “Se trataría de una alternativa ideal, que actualmente está en fase de evaluación de resultados, seguridad y eficacia”.

Una circunstancia en la que los miomas son más problemáticos es en la perimenopausia, ya que pueden agravar uno de sus síntomas más prevalentes: el sangrado menstrual abundante.

“En estas edades, además, hay una tendencia al crecimiento de algunos miomas asintomáticos hasta entonces y que por su crecimiento empiezan a producir clínica. De hecho, cerca del 75% de las mujeres que consultan por miomas lo hacen por menstruaciones abundantes alrededor de los 42-45 años”, señala Alonso, quien explica que en esta etapa, los tratamientos son los mismos que en las mujeres más jóvenes, “si bien, como el deseo gestacional suele estar cumplido, es más sencillo recurrir a la cirugía si es necesario, y también es menor la duración del tratamiento médico”.

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