Un manejo adecuado del ‘minuto de oro’ reduce secuelas en la prematuridad

Cada año la reunión internacional Hot Topics in Neonatology, que se celebra en Estados Unidos, resume las principales novedades de aplicación clínica en Neonatología. La reunión homóloga en Madrid selecciona de esos avances los de mayor calado, para que cuatro expertos los presenten en profundidad y adaptados de forma crítica al entorno médico español. Organizado por la Fundación IMAS (Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria), avalado por la Sociedad Española de Neonatología (SENeo) y bajo la dirección de Manuel Sánchez Luna, jefe de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, en Madrid, este encuentro se ha convertido en un referente de la especialidad.

Entre los temas abordados,  destaca el concepto del “minuto de oro” en la protección del recién nacido inmaduro: “La mayoría de los problemas relacionados con la gran inmadurez se pueden prevenir si durante los primeros momentos perinatales mantenemos un cuidado exquisito de estos niños. Ello implica conocer muy bien la fisiología del nacimiento del bebé prematuro, para poder a ayudar a estos niños a realizar los cambios de la vida intrauterina hasta la vida postnatal”, recuerda Sánchez Luna.

Son niños que nacen con menos de 1.000 gramos, y que hace unos años no sobrevivían en un número importante; muchos de ellos nacen antes de la semana 25 con un peso de 700 gramos. En concreto, según datos del año pasado del Instituto Nacional de Estadística (INE), la prematuridad representa el 7,5% de los nacimientos, entre los que son más frecuentes los llamados “prematuros tardíos”, que nacen antes de la semana 28.

La transición neonatal al nacimiento para estos niños es un proceso lento y progresivo, que debe estar muy vigilada. De esta forma, podemos cambiar la morbilidad asociada”, apunta el neonatólogo sobre el concepto del minuto de oro con el que se busca transmitir que los primeros momentos son críticos. “Cuando el niño lleva nacido ya unas horas o unos días a veces el daño ya está hecho. Son muy vulnerables. Por eso el nacimiento de estos bebés debe ser exclusivamente en centros que cuenten con los profesionales capacitados y con los recursos para brindarles la atención que necesitan”.

Otra de las cuestiones debatidas ha sido la divergencia entre la evidencia científica y la práctica clínica. “Nos exigimos trabajar con evidencia científica, pero los grandes estudios clínicos, donde las poblaciones están sujetas a un control muy estricto por los investigadores, no siempre obtienen resultados reproducibles en toda la población. Si bien hay que ser fieles a los hallazgos, también hay que tener en cuenta que no siempre es posible. Por ejemplo, la administración de surfactante o de cafeína a veces logra resultados muy llamativos en los grandes estudios clínicos debido a que la población está seleccionada y excluye a pacientes con determinados riesgos, algo que no ocurre en la práctica diaria”.

Displasia broncopulmonar

La displasia broncopulmonar es la secuela más frecuente relacionada con la prematuridad. “Muchos niños por el hecho de haber nacido prematuros tienen insuficiencia respiratoria de mayores, algunos de forma grave. Con el aumento de la supervivencia de los neonatos inmaduros, cada vez vemos más las formas leves o moderadas y las graves son más raras, aparecen en aquellos niños cuyos nacimientos no se pudieron atender en grandes centros hospitalarios”, comenta Sánchez Luna. Recuerda que todavía “es controvertida la definición de los estados y de los estadios  de la displasia broncopulmonar, debido a que año tras año la enfermedad cambia en su expresión clínica. Lo que nos importa es identificar precozmente a aquellos niños que en la edad adulta tendrán una limitación funcional”.

Para ello, hay que analizar datos a largo plazo, en adultos que han sobrevivido más de 25 años. “El problema es que fueron tratados con el conocimiento y los recursos de entonces. Aunque nos ayudan a entender qué puede llegar a suceder a lo largo de ese tiempo, no es la fotografía que deseamos”. De ahí el interés por estudiar el registro español del Grupo Español de Investigación en Displasia Broncopulmonar (Geidis), dirigido por Manuel Sánchez Luna. “Incluimos todos los años a los niños diagnosticados con la displasia por un grupo de 72 hospitales, y los clasificamos en tres estadios de gravedad. El objetivo es seguirlos hasta la edad adulta, trabajamos con neumólogos pediátricos y de adultos. También desde el plan nacional de la estrategia de prevención de la EPOC, del que formo parte, intentaremos el seguimiento de estos pacientes. Así tendremos una base de datos para identificar aquellos factores que con más frecuencia van a incidir en el pronóstico de estos niños cuando sean mayores”.

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