“No se puede pedir al médico la infalibilidad”

Con más de 25 años como abogado especializado en responsabilidad sanitaria, Julio César Galán Cortés (Gijón, 1957) ha cerrado hace dos días su último caso más mediático. Ha defendido la actuación de uno de los dos cirujanos juzgados en la vía penal por el fallecimiento de un hombre, de 44 años, tras ser intervenido del hematoma que le sobrevino semanas después de un recambio valvular.

La primera operación estaba programada y la realizó un equipo del Servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Central de Asturias (HUCA). Se abrió, se hizo el recambio de válvula, se cerró y se dio el alta al paciente, aunque su evolución fue “tórpida”. La segunda intervención fue de urgencia, por el equipo del mismo servicio hospitalario que en ese momento estaba de guardia, y que era diferentes al que le operó en un primer momento. El cirujano que realizó esa segunda actuación fue defendido en el juicio por Galán.

Al final, es una cuestión de pruebas. El auto resuelve la inviabilidad de la condena por insuficiencia de material probatorio”

Previamente a esa segunda operación, el radiólogo informó de que había un hematoma, y para ese diagnóstico se preparó el equipo médico. Ya en quirófano, al abrir hubo una gran hemorragia, que el cirujano a duras penas pudo contener. El paciente tenía un pseudoaneurisma, “pero el equipo quirúrgico estaba preparado para hacer un drenaje de la zona, no intervenir esa patología”, apunta el abogado. Además, en ese momento lo urgente era contener la hemorragia y en ese esfuerzo el médico identificó la presencia de dos compresas en el cuerpo del paciente. Entonces, se hicieron tres recuentos de este material en quirófano, y siempre sobraban dos. ¿Habían quedado olvidadas en la intervención anterior?

El auto de la Audiencia Provincial de Asturias, que resuelve el sobreseimiento del caso en vía Penal, apunta a esa posibilidad cuando reconoce que “existen serios indicios […] de que en la primera intervención se dejasen dos compresas olvidadas en el cuerpo del paciente”. De acuerdo con Galán, en el pronunciamiento de la Audiencia ha quedado demostrado que sí existió ese olvido. “Durante el juicio hubo vídeos y fotografías en los que se mostraron ese material”, dice el abogado, quien además señala que ese material lo vieron “las enfermeras instrumentalistas, el anestesista, el enfermero circulante y otra enfermera del quirófano contiguo al que se le solicitó ayuda”. Las compresas se enviaron a Microbiología y, después, “desaparecieron”.

“Nadie se resigna a admitir los fracasos y siempre se quiere buscar a un culpable y,  a veces, lo hay y otras veces no”

En el juicio, de los dos cirujanos investigados, uno negaba que hubiera olvidado esas compresas -el jefe de servicio- y el otro reiteraba que las encontró, y los dos profesionales formaban parte del mismo servicio médico del mismo hospital. El periódico La Nueva España aseguraba en una información que esta circunstancia había provocado una fractura en el citado servicio hospitalario y que, incluso sanitarias que habían declarado en el juicio haber visto esas compresas habían sido apartadas del servicio. Algo que no reconoce nadie de manera abierta. Galán tampoco. Lo que sí advierte es la indignación demostrada por la familia del fallecido, que deja viuda e hijos y que se ha traducido en cartas abiertas en medios de comunicación.
¿Es tan inexplicable que no haya ningún condenado cuando todo indica que existió una negligencia? Galán Cortés responde: “Al médico no le puedes pedir la infalibilidad y, además, por la gravedad de los efectos de la vía penal, la prueba debe ser concluyente y en este caso no fue concluyente. No es lo mismo indemnizar que inhabilitar”.

¿Se acuerda del caso de  la niña que falleció atragantada con una palomita? 

Julio César Galán Cortés es doctor en Derecho y en Medicina. Otorrinolaringólogo, vía MIR, pidió una excedencia voluntaria de su plaza en un hospital público hace casi 25 años. Sus principales clientes son médicos y defiende a pacientes en reclamaciones contra compañías aseguradoras. Su despacho Galán Cortés Abogados, tiene oficina en Gijón y, desde hace tres años, en Madrid, donde trabaja con su hijo, Eduardo Galán. Fue el abogado de la cirujana pediátrica  imputada por la muerte de una niña de 19 años atragantada por una palomita. El famoso y triste caso motivó una primera condena a la médico, por no practicar a la niña una broncoscopia, pero el fallo fue rectificado por la Audiencia Provincial de Asturias, y quedó absuelta de homicidio por imprudencia. Su obra ‘Responsabilidad Civil Médica’ va por su séptima edición.

El hombre falleció de un pseudoaneurisma. Es decir, que la causa última de su muerte no está en el más que probable olvido de las compresas. Pero también quedó demostrado en el juicio que las compresas habrían favorecido la aparición de la infección, que debilitó la pared de la aorta y formó el pseudoaneurisma.

Pero en medio de esta posible relación de causalidad hay una intervención, la del radiólogo, que influye en el resultado. El profesional no identificó la patología y, como consecuencia de ello, el cirujano, el quirófano y todo el equipo se prepararon para hacer un drenaje. “Si hubiera habido un correcto diagnóstico, el paciente hubiera podido superar la intervención”, afirma Galán. Pero el error del radiólogo no motiva ninguna responsabilidad pues, como recoge el auto, hay una justificación de su equivocación, pues el hematoma era tan grande que no dejó ver nada más. “Esto, al final, es una cuestión de pruebas. El auto resuelve la inviabilidad de la condena por insuficiencia de material probatorio. Hubiera existido una condena si se hubiera demostrado que el error era evitable”.

En este ámbito, el abogado asturiano afirma que “la gente cada vez conoce mejor sus derechos y los ejercita. A veces, con excesivo entusiasmo. Nadie se resigna a admitir los fracasos y siempre se busca a un culpable del error y, a veces, lo hay y otras veces no lo hay”.

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