Parsimonia en diálisis peritoneal

Hace diez años (en 2009) se creó el Grupo de Apoyo al Desarrollo de la Diálisis Peritoneal en España con miembros del Grupo de Promoción del Conocimiento en Diálisis Peritoneal de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica, la Fundación Renal Alcer, la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo, profesionales académicos e industria farmacéutica. En aquel momento, según la SEN, sólo el 4,8% de los pacientes con enfermedad renal crónica y potenciales beneficiarios estaban en diálisis peritoneal a domicilio, lo que suponía una tasa de uso inferior a la de países de nuestro entorno, y había grandes diferencias entre comunidades autónomas. Las causas de ese panorama que describió el citado grupo fueron: sobredimensión de las estructuras de hemodiálisis (es decir, ya que las hay -muchas son privadas concertadas-, hay que mantenerlas); la mitad de los pacientes inician diálisis de forma no programada en hemodiálisis; escasez de recursos; poca e inadecuada información a pacientes (impide la libre elección); baja formación de los profesionales, y falta de concienciación de las autoridades sanitarias.

¿Qué ha cambiado en diez años? Hoy el 11,2 por ciento de los pacientes con enfermedad renal crónica está en diálisis peritoneal, lo cual no está mal, pero es que ya hay países que superan el 50%. También se ha incrementado la evidencia que avala que esta alternativa es más coste-efectiva y que los pacientes sometidos a ella presentan mejor estado de salud y calidad de vida, así como una tasa de supervivencia superior tras el trasplante. Sí pueden registrarse infecciones, pero son más controlables que las nosocomiales (riesgo en hemodiálisis), y sí es preciso crear unidades con personal que supervise el buen estado y buen uso de la máquina en el domicilio, pero nada que ver con las de hemodiálisis.

Por lo demás, todo sigue más o menos (salvo honrosas excepciones) igual, lo que explica la parsimonia con la que avanza esta fórmula en España: falta voluntad política, formación e interés de la mayoría de especialistas (son el motor imprescindible para impulsarla) y de los gestores hospitalarios e información de calidad a los pacientes, un colectivo que en su mayor parte sigue yendo y viniendo a sus hospitales de referencia al menos tres veces a la semana para someterse a sesiones de tres a cinco horas cada una. ¿Qué habrá cambiado en diez años (2029)? A saber.

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