Ser cirujano: creer en la innovación y aplicarla con entusiasmo

“La cirugía es una especialidad excitante, ser cirujano es una experiencia de vida para disfrutar, sufrir y amar”.

Mi carrera profesional se ha distinguido por dos aspectos muy concretos: la innovación y el entusiasmo. Sociedades como la Asociación Europea de Cirugía Endoscópica (EAES, por sus siglas en inglés) se han caracterizado por traer y poner la innovación frente a mis ojos, para poder aplicarla en mi medio con entusiasmo, sin olvidar el punto de vista académico y científico, y anteponiendo siempre la seguridad del paciente. Esta sociedad nació para expandir la cirugía laparoscópica, asentada ya en las diferentes áreas de capacitación que abarca la cirugía como parte de la práctica diaria, por lo que ha asumido el nuevo reto de mostrar y desarrollar la innovación quirúrgica. Se trata de una sociedad transversal que apoya el progreso de la cirugía del futuro.

Salvador Morales-Conde

Ser presidente de esta sociedad, independientemente de un logro personal y de suponer un reconocimiento a mi persona y a nuestro país, por el desarrollo que realizan nuestros cirujanos a nivel internacional, supone una gran responsabilidad, ya que conlleva mostrar la innovación de una forma responsable y formar a los cirujanos para que la apliquen de forma adecuada.

Definir al cirujano que se implica en este tipo de contexto no es fácil. Antes se le llamaba cirujano laparoscopista, término que en los inicios tenía hasta cierto componente despectivo. Ahora no hablamos del concepto de laparoscopia, sino de cirugía mínimamente invasiva, ya que implica la robótica, trabajar en espacios virtuales, e incluso manejar endoscopios flexibles para apoyar la cirugía; y ese cirujano laparoscopista ha pasado a ser un cirujano innovador. Este modelo actual de cirujano aplica la tecnología para mejorar los resultados de los pacientes, realizando los procedimientos por esta vía de abordaje que conlleva la mínima agresión; usa la cirugía guiada por la imagen, planifica la cirugía con reconstrucciones 3D y cree en el progreso.

Se caracteriza por una serie de aspectos que definen lo que es ser cirujano hoy en día. El atrevimiento que hago en este análisis, aventurando lo que significa este concepto, se debe, en esencia, a que soy realmente un cirujano y disfruto de serlo; porque observo y analizo, y porque soy un ser humano que intenta ayudar curando y paliando, que es la base de ser médico. Ser cirujano no debe ser considerado por uno mismo como un trabajo o una profesión, sino como una continuidad de nuestra vida, de la que debemos saber desconectar para cargarnos de energía y superar los momentos de sufrimiento que a veces nos rodean, debido a la enfermedad, o afrontar resultados inesperados o fatídicos, fruto de lo que hacemos y decidimos y que no llegamos a comprender.

“Ser cirujano no debe ser considerado como un trabajo o una profesión, sino como una continuidad de nuestra vida”

El aspecto asistencial de la cirugía no ha cambiado: tiene muy claro que los pacientes son seres con miedo, llenos de dudas y preguntas, y que van a poner su vida en nuestras manos, por lo que nunca debemos menospreciar su actitud. La cantidad de información a la que tienen acceso actualmente les crea incluso más dudas y desasosiego a la hora de entrar en quirófano, teniendo en cuenta, además, que nuestra sociedad les ha vuelto exigentes en cuanto a la consecución de resultados. El desarrollo tecnológico los ha desbordado de información y tenemos que saber exponérsela de una forma ordenada y comprensible.

El cirujano actual debe estar dispuesto a ser juzgado y asumir esa situación, ya que, desde la democratización de la cirugía, debido al abordaje laparoscópico (en el que en nuestros monitores se ve cada movimiento que realizamos para resolver un proceso), todo queda expuesto a los demás, lo que inconscientemente nos impulsa a superarnos.

“En cualquier pequeño hospital y en cualquier patología simple hay áreas de mejora que tenemos que identificar”

En esta democratización y globalización de lo que hacemos, debemos incluir también los registros. Ésta es la tendencia actual: que todo quede registrado. La cirugía tiene resultados muy medibles y es necesario registrar lo que hacemos para analizar y establecer las líneas de mejora del futuro. En el norte de Europa, todos los pacientes que se intervienen y sus postoperatorios quedan registrados en grandes bases de datos que ayudan a sacar conclusiones de cómo mejorar los resultados a nivel científico, a identificar centros y cirujanos que precisan cambiar su forma de hacer las cosas e, incluso, ayuda a la centralización de procesos complejos para obtener mejores resultados. En un futuro se habla de registrar todo lo que ocurre en la caja negra de los quirófanos, para garantizar que se lleven a cabo de forma correcta los protocolos de actuación, se minimicen los fallos y se identifiquen áreas de mejora.

Nuestra actividad asistencial también viene definida por la aplicación de las nuevas tecnologías: nuevos instrumentos, como la cirugía guiada por la imagen, que convierten al paciente por dentro en un atlas de anatomía, donde nos guían diferentes trazadores para llevar a cabo los procedimientos, y en la que los datos recogidos de millones de imágenes en grandes bases de datos (el famoso big data) nos ayuda en la toma de decisiones en quirófano.

Respecto a la investigación, un cirujano que investiga, a nivel clínico o experimental, es un mejor cirujano, ya que tiene un espíritu de superación para mejorar, cambiando aspectos de su actuación diaria o llevando sus dudas a laboratorios experimentales para encontrar respuestas. La investigación conlleva excelencia, y debemos potenciar este espíritu y desarrollar líneas de financiación para que se lleve a cabo. En cualquier pequeño hospital y en cualquier patología simple existen áreas de mejora, en las que, con ese esfuerzo, encontraremos una recompensa.

El inicio de una práctica asistencial o la aplicación de un nuevo método no justifican la existencia de peores resultados”

El otro pilar básico y clave de la cirugía es la formación. Hoy en día, no está justificada la curva de aprendizaje: no podemos permitirnos plantear unos peores resultados por el inicio de una práctica asistencial o por la aplicación de un nuevo método. Actualmente es evitable, porque existen canales de información y debemos democratizar la formación con las nuevas tecnologías, para que lleguen los mensajes a todos los puntos del planeta. Debemos formar bien, usar simuladores, desarrollar sistemas de planificación quirúrgica y crear plataformas de formación basadas en las nuevas tecnologías, para que desaparezca claramente esta curva de aprendizaje. Sin duda, una de las formas más efectivas de hacerlo es estandarizando los procedimientos; es decir, haciendo los pasos siempre de la misma forma, aunque teniendo los recursos para personalizar según los casos. La estandarización conlleva reproducibilidad, y ésta implica que disminuyan los fallos en quirófanos y nos permita enseñar de una forma más efectiva.

Quedan claros los nuevos retos de la cirugía, en los que debe centrarse una sociedad como la EAES: mostrar la innovación, fomentar el espíritu investigador, crear herramientas de formación al alcance de todos y transmitir el valor humano de lo que significa ser cirujano. Desde una posición tan importante como la presidencia de esta sociedad, debemos luchar por dignificar la cirugía y mostrar al cirujano como un ser que sufre, ama y disfruta desarrollando esa forma de vida que es la cirugía. Seamos innovadores, investiguemos, formémonos y formemos adecuadamente, y no olvidemos nunca que, a pesar de la tecnología, lo que tenemos frente a nosotros es otra persona a la que debemos aportarle lo mejor… y lo mejor está por venir.

The post Ser cirujano: creer en la innovación y aplicarla con entusiasmo appeared first on Diariomedico.com.