Santa Bárbara cuando llueve

opinión
Redaccion
'Diana', la revista de las Terapias Avanzadas
Paraguas con lluvia
Sólo te acuerdas de Santa Bárbara cuando llueve

Un pelo de nuestra cabeza tiene un grosor de 50 micrómetros. El tristemente conocido virus mide solo 0,6. Una pequeñez insignificante inversamente proporcional a su potencia devastadora. Analizando al enemigo, uno no puede dejar de preguntarse cómo algo, con un tamaño tan miserable, tiene en jaque a potencias mundiales, comunidades científicas y organizaciones sanitarias. Sé que se trabaja a destajo y que es cuestión de tiempo e inversión de recursos. Un día llegará el tratamiento y la deseada vacuna que nos permitirá coger al Covid-19 por las solapas y mirarle a la cara sin que vea pánico en nuestros ojos.

La palabra mágica para acabar con esta pandemia es ‘investigación’

Antonio Lobato
Antonio Lobato periodista deportivo especializado en motor

La palabra mágica para acabar con esta pandemia es investigación. Quizá una de las muchas lecciones que vamos a aprender con esta crisis es la importancia de dotar de recursos a esos otros héroes anónimos que nunca vemos. Los que luchan cada día para acabar con enfermedades que no salen en los periódicos, que no hacen tambalear el PIB de un país, pero que generan un sufrimiento íntimo, un dolor privado, silencioso. Hace dos años conocí a Daniel Guerrero. Un padre al que un día, a bocajarro, le dijeron que su hija Isabel de seis meses sufría una leucemia mieloblástica aguda que no tenía cura. Antonio Pérez, oncólogo e investigador del Hospital de La Paz, le propuso un tratamiento experimental al que Dani se agarró como te agarras a un salvavidas cuando te estás hundiendo en el océano. Hoy Isabel tiene siete años y la Unidad de Terapias Avanzadas es una realidad que salva la vida de muchos niños con cáncer. Lamentablemente, todavía no a todos. Dani ha volcado su vida en esta causa que ya no es interesada, es completamente altruista y ahora recauda fondos con la Fundación CRIS Contra el Cáncer para vencer a la enfermedad con la investigación. Su lucha me conmovió y, de pronto, un día me vi cruzando el desierto del Sáhara en bicicleta con un maillot con el nombre de niños que no habían tenido la suerte de Isabel. Cada vez que llegábamos a la meta de cada etapa, exhaustos, pensábamos en el sufrimiento de esos peques y sus familias y en el esfuerzo de tantos investigadores que lo daban todo por luchar contra la enfermedad. Esa era nuestra mejor barrita energética. Nosotros sólo teníamos que pedalear y hacer ruido para conmover.

La investigación necesita inversión. Es como un motor de Fórmula 1. Puedes tener a los mejores ingenieros del mundo, pero si no les das las herramientas adecuadas y gasolina para alimentarlo ese motor nunca arrancará. No es fácil conmover. No es fácil conseguir que la gente no mire hacia otro lado. Como decía mi abuela, sólo te acuerdas de Santa Bárbara cuando llueve. Ahora que diluvia sobre el mundo entero todos somos generosos, pero cuando la lluvia cae sólo sobre unos pocos, entonces la epidemia es de indiferencia. CRIS ha conseguido implicar en los últimos años a muchas personas y empresas inmunes a esa enfermedad de indiferencia que han donado para financiar la investigación. No sólo contra el cáncer. En la actualidad, CRIS financia en varios centros proyectos de ensayo clínico de terapia celular contra el Covid-19. Nuestras vidas no serán iguales tras esta crisis. Ojalá que la lección nos sirva para aprender. Ojalá que a partir de ahora políticos y ciudadanos seamos capaces de distinguir lo que es urgente y lo que es importante.

*'Diana', la revista de las Terapias Avanzadas

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