“Ya estamos hablando de otra vida laboral de 25 ó 30 años…, pero jubilados”

Ejemplo vivo del necesario entendimiento que promulga entre gestores y clínicos, José Augusto García Navarro compaginará la dirección de la asociación patronal pública Consorcio de Salud y Social de Cataluña con la presidencia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), cargo que ocupará hasta 2021. Está convencido de que afrontar el reto del envejecimiento de la población va más allá de las meras palabras, e implica, entre otras cosas, una interacción real y permanente entre especialidades.

PREGUNTA. España ha superado los 83 años de esperanza media de vida y más del 19% de su población es mayor de 65 años. Con estos mimbres, Geriatría se antoja una especialidad vital en el futuro.
RESPUESTA. Sin duda, pero esto no implica sólo a Geriatría, porque cada vez vamos a tener más ancianos en todas las especialidades médicas y, con ello, la necesidad de campos más específicos, desde cardiogeriatría hasta Oncología o Traumatología geriátricas; pero también de unidades y servicios específicos en todos los hospitales de agudos, al menos para los casos más complejos, que son los que tratan los geriatras, y también potenciar más todo lo relativo a los dispositivos de rehabilitación y a la atención domiciliaria

P. Está hablando casi de una marejada organizativa en el SNS ¿Hasta qué punto es flexible el sistema para hacer esa transición de forma rápida y eficaz?
R. Sólo será factible si la decisión se toma y se mantiene en el tiempo; es decir, de nada sirve hacer un gran plan nacional y meterlo en un cajón, o hacer un gran cambio en un solo hospital y no hacerlo en el resto. Aunque el desarrollo sea heterogéneo, sólo tendremos éxito si la visión es global, se mantiene en el tiempo y tenemos claro hacia dónde queremos ir.

P. ¿Son conscientes las sociedades occidentales del enorme reto que suponen unas poblaciones cada vez más longevas?
R. Creo que nos quedamos siempre en el mero enunciado. Como formulación, decir que el envejecimiento es un gran problema queda siempre muy bien, pero cuando rascas un poco ves que hay un gran vacío en políticas específicas para las personas de entre 65 y 85 años, por ejemplo. Nos seguimos jubilando a los 65 años, pero la mayoría podremos estar activos, física y mentalmente, hasta los 85 ó 90, y ahí estamos hablando casi de otra vida laboral de 25 ó 30 años…, pero jubilados. ¿Cómo abordamos eso: planteamos una segunda vida laboral, un trabajo a tiempo parcial, iniciativas de colaboración de voluntariado…? Todos estos debates ya están sobre la mesa, pero, de momento, nadie se los toma en serio; nos quedamos en el puro titular…

“Si rascas un poco, ves que hay un gran vacío en políticas específicas para las personas de entre 65 y 85 años”

P. ¿Y ese titular suele vincular el progresivo envejecimiento de la población con un problema?
R. Sí, sí, pero ¿cómo que un problema? El envejecimiento es un éxito. Es un éxito incuestionable que ahora tengamos mayor esperanza de vida que hace 30 años y menor que dentro de diez; pero también es un reto que obliga a transformar el sistema sanitario, a modificar los hospitales de agudos para adaptarlos al anciano, a revisar la provisión de geriatras, la relación con atención primaria, el acondicionamiento de los servicios públicos y viviendas…

P. Aunque simbólico, quizás el primer paso es que desaparezca el guión de la palabra socio-sanitario, que la integración de los dos ámbitos sea real y total.
R. Ése sería un primer paso importante. Es casi imposible; repito, casi imposible, atender a ancianos con patologías complejas y necesidades sanitarias y sociales si no se hace mediante esa plena integración.Y le aseguro que eso lo tienen mucho más claro los profesionales de base que las consejerías de turno, empeñadas en sus luchas por seguir separadas y mantener cuotas de poder. Es muy frecuente encontrarte con una persona de 90 años que tiene un trastorno de conducta, 3 ó 4 enfermedades crónicas, un problema social añadido, escasos recursos…, y la única manera de evitar que esa persona se vuelva loca dando vueltas por el sistema es hacer una integración socio-sanitaria, al menos de la provisión. Desde la SEGG queremos potenciar, y mucho, el contacto con otras sociedades científicas, porque el envejecimiento está afectando a las consultas externas de todas las especialidades, desde Cardiología y Medicina Interna hasta Medicina de Familia. La lucha clásica entre especialidades por parcelas de conocimiento no tiene sentido, y urge buscar puntos de colaboración.

P. En este contexto, ¿cómo se entiende que haya comunidades autónomas que aún no incluyan la Geriatría en su cartera básica de servicios?
R. Concretamente hay dos casos flagrantes: Andalucía y el País Vasco, que siguen sin incluirla. Ahora, también le digo que las unidades de planificación y gerencia de ambas autonomías son potentísimas y un referente nacional e internacional. De hecho, creo que acabarán incluyendo la Geriatría en sus carteras y, cuando empiecen, no descarte que en 2 ó 3 años se pongan a la vanguardia.

“La ausencia de una atención integral al anciano genera un ‘rebote’ del paciente de un especialista a otro”

P. ¿Qué consecuencias asistenciales tienen estas carencias autonómicas o la ausencia de una integración real de los ámbitos social y sanitario?
R. La primera, sin duda, es la ausencia de una atención integral, y el consiguiente rebote del paciente de un especialista a otro; pero también se nota en la dificultad de coordinación con primaria, y el subsiguiente colapso de urgencias o la mala provisión de servicios a domicilio. Y además se falla en la rehabilitación geriátrica de patologías importantes, como el ictus, la fractura de cadera o la inmovilización fruto de una hospitalización prolongada.

P. Como geriatra y diplomado en gestión clínica, ¿de verdad resulta tan difícil coordinar las necesidades asistenciales con la eficacia en el manejo de los recursos?
R. Mire, la Geriatría es de las especialidades con mayor orientación a la gestión. Desde el inicio de su formación, el geriatra ya empieza a hablar de la eficacia de las unidades de agudos, de la importancia de dedicar al anciano el gasto necesario, de las dificultades de coordinación con primaria… La importante brecha que sigue existiendo entre clínicos y gestores sólo se supera con diálogo e información mutua: los gerentes deberían leer el New England todos los jueves, y los clínicos el Medical Care, porque sólo así empezaremos a hablar un lenguaje común. Y otra cosa más: los clínicos son perfectos gestores, y la prueba más evidente es que nuestra élite clínica que se dedica a la investigación hace, por ejemplo, una gestión rigurosa y modélica de programas muy estrictos de seguimiento de financiación competitiva, sean del Carlos III o sean de la Unión Europea.

P. Con el panorama que está describiendo, y el que se avecina, ¿70 plazas MIR anuales son suficientes para dotar al sistema de los geriatras que necesita?
R. Poquísimas. Con 70 plazas en 32 unidades docentes acreditadas y unos 900 geriatras, entre pública y privada, es imposible dar una atención de calidad; se necesita al menos el triple de especialistas en España.

“Los gerentes deberían leer el ‘New England’ todos los jueves, y los clínicos hacer lo propio con el ‘Medical Care”

P. Máxime cuando el 20 ó 25% de esas plazas están ocupadas por extracomunitarios. ¿Por qué son los MIR nacionales tan reacios a elegir Geriatría?
R. Vaya al país que vaya del mundo occidental, me temo que las plazas generalistas, y aquí incluyo a Geriatría, Interna o Familia, son peor vistas que las quirúrgicas o las de los especialistas más hospitalarios. Es verdad, además, que un porcentaje importante de nuestros MIR vuelven a su país de origen cuando terminan la residencia, así que más que de 70 plazas, que ya son muy insuficientes, en realidad deberíamos hablar de unas 50 plazas reales.

P. ¿Quizás influya la falsa percepción de que Geriatría es una especialidad triste, en la que el paciente se acaba muriendo?
R. Es probable que influya ese lastre psicológico, pero también el hecho de que la Geriatría se promociona y se explica muy poco en el grado de Medicina. Es verdad que esta especialidad trata a la persona en las últimas fases de su vida, pero también la recupera durante la etapa de envejecimiento, cuando aún le quedan muchos años de vida activa. Además, es una especialidad tremendamente atractiva y motivadora desde el punto de vista intelectual: cuando uno maneja 4, 5 ó 6 enfermedades crónicas, con procesos recurrentes, con muchos fármacos y complejos procesos de rehabilitación y/o de reinserción social, hay que poner a trabajar al cerebro.

P. Intelectualmente atractiva… e integradora, porque si algo tiene la SEGG es su multiprofesionalidad: además de geriatras, la sociedad científica incluye a sociólogos, geógrafos, arquitectos…
R. Pero es lógico; nuestra sociedad se preocupa del envejecimiento en general, y no sólo del anciano enfermo, y las necesidades de este colectivo, como las de todos, son múltiples. A los problemas estrictos de salud, se suman otros como la pobreza, el aislamiento social o los problemas con los hijos, y ahí ya necesitas a un trabajador social; si necesitas hacer rehabilitación, ya hablas de fisioterapéutas y de terapia ocupacional, y si ya amplías el foco, también podemos hablar de pensiones, porque sabemos de forma contrastada que la pobreza mata, y obviamente nos interesa entrar en el debate de las pensiones… y así ad infinitum. Queremos incluir a todo aquel profesional que pueda aportar. ¿Quién mejor que un geógrafo, por ejemplo, para representarnos en el debate sobre el crecimiento demográfico? Con esta filosofía de fondo, queremos renovar casi al 100% todos los cargos donde la SEGG tiene representación e intereses.

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