Nuevas alternativas a la quimioterapia en primera línea para cáncer de pulmón

Uno de los tumores más frecuentes es el de pulmón, que también supone además la primera causa de muerte por cáncer. El hecho de que su diagnóstico se realice normalmente de forma tardía es uno de los obstáculos principales en su tratamiento. Sin embargo, en los últimos años se está logrando mejorar poco a poco tanto la supervivencia de estos pacientes como su calidad de vida, gracias a la aparición de nuevos fármacos. Durante el congreso anual de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), que se está celebrando desde el ayer en Barcelona, se han dado a conocer diferentes avances en el tratamiento de esta enfermedad.

El primero está basado en los resultados del ensayo fase III aleatorio y multicéntrico Flaura, que se centra en pacientes con cáncer de pulmón no microcítico (CPNM) avanzado con mutación del receptor del factor de crecimiento epidémico (EGFR son las siglas en inglés). En concreto se evaluó la eficacia de osimertinib, un fármaco inhibidor de la tirosina quinasa (TK) de tercera generación, con respecto a otros inhibidores de TK de primera generación.

“La ventaja de este fármaco es que es mucho más selectivo, con una mejor penetración en el cerebro, algo importante si tenemos en cuenta que muchos pacientes de CPNM avanzado presentan metástasis cerebrales”, ha empezado detallando Suresh Ramalingam, de Instituto de Cáncer Winship de la Universidad Emery de Atlanta, Estados Unidos.

Los resultados del ensayo demostraron como la mediana de la progresión libre de enfermedad en los pacientes que recibieron osimertinib alcanzaba los 38,6 meses, mientras que los que recibían un inhibidor de primera generación conseguían 31,8 meses. “Con estos datos resulta evidente que este nuevo inhibidor debería pasar a considerarse como el estándar de tratamiento en primera línea de los pacientes de este tipo de tumor con mutación EGFR positiva”, ha añadido Ramalingam.

Pilar Garrido, jefa de la Unidad de Tumores Torácicos del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid se ha mostrado optimista con respecto a los resultados del ensayo. “El estudio Flaura muestra que el empleo de un medicamento oral de nueva generación no solo retrasa la progresión de la enfermedad, incluso la cerebral, sino que mejora la supervivencia sin incrementar la toxicidad”, ha apuntado, al tiempo que ha recalcado la importancia de la mutación EGFR como un biomarcador para llevar a cabo una mejor selección de los pacientes.

Inmunoterapia más eficaz en CPNM

Otro de los estudios que se ha presentado hoy en el congreso de la ESMO es el Checkmate 227, con el que se buscaba comparar la eficacia de la combinación de dos fármacos de inmunoterapia, nivolumab más ipilimumab, frente al tratamiento de quimioterapia en pacientes de CPNM avanzado en estadio IV o en recaída. El ensayo se planteó con dos grupos, el primero de ellos con pacientes que además expresaban PD-L1 al menos en un 1 por ciento y el segundo, el de los que no lo hacían.

Nivolumab e ipilimumab tienen dos mecanismos de acción diferentes. El primero busca restaurar la respuesta anti-tumoral de las células T mientras que el segundo intenta potenciar la respuesta inmunitaria mediada por los linfocitos T. “Pensamos que combinando ambos fármacos se podía lograr reforzar la respuesta a la inmunoterapia e incrementar el porcentaje de pacientes que se podían beneficiar de este enfoque”, ha comentado Solange Peters, del Centro Hospitalario Universitario Vaudois, de Lausana, Suiza.

La supervivencia global en los dos grupos fue significativamente superior con la combinación de inmunoterapia frente a la quimioterapia, independientemente del nivel de PD-L1. “Esto nos indica que esta combinación es algo de lo que se pueden aprovechar aquellos pacientes en los que no hemos identificado aún dianas que nos permitan aplicar tratamientos dirigidos. El disponer de más opciones es muy positivo y nos permite mejorar las posibilidades de los pacientes, cuyo rol cobra más protagonismo a la hora de poder escoger entre ellas”, ha comentado Marina Garossino, del Instituto del Cáncer de Milán, en Italia.

“El reto mayor será cómo identifica a los pacientes que obtendrán el mayor beneficio de esta estrategia considerando que para muchos pacientes retrasar el uso de la quimioterapia es importante. En cualquier caso, habrá que analizar los resultados con detalle para ver si esta combinación de inmunoterapia se traduce en un cambio en la práctica clínica”, apuntó Pilar Garrido.

Avances también en el cáncer de pulmón microcítico

Durante más de 20 años los investigadores no han sido capaces de conseguir un nuevo tratamiento que logre mejorar los resultados de la quimioterapia basada en el platino en el cáncer de pulmón microcítico, que supone el 15 por ciento de todos los casos de cáncer de pulmón. Pero este panorama parece que puede cambiar con los avances de la inmunoterapia. Por primera vez un nuevo fármaco, atezolizumab (un anticuerpo monoclonal dirigido a PD-L1 y que ya había dado buenos resultados en pacientes de cáncer de pulmón no microcítico), ha logrado aumentar la supervivencia general de estos pacientes.

“Hasta ahora, todos los ensayos realizados con diferentes tratamientos no habían logrado superar la barrera de los 10 meses de supervivencia. En nuestro estudio, el Impower133, hemos visto como atezolizumab combinado con quimioterapia lograba una supervivencia mediana de 12 meses”, ha explicado Stephen Liu, oncólogo del Hospital Universitario Georgetown e investigador principal del estudio.

Además del hito que ha supuesto superar esta barrera de los 10 meses, el estudio ha servido para comprobar como el efecto de la inmunoterapia se mantenía a largo plazo, otro de los obstáculos de este subtipo de cáncer que pese a responder inicialmente bien a la quimioterapia, genera rápidamente resistencia. “Hemos podido ver como a los 12 meses el 52 por ciento de los pacientes seguían respondiendo al tratamiento combinado mientras que los que seguían un régimen solo con quimioterapia lo hacía en un 38 por ciento. Esta diferencia entre los dos grupos se mantenía a los 18 meses, cuando un 34 por ciento de los pacientes seguía respondiendo a la combinación de atezolizumab y quimioterapia frente al 21 por ciento en el otro brazo”, ha añadido Liu.

Aunque atezolizumab es un anticuerpo monoclonal dirigido contra PD-L1, todos los pacientes se beneficiaron de la combinación independientemente de que expresaran este factor o no. “Aunque en otras enfermedades PD-L1 puede servir como un biomarcador para seleccionar los pacientes, en este caso vemos que todos se benefician de agregar inmunoterapia a su tratamiento”, continúa Liu, quien considera que los resultados de esta investigación supondrán un cambio en la práctica clínica. “No hay ninguna razón para no emplear en primera línea la combinación de atezolizumab con quimioterapia. De hecho, los resultados muestran que el efecto es mejor cuando se empieza a administrar ambos fármacos de forma simultánea, ya que si se espera a terminar la quimioterapia no hay datos tan positivos”.

Ver también: ESMO 2019: La investigación española duplica su presencia en la oncología europea

 

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