Ser médico en España perjudica seriamente la salud

Ser médico y ejercer como tal en España puede ser, en ocasiones, altamente perjudicial para la salud, y lo demuestra el elevado porcentaje de muertes prematuras que padece el colectivo, significativamente por encima del resto de la población española en desencadenantes tan significativos como el suicidio o los accidentes de tráfico. El primer estudio monográfico español sobre el tema, firmado por la Organización Médica Colegial (OMC), analiza los fallecimientos de facultativos entre 2005 y 2014, y los pone en relación con los de la población general mayor de 30 años en el mismo periodo. La primera conclusión impacta directamente sobre la línea de flotación de la esperanza de vida de los facultativos: el 3,5% de las muertes registradas en la población española en esos diez años fueron provocadas por lo que la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) de la Organización Mundial de la Salud define como “causas externas”. Los fallecimientos de facultativos en el mismo periodo y por las mismas causas se elevan hasta el 4%, medio punto porcentual más de posibilidades de muerte prematura (y, en ocasiones, violenta) si uno es médico.

En dos de esas causas (suicidio y accidentes de tráfico), las diferencias entre ambos grupos son, además, estadísticamente significativas: el 1,3% de los facultativos que murieron en esos 10 años se quitaron la vida, y un 0,93% la perdieron en la carretera; si no eres médico, los porcentajes bajan respectivamente hasta el 0,81% y el 0,61%. Si además de médico, eres mujer, el estudio dice que el riesgo de suicidio aumenta exponencialmente, porque el medio punto porcentual de diferencia que hay entre el total de médicos y el total de ciudadanos españoles mayores de 30 años se dispara hasta el 7,5% si el foco se centra en las mujeres.

El porcentaje de muertes por suicidio y accidentes de tráfico sobre el total de fallecimientos por causas externas es significativamente más alto entre los médicos que entre la población en general

“La abundante literatura internacional que existe sobre este tema atestigua que el varón se suicida más que la mujer -salvo, curiosamente, en China-, y que la tendencia se invierte si nos fijamos sólo en los facultativos”, dice María Irigoyen, psiquiatra, coautora del estudio y secretaria del Colegio Oficial de Médicos de Lleida.

Riesgo multifactorial

De hecho, el porcentaje de riesgo de suicidio de las facultativas es todavía mayor cuando la comparación no se establece sobre el total de fallecidas en los diez años estudiados, sino sólo con quienes murieron por “causas externas”, tanto médicas como el resto de ciudadanas: de las 83 doctoras que murieron prematuramente entre 2005 y 2014, el 45,8% lo hicieron por voluntad propia, frente al 37,2% del resto de mujeres españolas que se quitaron la vida en el mismo periodo. El 7,5% inicial se eleva hasta una diferencia de 8,6%.

Juan Manuel Garrote, médico de primaria y coordinador del estudio de la OMC, afirma que “es muy difícil definir con precisión las razones que están detrás de un suicidio, entre otras cosas porque hablamos de un fenómeno multifactorial, pero nuestros datos parecen corroborar la tendencia existente en otros países”.

Volviendo los ojos a esas referencias foráneas, Eugeni Bruguera, director asistencial de la Clínica Galatea, el centro pionero y de referencia en España en atender a los profesionales acogidos al Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (Paime), asegura que “los países con más información y tradición en la elaboración de estos estudios, como Estados Unidos, Australia, Reino Unido o los países nórdicos, coinciden en las causas, precipitantes y perfil medio del médico suicida, y apuntan al estrés, al burnout, a los trastornos mentales asociados a la presión inherente a la profesión, a la facilidad de acceso a los fármacos, al mayor conocimiento de los efectos letales de algunos de ellos…”.

Mientras el porcentaje de muertes por suicidio de la población española se mantiene constante a lo largo de la década objeto de estudio, en el caso de los médicos presenta muchas fluctuaciones, con un pico en 2013.

Bruguera coincide con Garrote en la multifactorialidad e imprevisibilidad de la conducta suicida, pero matiza que, “en muchos casos, la ideación parte de un trastorno mental previo o de una adicción a las drogas y/o al alcohol, y ahí es donde se puede actuar”. Ése es precisamente el origen del Paime y la filosofía de fondo que subyace en el llamado Código Riesgo Suicida, un programa específico de la Clínica Galatea, de cuyos resultados está especialmente satisfecho Bruguera. “Durante los dos últimos años hemos realizado un seguimiento terapéutico a un grupo de facultativos que ingresaron en la clínica con antecedentes de intento de suicidio o de lesión autolítica, y en ese periodo de tiempo no ha habido nuevos intentos de autolesión. La experiencia demuestra que un seguimiento exhaustivo y un tratamiento farmacológico y psicoterapéutico adecuado dan buenos resultados”.

A la prevención clínica habría que sumar lo que el director asistencial de la Clínica Galatea llama “intervenciones secundarias”, que incluyen “desde la mejora de la organización del trabajo y las condiciones laborales de los profesionales hasta un cambio en la mentalidad de los propios médicos. Hay que desterrar la perniciosa idea de que somos incombustibles o imprescindibles para el funcionamiento de la organización, lo que, en muchos casos, nos lleva a ir a trabajar enfermos o en malas condiciones”.

Matices catalanes

Si el informe de la OMC es el primero referido a España, la Fundación Galatea, vinculada al Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña, se adelantó en 2010 con el Estudio sobre la mortalidad de médicos en Cataluña. Salud, género y ejercicio profesional. Con datos referidos al periodo 2000-2009, ese estudio concluía que el suicido “es una causa de muerte relativamente frecuente entre los médicos, teniendo en cuenta el conjunto de muertes, y más frecuente de lo que proporcionalmente lo es en la población general”. No obstante -y aquí viene el matiz estadístico-, las conclusiones añadían que “el hecho de que haya una proporción más alta de suicidios entre los médicos no quiere decir que haya un exceso de mortalidad por esta causa, sino que, entre el colectivo, hay menos muertes por otras causas que entre el resto de la población”. Como factor de corrección, el estudio introducía la tasa de suicidios por cada 1.000 facultativos y la comparaba con la misma tasa para el resto de la ciudadanía: 0,05 por 1.000 entre los médicos y 0,06 en el resto.

Bruguera cree que actuar sobre el trastorno mental o la conducta adictiva previa es la única forma eficaz de prevención

El estudio de la OMC cifra en 12 el número de suicidios anuales entre el colectivo médico, pero la el número se reduce a la mitad si se habla en términos de tasa bruta: 6 suicidios por cada 100.000 médicos. No obstante, más allá del suicidio, la tasa bruta anual de muertes por causas externas sigue siendo, según la OMC, más alta entre el colectivo médico que entre los demás: 39,5 de cada 1.000 médicos muertos frente a 34,8 de cada 1.000 fallecidos generales.

Causas externas al margen, Serafín Romero, presidente de la OMC, cree que el riesgo inherente a la profesión se trasluce también en la actitud general del médico sobre su salud: “Somos los que menos vamos a las revisiones de riesgos laborales, nos automedicamos y llegamos más tarde el diagnóstico”. Añade, además, que infartos y patologías circulatorias “pueden ligarse al ejercicio profesional, porque nadie es insensible al sufrimiento, al dolor o al duelo; la proximidad de la muerte conlleva una carga en la mochila”. Las muertes por enfermedades del sistema circulatorio son mayores entre los médicos que entre el resto de los hombres (28,8% frente a 27,9%) y, dentro de ellas, el infarto mata al 25% de los médicos y al 20,6% de los demás varones.

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