Prioridad mundial de salud: reducir el binomio ECV y DM2

Las enfermedades cardiovasculares (ECV) lideran las causas de discapacidad y muerte prematura en personas con diabetes tipo 2 (DM2), una preocupación creciente entre clínicos e investigadores, que demandan estrategias políticas definidas para evitar que las tasas de diabetes -hoy consideradas epidémicas- lleven a una epidemia de ECV. Cada vez se percibe mayor relación entre ambas enfermedades.

Lo cierto es que las instituciones internacionales manejan macrocifras de futuro -se espera que en 2045 haya 600 millones de diabéticos en el mundo- prediciendo el impacto personal, familiar, social y económico de la enfermedad, y teniendo en cuenta que el 25 por ciento de los costes hospitalarios de pacientes diabéticos se deben a complicaciones cardiovasculares.

Datos como estos implican que reducir las tasas de discapacidad y mortalidad por ECV en pacientes de DM2 es una prioridad mundial de salud, según los expertos que han participado en una sesión monográfica del congreso anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) donde se han discutido los resultados de la encuesta global realizada por la Fundación Internacional de Diabetes (IDF) en colaboración con la farmacéutica Novo Nordisk.

Nam Han Cho, presidente de la IDF, ha desgranado los cuatro aspectos más reveladores del sondeo: dos de cada tres personas con DM2 tienen riesgos CV; el 25 por ciento no recuerdan que su médico les hablara de ello; uno de cada cuatro cree estar en bajo o ningún riesgo de ECV y tres de cada cuatro confían en las informaciones recibidas sobre estas complicaciones. “Ha llegado la hora de que al diagnosticar a un diabético se busque una incipiente alteración micro o macrovascular”, sugiere el epidemiólogo, reconociendo que ni siquiera se sabe muy bien por qué aumenta con tanta velocidad la prevalencia de DM2.

Han Cho afirma no creer en la prediabetes, un

Helen Colhoun, de la Universidad de Edimburgo.

Helen Colhoun, de la Universidad de Edimburgo.

estadio previo a la DM2 que podría afectar a 350 millones de personas en el mundo: “Esas personas ya están en un estado diabético, no hay ni pre ni post, y la mitad de ellos tendrán la enfermedad en una década si no toman medidas preventivas”, asegura con contundencia.

Kathryn Taubert, vicepresidenta de la Asociación Americana del Corazón (AHA), comenta que la Federación Mundial del Corazón (WHF) se propone reducir para 2045 la mortalidad prematura por ECV en un 25 por ciento. La experta repite de forma incesante el término clave “educación”, no solo para pacientes sino también para los proveedores de salud y los gobiernos. Igualmente, anuncia la creación para 2019 de un Mapa de Diabetes que trace una hoja de ruta general, pero que también aporte soluciones adaptadas al contexto de cada país.

En el diagnóstico

Taubert, que ha destacado la utilidad de informar en medios de comunicación sobre el riesgo cardiovascular en diabetes, asegura que los pacientes entienden mejor el riesgo ECV si preguntan a diabetólogos, cardiólogos o médicos de primaria. “En el momento del diagnóstico se les debe informar de que tienen más riesgo de ictus o ataque cardiaco, y de qué podrían hacer para reducirlo”.

Neil Poulter, del Imperial College de Londres.

Neil Poulter, del Imperial College de Londres.

Estos profesionales tienen aún mucho que hacer, más allá de detectar ECV con pruebas de presión sanguínea, colesterol y triglicéridos, según Helen Colhoun, profesora de Epidemiología de la Universidad de Edimburgo, que recomienda prestar más atención a otra epidemia prevalente: la obesidad. “Estamos ante un problema muy complejo pero no es irresoluble. Sabemos cómo deberíamos prevenir las ECV y la DM2, aunque la brecha entre lo que conocemos y lo que conseguimos es enorme. Hacen falta esfuerzos denodados para educar a pacientes, clínicos y gobiernos, crear más sistemas de vigilancia epidemiológica y registros”, indica la investigadora, que critica la fragmentación de los sistemas sanitarios para atender la diabetes, una enfermedad que se caracteriza por la multimorbilidad. “Comenzaremos a percibir mejores resultados cuando el diabético sea atendido por un equipo coordinado, algo que también beneficia a los profesionales porque se educan entre ellos”.

Neil Poulter, especialista en Medicina Preventiva Cardiovascular del Imperial College de Londres, alerta de que el 75 por ciento de los diabéticos mueren de ECV. “Los cardiólogos ya saben que un tercio de sus pacientes son diabéticos y tienen habilidades para prevenir eventos cardiovasculares con sus propias terapias, pero aún hay que extender el conocimiento de las nuevas insulinas que protegen ante ECV, porque generalmente no quieren liarse con otros tratamientos y prefieren remitir esos pacientes al diabetólogo o al médico de primaria para que controlen la diabetes”.
Las únicas armas para la prevención que esgrimen son conocidas por los profanos: dejar de fumar, dieta saludable y ejercicio. El problema, dicen, es la adherencia a esos principios elementales.

Más sobre el congreso de la EASD:

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