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Robots: esclavos que liberan a sus amos

En el año 2008, en un curso de verano de El Escorial, Julio García-Aguilar, catedrático de Cirugía de la Universidad de California en San Francisco, vaticinaba que la nueva revolución de la cirugía estaría basada en la imagen, la robótica y los nuevos materiales y nuevas energías. “Podremos realizar intervenciones que ni siquiera eran concebibles por la mente del médico”. No hay más que asomarse a un quirófano moderno que integre tecnología diagnóstica y terapéutica, realidad aumentada o neuronavegación, para quedar deslumbrado.

La automatización y robotización de cada vez más tareas humanas supone para algunos una amenaza social en la que, además de destruir empleos, atisban terrores apocalípticos y peliculeros. En realidad, esta nueva y paulatina revolución tecnológica, que casi se podría remontar a la aparición de la rueda, supone el perfeccionamiento de herramientas para ahorrar esfuerzos rutinarios y mejorar la precisión. Al fin y al cabo, robot viene de un término checo que significa esclavo.

Que la inteligencia artificial lea las radiografías mejor que los radiólogos no significa la desaparición de estos especialistas: los ordenadores agilizan y ejecutan muchas tareas por vías ininteligibles para la mayoría de los usuarios y a nadie se le ocurre tratarlos como compañeros de trabajo, aunque se pueda hablar con ellos. Un estudio francés del mes pasado en Philosophical Transactions of the Royal Society B mostraba que las interacciones con humanos activan el sistema cerebral de recompensa social (amígdala, ganglio basal e hipotálamo), algo que no ocurría en las discusiones e interacciones con robots.

Se puede soñar con máquinas autónomas y supereficaces, pero siempre habrá que alimentarlas, y no es fácil imaginar que puedan competir con la intuición y creatividad humanas: pueden pintar muchos picassos una vez instruidas, pero no es probable que alumbren un movimiento artístico como el cubismo, al menos guiándonos por los desarrollos actuales. ¡Quién sabe si a imitación de los replicantes de Blade Runner algún día cometan genocidios o bien enseñen humanidad a sus creadores! Pero hoy por hoy estas fantasías no dejan de ser cuentos del futuro.

Así pues, es lógico que, como en pasadas revoluciones tecnológicas, la invasión de androides quirúrgicos o de nanorrobots suscite resistencias y recelos. En último término, liberan nuestras manos para que podamos seguir pensando en el progreso. 

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